Martín Lutero (I)

Martín Lutero

Una vida tormentosa

(I)

Nuestro evangelio ha producido, gracias a Dios, muchas y grandes cosas. Porque antes nadie sabía lo que es el Evangelio, lo que es Cristo, lo que es el bautismo, la confesión, el sacramento, la fe, el espíritu, la carne, las buenas obras, los diez mandamientos, el padrenuestro; lo que es la oración, el sufrimiento, la consolación; lo que es la autoridad civil, el matrimonio; lo que son los padres, los hijos, los señores, los siervos; lo que es la mujer, la doncella, el demonio, los ángeles, el mundo, la vida, la muerte, el pecado, el derecho, el perdón de los pecados; lo que es Dios; lo que es el obispo, el párroco, la Iglesia; lo que es un cristiano, lo que es la cruz. En suma, nada sabíamos de lo que un cristiano debe saber. Todo estaba oscurecido y oprimido por los asnos del papa.

El “iluminado” que pronunció estas palabras, anunciador del verdadero evangelio según se consideraba a sí mismo, el “evangelista de Wittenberg” no es otro que Martín Lutero, el Reformador de la Iglesia.

Nacimiento e infancia

Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en el Condado sajón de Mansfeld, en la pequeña ciudad de Eisleben, aunque sus padres y abuelos eran originarios de Turingia, por que algún biógrafo suyo ha dicho de él que era “un turingio de fina sensibilidad, un sajón de dureza corteza y de tenacidad orgullosa, un alemán de cuerpo entero”.

Su padre era Hans Luder (Luter), labriego de Möhra, que a poco de contraer matrimonio con Margarita Ziegler emigró a la ciudad de Eisleben, para dedicarse a la explotación de las minas de cobre. El futuro Reformador fue bautizado al día siguiente de su nacimiento en la parroquia de San Pedro (apud Sanctum Petrum), y se le impuso el nombre del santo del día (San Martín de Tours).

Su estancia en Eisleben fue corta, de unos meses, aunque a lo largo de su vida visitará su ciudad natal, y será allí donde al cabo de sesenta y dos años morirá. En el verano de 1484 sus padres deciden trasladarse a la ciudad de Mansfeld, capital del Condado, centro industrial minero de mayor importancia que Eisleben.

La educación que recibió Martín Lutero en la casa paterna estaba llena de la sólida y recia religiosidad propia de la burguesía alemana de fines de la Edad Media. Sus años infantiles transcurrieron en un ambiente severo, de austeridad y dureza, a la vez que muy dado a todo tipo de superstición, de miedos a diabólicos aquelarres, duendes y brujas, que marcó el carácter de Lutero, propenso a la timidez. Es posible que de su padre, minero bronco y sin cultura, aprendiera la costumbres de las palabrotas vulgares y del vocabulario soez y aún obsceno, que empleó en muchos de sus escritos.

Cuando tuvo la edad para aprender las primeras letras -sería entre los seis y siete años- fue enviado por sus padres a la escuela elemental de la ciudad, cerca de la parroquia de San Jorge, donde aprendió a leer, a escribir, a contar, más un poco de latín y algo de catecismo. Escuela de la que no guardó un buen recuerdo. Ahora ya no existe -diría años más tarde- aquel infierno y purgatorio de nuestras escuelas, en las que fuimos martirizados con los modos de declinar y de conjugar, y donde con tantos vapuleos, temblores, angustias y aflicciones no aprendimos absolutamente nada. También en la escuela de Mansfeld fue donde se inició en el canto coral y en la música litúrgica, que tanto amará toda su vida.

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