¿Participar o ganar? Una frase famosa

Una frase famosa

En la luminosa mañana del 6 de abril de 1896, el resplandeciente estadio olímpico de Atenas aparece abarrotado por alrededor de 60.000 enfervorizados espectadores. En la tribuna de honor, el rey Jorge I de Grecia, su esposa la reina Olga y los príncipes Constantino y Jorge. También está el barón de Coubertin acompañado del padre Didón y demás miembros del Comité Olímpico Internacional. En medio de un silencio casi religioso, el rey Jorge dice emocionado: Yo proclamo la apertura de los primeros Juegos Olímpicos internacionales de la Era Moderna en esta ciudad de Atenas. El sueño de un aristócrata francés se había hecho realidad.

A mediados del siglo XIX surgió la idea de restaurar los antiguos Juegos Olímpicos. Hubo varios intentos fallidos hasta que, por fin, lo consiguió Pierre de Fredy, barón de Coubertin.

Este hombre, pedagogo y aristócrata, dedicó toda su fortuna a la restauración de los Juegos. Su principal idea, pedagógica, era poder reunir a toda la juventud del mundo. Impresionado desde su niñez por la guerra franco‑prusiana de 1870, se propuso cambiar la mentalidad de la juventud de se época e intentó dirigirla hacia la práctica deportiva, ideal que le ocupó toda su vida. Para ampliar su formación de pedagogo, viajó por Inglaterra, Estados Unidos, países escandinavos, Europa Central y… Grecia. Y fue precisamente en Grecia, cuando visitaba las ruinas de Olimpia, cuando surgió la feliz idea: restaurar los Juegos.

En 1892, en el anfiteatro de La Sorbona, en París, explica su proyecto y lanza al mundo su idea de los nuevos Juegos. El proyecto es acogido con tal escepticismo que en sus Memorias dejó escrito: Me aplaudieron, me aprobaron, me desearon mucha suerte, pero nadie me había comprendido. Era la incomprensión más absoluta. Pero el pedagogo francés no se desanima y visita a reyes, príncipes…, a todas las personalidades de la época. Poco a poco, su idea va abriéndose camino, siendo aceptada en algunos círculos, aunque con reservas.

Organiza el primer Congreso Internacional del Deporte, que se celebra el 16 de junio de 1894 en la capital de Francia, y poco después crea el Comité Olímpico Internacional, del que es primer presidente el griego Demetrius Bikelas. En su primera reunión el Comité acuerda, como justo homenaje histórico, que sea Atenas la ciudad sede de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna.

Al ambicioso proyecto se le enfrentan numerosos problemas, no siendo el menor de ellos el económico, ya que el gobierno griego no está dispuesto a endeudarse para correr una aventura deportiva de muy dudoso éxito. La idea siguió adelante gracias a la aportación económica de Georges Averoff, un multimillonario griego que prácticamente financió los Juegos pues con su dinero se pudo construir un magnífico estadio todo él de mármol blanco, el mismo que fuera levantado siglos antes por Licurgo de Atenas.

Antes de la inauguración de las Primeras Olimpíadas Modernas, el Comité Olímpico Internacional va sentando las bases de lo que serán los Juegos Olímpicos. Se acuerda su celebración cada cuatro años y que los participantes sean aficionados, es decir, que actuasen sin ánimo de lucro. Se adopta el lema citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte), ideado por el padre Didón.

El 6 de abril de 1896 fue el gran día para el barón de Coubertin. El tenaz aristócrata se había salido con la suya. Y fue él personalmente quien ideó algunos de los símbolos que se emplean actualmente en las ceremonias: la ignición de la antorcha olímpica, la suelta de palomas en mensaje de paz a todas las naciones, el izar las banderas nacionales de los triunfadores, la bandera olímpica, el podio de los vencedores… A él se le atribuye erróneamente la famosa frase Lo importante no es vencer, sino participar, que encarna magistralmente el espíritu olímpico. Sin embargo, la paternidad de la frase es del arzobispo de Pennsylvania, que la pronunció en el servicio religioso que precedió a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, celebrados en 1908. Estas fueron sus palabras: Lo importante no es vencer, sino participar. Como en la vida, lo esencial no es el triunfo, sino la forma en que se lucha. Lo esencial no es haber vencido, sino haber vencido bien. Lo que sucede es que Pierre de Coubertin la pronunció en numerosas ocasiones, y de ahí que se le atribuya su paternidad.

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