Esaú vende la primogenitura a su hermano Jacob

Esaú vende la primogenitura a su hermano Jacob

Rebeca era estéril, por lo que Isaac imploró a Dios a favor de su esposa. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió (Gn 25, 21). Y cuando se le cumplieron los días de dar a luz, resultó que tenía mellizos. Estos fueron Esaú y Jacob. El primero que salió era de tez rojiza, todo peludo como una zamarra de piel, y le pusieron de nombre Esaú. Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y le pusieron de nombre Jacob. Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas. Isaac prefería a Esaú porque le traía caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob (Gn 25, 25-28).

Según costumbre entre los patriarcas, el hijo mayor era el que tenía derecho a la bendición paterna que le constituía cabeza de familia y heredero de todas las posesiones de su padre. Por tanto, era Esaú el que tenía derecho a la primogenitura, pero éste vendió sus derechos de primogénito a su hermano Jacob.

Cierto día, Esaú volvió agotado del campo y encontró a su hermano Jacob, que se había preparado un guiso de lentejas. Al verle, le dijo: “Dame ese guiso, que estoy desfallecido”. Jacob respondió: “Te lo daré, pero a condición de que me vendas tu primogenitura”. Y dijo Esaú: “Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?” Repuso Jacob: “Júramelo ahora mismo”. Y él se lo juró y vendió su primogenitura. Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura (Gn 25, 30-34).

Poco después de que Esaú le cediera los derechos de la primogenitura por el plato de lentejas, Jacob se lo dijo a su madre, la cual, secundando los deseos de su hijo preferido, urdió una trama para que Isaac diera su bendición a Jacob en vez de a Esaú. Cuando éste pidió la bendición a su padre, Isaac le dijo: Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que te pertenecía a ti (Gn 27, 35).

Por la pérdida de su primogenitura, Esaú cobró tal resentimiento y odio contra su hermano, que llegó a proferir amenazas de muerte contra él. Enterada Rebeca de tales amenazas, le dijo a Jacob: Tu hermano se quiere vengar de ti matándote. Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán; quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano, hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que le has hecho. Entonces mandaré a buscarte a ti. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día? (Gn 27, 42-45). Jacob siguió el consejo de su madre y se fue a vivir a Jarán de Mesopotamia, a casa de su tío Labán.

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