Moisés es salvado de las aguas

Moisés es salvado de las aguas

Los hijos de Israel fueron muy prolíficos y crecieron, se multiplicaron y se hicieron muy fuertes, hasta ir llenado el país entero (Ex 1, 7). Este aumento alarmó a los egipcios de tal manera que un faraón que no había conocido a José comenzó a dictar disposiciones contra los hebreos. Al principio sólo procuró debilitarlos imponiéndoles los más duros trabajos; pero como este medio no le daba el resultado apetecido hizo llamar a las comadronas hebreas y les dio estas órdenes: “Cuando asistáis a las hebreas y llegue el momento del parto, si es niño, hacedlo morir; si es niña, dejadla con vida” (Ex 1, 16). Pero las comadronas temían a Dios y no hicieron lo que el faraón les había ordenado. Entonces el rey de Egipto dio a todo su pueblo esta orden: “A todo niño que les nazca a los hebreos lo arrojaréis al Nilo; en cambio, a las niñas las dejaréis con vida” (Ex 1, 22).

Por aquel tiempo un hombre llamado Amram, de la tribu de Leví, tomó por esposa a Jocabel, también de la misma tribu. Ella concibió y dio a luz un niño y, viendo que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses. Al no poderlo ocultar por más tiempo, tomó una cesta de papiro, la calafateó con betún y pez, colocó en ella al niño y la puso entre los juncos, a la orilla del Nilo. La hermana del niño se situó a lo lejos, para ver que ocurría. La hija del faraón bajó a bañarse mientras sus doncellas paseaban por la orilla del río. Cuando descubrió la cesta en medio de los juncos, envió a su sierva para que lo recogiera. Al abrirla vio al niño que lloraba, se compadeció de él y dijo: “Es un niño de los hebreos”. Entonces la hermana del niño dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que vaya a buscarte una nodriza que te amamante al niño?” “Ve”, le contestó la hija del faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño. Y la hija del faraón le dijo: “Llévate este niño y amamántamelo, que yo te daré tu salario”. Tomó la mujer al niño y lo amamantó. Cuando el niño creció, su madre lo llevó a la hija del faraón, que lo trató como a un hijo y le impuso el nombre de Moisés, diciendo: “De las aguas lo he sacado” (Ex 2, 2-10). Moisés fue educado en la corte del faraón, aunque no se olvidó de que era hebreo ni de sus hermanos de raza.

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