Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección octava. Esaú y Jacob

Lección octava

Esaú y Jacob

¿Cuáles son los descendientes de Isaac? Rebeca era estéril, por lo que Isaac imploró a Dios a favor de su esposa. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió (Gn 25, 21). Y cuando se le cumplieron los días de dar a luz, resultó que tenía mellizos. Estos fueron Esaú y Jacob. El primero que salió era de tez rojiza, todo peludo como una zamarra de piel, y le pusieron de nombre Esaú. Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y le pusieron de nombre Jacob (Gn 25, 25-26).

Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas. Isaac prefería a Esaú porque le traía caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob (Gn 25, 27-28).

¿Cuál era la costumbre de los patriarcas respecto a la primogenitura? Según costumbre entre los patriarcas, el hijo mayor era el que tenía derecho a la bendición paterna que le constituía cabeza de familia y heredero de todas las posesiones de su padre. Por tanto, era Esaú el que tenía derecho a la primogenitura.

¿Recibió Esaú la primogenitura? No, porque vendió los derechos de primogénito a su hermano Jacob.

¿Cómo fue? Cierto día, Esaú volvió agotado del campo y encontró a su hermano Jacob, que se había preparado un guiso de lentejas. Al verle, le dijo: “Dame ese guiso, que estoy desfallecido”. Jacob respondió: “Te lo daré, pero a condición de que me vendas tu primogenitura”. Y dijo Esaú: “Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?” Repuso Jacob: “Júramelo ahora mismo”. Y él se lo juró y vendió su primogenitura. Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura (Gn 25, 30-34).

¿Qué enseñanza encierra esta venta de la primogenitura? Esaú es figura del pecador que, por bienes materiales y placeres terrenos, pierde los derechos de la herencia celestial. Al oír esto -comenta san Juan Crisóstomo- aprendamos a no descuidar nunca los dones que Dios nos ha dado, ni perder las cosas grandes a causa de las pequeñas y sin valor. Pues dime, ¿por qué, una vez decididos por el reino de los cielos y aquellos bienes inefables, de tal manera nos entontecemos en el deseo de las riquezas que preferimos lo momentáneo y lo que no permanece hasta la tarde, a lo eterno que ha de durar para siempre? (Homiliae in Genesim 50, 2).

¿Cómo consiguió Jacob que su padre le bendijera, dándole la primogenitura? Poco después de que Esaú le cediera los derechos de la primogenitura por el plato de lentejas, Jacob se lo dijo a su madre, la cual, secundando los deseos de su hijo preferido, urdió una trama para que Isaac diera su bendición a Jacob en vez de a Esaú. Cuando éste pidió la bendición a su padre, Isaac le dijo: Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que te pertenecía a ti (Gn 27, 35).

¿Cómo reaccionó Esaú? Por la pérdida de su primogenitura, Esaú cobró tal resentimiento y odio contra su hermano, que llegó a proferir amenazas de muerte contra él. Enterada Rebeca de tales amenazas, le dijo a Jacob: Tu hermano se quiere vengar de ti matándote. Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán; quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano, hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que le has hecho. Entonces mandaré a buscarte a ti. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día? (Gn 27, 42-45). Jacob siguió el consejo de su madre y se fue a vivir a Jarán de Mesopotamia, a casa de su tío Labán.

¿Recibió también Jacob alguna promesa de Dios? Sí. Cuando Jacob se dirigía a Jarán, al llegar a un cierto lugar, se dispuso pasar allí la noche. Tomó una piedra colocándosela como cabecera, y se acostó. Entonces vio en sueños una escalera misteriosa que desde la tierra llegaba hasta el cielo, y que muchos ángeles subían y bajaban por ella, mientras en su parte más alta estaba Dios. Éste le dijo: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Yo estaré contigo y te guardaré donde quieras que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho”. Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: “El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía”. Y lleno de temor añadió: “¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo” (Gn 28, 13-17). Y tomando la piedra en que había apoyado su cabeza, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella, como señal de su visión. Jacob dio a aquel sitio el nombre de Betel, que significa “Casa de Dios” (aunque al principio el nombre de la ciudad era Luz), e hizo un voto diciendo: Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que hago, si me proporciona pan para comer y ropa para vestirme, y vuelvo bien a casa de mi padre, el Señor será mi Dios. Esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo (Gn 28, 20-22).

