El milagro de Bolsena

En 1263, un sacerdote alemán, muy piadoso, pero combatido algún tiempo de dudas sobre la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía, fuese en peregrinación a Roma. Pasando por Bolsona, dio Misa en la iglesia de Santa Cristina, y he aquí que, al momento de alzar la Hostia sobre el cáliz, en vez de la especie de pan que tenía en las manos, vio y sintió carne real, cubierta de sangre, en tanta cantidad que rociaba los corporales. Fácil es pensar cuál fuese su sorpresa. Mas he aquí un doble e incomparable milagro: cada gota llevaba la imagen de un rostro humano.

El sacerdote no tuvo fuerza ni ánimo para terminar el sacrificio; abrió el sagrario, y en él colocó el cáliz y el corporal, retirándose tembloroso. Fue a echarse a los pies del papa Urbano IV, que se hallaba entonces en Orvieto, y le pidió perdón de su duda, aunque involuntaria, contra la fe.

La iglesia de Santa cristina, donde sucedió el hecho, conserva aún señales del milagro, pues cuando el sacerdote se retiró del altar, cayeron algunas gotas de sangre sobre el pavimento, cuyas manchas quedaron de tal manera impresas, que son tan visibles en nuestros días como en 1263, y objeto de admiración para peregrinos y viajeros.

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2 Respuestas a “El milagro de Bolsena

  1. Don Petr Havlik

    Ese sacerdote no fue alemán, sino checo – canónogo de Praga.

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