Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. clases de Religión. Lección segunda. Caída y castigo del hombre

Lección segunda

Caída y castigo del hombre

¿Qué es preciso tener en cuenta para leer el relato de la caída de nuestros primeros padres? El relato de la caída utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre. La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 390).

¿Dónde colocó Dios al hombre? Antes de contestar a esta pregunta hay que decir que el autor sagrado, en el relato del pecado de Adán, utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre.

El primer hombre fue no solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con Dios, según se deduce del relato bíblico. Signo de la familiaridad del hombre con Dios es el hecho de que Dios colocó a Adán y a Eva en un jardín delicioso, llamado comúnmente Paraíso terrenal o Edén, con todos los encantos de la naturaleza. El hombre fue puesto allí para cultivar la tierra y guardarla (Gn 2, 15): el trabajo no le era penoso, sino que era la colaboración del hombre y de la mujer con Dios en el perfeccionamiento de la creación visible.

¿Impuso Dios algún mandamiento a nuestros primeros padres? Sí. Dios dio a Adán y a Eva el goce de ese delicioso lugar; mas, con la finalidad de probar su fidelidad, les dijo: Podéis comer de los frutos de todos los árboles del Paraíso, pero en cuanto a los del árbol del conocimiento del bien y del mal, que está en el centro del Paraíso, no lo toquéis, porque de lo contrario moriréis (Gn 2, 16-17).

¿Obedeció Adán a este mandato? No. El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre. En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 397).

¿Cómo fue el pecado de Adán? Está contado en el Génesis. Envidioso el demonio de la felicidad de nuestros primeros padres, decidió hacérsela perder. Oculto bajo la forma de serpiente, se acercó a la Eva. He aquí el relato: Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios, dijo a la mujer: “¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de todos los árboles del paraíso?” Y respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir”. Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comerse, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió (Gn 3, 1-6). Apenas hubieron comido del fruto prohibido, Adán y Eva se dieron cuenta de la gravedad de su desobediencia a Dios.

¿Qué enseñanza hay en este relato? En el relato que hace la Sagrada Escritura de la caída de nuestros primeros padres vemos que la tentación es diabólica. El demonio tienta a Eva. También nosotros somos tentados por el diablo, pues, por envidia, nos quiere apartar del camino del cielo. Detrás de cada tentación hemos de ver al demonio. Dios permite que seamos tentados. También fue tentado Jesucristo. La tentación no es pecado si se rechaza. ¿Por qué permite Dios que seamos tentados? Para que ganemos méritos para el cielo. Toda tentación, con la ayuda de Dios, puede y debe ser vencida. Al vencer, conseguimos méritos para la vida eterna.

Observamos que hay un diálogo con la tentación. La mejor manera de vencer la tentación es rechazarla enseguida. La mujer entabla una conversación con el demonio. No dialoguemos nunca con la tentación. Cuando se dialoga, ya se ha dado el primer paso para cometer el pecado.

El diablo es el padre de la mentira, embustero desde el principio. En toda tentación el diablo miente, porque presenta el pecado como algo bueno. Y Adán y Eva prefirieron un bien aparente, antes que a Dios mismo que es la Suma Bondad.

¿Cuál fue el castigo del hombre por su pecado?

Si Adán y Eva hubiesen obedecido el mandato de Dios, habrían sido completamente felices durante su vida en la tierra, y, sin pasar por las angustias de la muerte, hubieran ido después a gozar eternamente en el Cielo, con una felicidad inimaginable. Este plan divino fue roto por el pecado del hombre.

Después de cometer el pecado, el autor sagrado dice: Entonces se les abrieron los ojos y conocieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Y cuando oyeron la voz del Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, el hombre y la mujer se ocultaron de la presencia de Dios entre los árboles del jardín (Gn 3, 8).

El hombre se oculta, pero Dios llama al hombre, y le dijo: “¿Dónde estás?” Éste contestó: “Oí tu voz en el jardín y tuve miedo porque estaba desnudo; por eso me oculté”. Dios le preguntó: “¿Quién te ha indicado que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?” El hombre contestó: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí” Entonces Dios dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” La mujer respondió: “La serpiente me engañó y comí” (Gn 3, 9-13). Luego Dios se dirigió a la serpiente, maldiciéndola. Cuando acabó de maldecir al demonio, de nuevo Dios habló con la mujer diciéndole que multiplicaría sus padecimientos y que estaría sujeta al hombre. Y dirigiéndose al hombre le dijo: “Por haber escuchado la voz de tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí comer: Maldita sea la tierra por tu causa. Con fatiga comerás de ella todos los días de tu vida. Te producirás espinas y zarzas, y comerás las plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado, porque polvo eres y al polvo volverás” (Gn 3, 17-19). Después echó Dios del Paraíso terrenal al hombre y a la mujer.

¿Cuáles son las consecuencias de la desobediencia de Adán? El hombre y la mujer han conocido el mal y lo proyectan, antes que nada, a lo que les es más propio e inmediato: sus propios cuerpos. Se ha roto la armonía interior descrita con estas palabras: Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no sentían vergüenza (Gn 2, 25), y surge la concupiscencia. Se rompe al mismo tiempo la amistad con Dios, y el hombre rehúye su presencia para no ser visto en su desnuda realidad. Se rompe también la armonía entre el hombre y la mujer: él echa la culpa a ella, y ella a la serpiente. Pero los tres han tenido su parte de responsabilidad, por lo que los tres recibirán un castigo.

El Magisterio de la Iglesia enseña: La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original. Tienen miedo del Dios de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 399). La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida: el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra; la unión entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones; sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el dominio. La armonía con la creación se rompe; la creación visible se hace para el hombre extraña y hostil. A causa del hombre, la creación es sometida “a la servidumbre de la corrupción”. Por fin, la consecuencia explícitamente anunciada para el caso de desobediencia, se realizará: el hombre “volverá al polvo del que fue formado”. La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 400).

¿Qué es la concupiscencia? Es toda inclinación desordenada del apetito sensitivo que busca un bien sensible y deleitable. Es un efecto del pecado original que estimula a pecar. De suyo no es pecado, pero sí origen de pecados.

¿Salieron nuestros primeros padres del Paraíso sin ninguna esperanza? En la Plegaria Eucarística IV de la Santa Misa, de forma resumida, viene la Historia de la salvación. En ella leemos: A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado. Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. (…) Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo.

En el mismo Paraíso Dios anunció la salvación del hombre. En las palabras dirigidas a la serpiente Dios le dice: Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; y éste te aplastarás la cabeza (Gn 3, 15). De un modo misterioso Dios anuncia al hombre la victoria sobre el mal y levantamiento de su caída. Este versículo ha sido llamado “Protoevangelio”, por ser el primer anuncio del Mesías redentor, anuncio de un combate entre la serpiente y la Mujer, y de la victoria final de un descendiente de ésta.

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