¿Fue larga la estancia de Jacob en Mesopotamia? Sí. Cuando llegó Jacob a Mesopotamia, se puso al servicio de su tío Labán, cuidando los ganados de éste. En paga por su trabajo, pidió a su tío que le diera por esposa a Raquel, la hija menor de Labán. En un principio, tío y sobrino acordaron que al cabo de siete años, Raquel sería la esposa de Jacob. Transcurrido este tiempo, dijo Jacob a Labán: “Dame a mi mujer, puesto que se ha cumplido el plazo y quiero vivir con ella”. Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete. Por la noche tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, quien se unió a ella (Gn 29, 22-23). Al llegar la mañana, vio Jacob que su tío no le había entregado a Raquel, sino a Lía. Y le dijo a Labán: “¿Qué es lo que me has hecho? ¿No te he servido en tu casa a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado?” Respondió Labán: “No es costumbre entre nosotros dar la menor antes que la mayor. Termina esta semana y te daremos también a la otra a cambio del servicio que prestes en mi casa durante otros siete años más”. Así lo hizo Jacob, y terminó aquella semana. Entonces Labán le entregó a su hija Raquel por esposa (Gn 29, 25 -28). Jacob vivió también con Raquel, y amaba a ésta más que a Lía. Sirvió en casa de Labán todavía otros siete años.

Después de haber pasado Jacob veinticinco años en casa de su tío Labán, volvió a la tierra de Canaán con una numerosa familia y una considerable riqueza.

¿Por qué a Jacob también se le conoce con el nombre de Israel? Una noche se quedó Jacob solo. Un hombre estuvo luchando con él hasta rayar el alba; y al ver aquel hombre que no le podía, le alcanzó en la articulación del muslo; y se le dislocó a Jacob la articulación del muslo en su lucha con él. Y le dijo el hombre: “Suéltame, pues va a rayar el alba”. Le contestó: “No te soltaré hasta que no me bendigas”. Entonces le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Respondió: “Jacob”. Le dijo: “Ya no te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido”. Jacob le preguntó: “Por favor, dime tu nombre”. Le contestó: “¿Por qué preguntas mi nombre?” Y le bendijo allí mismo. Jacob puso a aquel lugar el nombre de Penuel, porque se dijo: “He visto a Dios cara a cara y conservo la vida”. Salía el sol cuando atravesó Penuel, e iba cojeando del muslo. Por eso los hijos de Israel no comen hasta hoy el tendón que está en la articulación del muslo, porque en el tendón fue alcanzada la articulación del muslo de Jacob (Gn 32, 25-32).

¿Qué simbolismo tiene esta misteriosa lucha? La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.573). Y una padre de la Iglesia explica: ¿Qué es luchar con Dios sino emprender el combate de la virtud, y aspirar a lo más alto, haciéndose, por encima de todo, imitador de Dios? Y puesto que no podían ser vencidas su fe y su devoción, el Señor le reveló los misterios secretos (San Ambrosio, De Jacob et vita beata 2, 7, 30).

¿Hubo reconciliación entre Esaú y Jacob? Sí. Jacob preparó el encuentro con su hermano enviando mensajeros a Esaú para que le dijeran: “Tú siervo Jacob viene detrás de nosotros” (Gn 32, 21); y para aplacarle le envió un regalo. Con mucha afabilidad consiguió Jacob aplacar el enojo de su hermano, el cual, deseando vengarse había salido a su encuentro con cuatrocientos hombres. Cuando se encontraron, Jacob se postró en tierra siete veces hasta llegar a su hermano. Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, le besó y rompieron a llorar (Gn 33, 3-4). Esaú no quiso recibir el regalo de su hermano, pero Jacob insistió tanto que al fin lo aceptó. Aquel mismo día, Esaú volvió a su casa, y Jacob acampó cerca de Siquem

¿Cuáles fueron los hijos Jacob? Jacob tuvo doce hijos, que fueron cabezas de las doce tribus de Israel, y cuyos nombres son: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. Estos dos últimos eran hijos de Raquel.

Los más célebres de ellos fueron los siguientes: Judá, cuya tribu dio algunos reyes al pueblo de Dios, y de su descendencia nació el Mesías; Leví, cuyos descendientes fueron consagrados al servicio del altar; y, por último, José, cuya vida estuvo llena de acontecimientos extraordinarios y que, por muchos conceptos, fue figura de nuestro Señor.

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