Hazaña de Judit

Hazaña de Judit

Un poderoso ejército asirio mandado por el general Holofernes se dirigía a Jerusalén y que, antes de llegar a la capital del reino de Judá, puso asedio a la ciudad de Betulia. Los israelitas, atemorizados, invocaron la protección de Dios. La larga duración del asedio lleva a los habitantes de Betulia a una situación desesperada al borde de la rendición. Ante esta situación tan dramática, una piadosa viuda, joven aún y de buena apariencia y muy hermosa, después de rezar confiadamente a Dios, pidiendo la ayuda del cielo para llevar a cabo un plan audaz y peligroso que ha pensado para salvar a su pueblo, salió con su doncella de la ciudad sitiada y se dirigió al campamento enemigo; allí logró tener acceso hasta Holofernes. Éste se asombró de la belleza de Judit, y organizó un banquete, y le dijo al eunuco que estaba al mando de todos sus asuntos: Anda y convence a la mujer hebrea que está contigo para que venga aquí y coma y beba con nosotros. Sería una vergüenza para nuestra reputación si despedimos a una mujer como ella sin haber disfrutado de su compañía; porque si no la seducimos se burlará de nosotros (Jdt 12, 11-12). El eunuco, llamado Bagoa, comunicó a Judit la invitación que le había hecho Holofernes, y Judit le dijo: ¿Quién soy yo para oponerme a mi señor? Haré enseguida todo lo que sea de su agrado; y esto será mi alegría hasta el día de mi muerte (Jdt 12, 14).

Judit acudió al banquete ataviada con sus mejores galas y se puso todos los adornos femeninos. Cuando Judit entró en el lugar que se celebraba el banquete, Holofernes quedó fascinado por ella, su alma se turbó y se llenó de deseos de estar con ella, porque desde el día en que la vio buscaba la ocasión de seducirla (Jdt 12, 16). Judit comió y bebió lo que su doncella le había preparado, sin beber del vino del banquete. Holofernes se alegró por su presencia y bebió muchísimo vino, tanto como no había bebido nunca en un solo día desde que nació (Jdt 12, 20). Bebió tanto hasta perder el sentido. Por el contrario, la heroína hebrea fue austera en medio de aquel ambiente relajado y sensual.

Después de la orgía, cuando se hizo de noche, los comensales se retiraron a sus tiendas, y Holofernes se fue a la suya. Todos se fueron a la cama cansados por la gran cantidad de vino que habían bebido. En la tienda sólo se quedó Judit con Holofernes, que estaba tendido sobre su cama saturado de vino. Entonces Judit mandó a su doncella que permaneciera fuera de su dormitorio y vigilara su salida como todos los días, porque le había dicho que iba a salir para hacer su oración. También se lo había mencionado a Bagoa. Todos se habían marchado de allí y nadie, pequeño o grande, se había quedado en el dormitorio. Judit, de pie a lado de la cama de Holofernes, dijo en su corazón: “Señor, Dios de todo poder, mira en esta hora la obra de mis manos para glorificación de Jerusalén; porque ahora es el momento de preservar tu heredad y de dar cumplimiento a mi propósito de destruir a los enemigos que se han levantado contra nosotros”. Luego se acercó a la columna de la cama que estaba junto a la cabeza de Holofernes, descolgó de allí su alfanje, se arrimó a la cama, y, agarrándole por el cabello, dijo: “Dame fuerza, Señor, Dios de Israel, en el día de hoy”. Entonces con toda su fuerza le asestó dos golpes en el cuello y le cortó la cabeza. A continuación hizo rodar su cuerpo fuera del lecho y arrancó la cortina de las columnas. Poco después salió y entregó la cabeza de Holofernes a su doncella, que la escondió en la alforja de los alimentos. Las dos salieron juntas, como de costumbre, para hacer oración. Atravesaron el campamento, rodearon aquel valle, subieron la ladera del monte de Betulia y llegaron a las puertas de la ciudad (Jdt 13, 1-10). Ya dentro de la ciudad, Judit mostró la cabeza de Holofernes. Todo el pueblo se llenó de asombro y alabaron a Dios diciendo: ¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado en el día de hoy a los enemigos de tu pueblo! (Jdt 13, 12). Los asirios, viéndose privados de su jefe, fueron presa del pánico y del miedo, y se dieron a la fuga.

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