Cuarto Domingo de Adviento

Domingo 4º de Adviento. En vísperas de la Navidad la liturgia nos evoca los momentos previos al nacimiento del Mesías como fueron su anunciación y la encarnación en el seno de la Virgen María.

La 1ª lectura (2 Samuel 7, 1-5) refiere como David propone levantar un templo al Señor para guardar las tablas de la Ley. Dios en cambio promete colmarle de favores a él y a su linaje. En la 2ª (Romanos 16, 25-27) san Pablo afirma que Dios ha revelado su plan de salvación mediante la encarnación de su divino Hijo.

El santo evangelio (Lucas 1, 26-38) relata el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno purísimo de María. ¡Qué ejemplos tan admirables de virtud dio la Santísima Virgen cuando el arcángel san Gabriel le anunció el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en su seno virginal! Grande fue su fe al creer las palabras del ángel, aunque lo que se le anunciaba era cosa nunca oída. Grande su obediencia en rendirse como esclava al querer divino. ¡Qué grande es Dios en sus obras! Pero aún es más grande en las cosas pequeñas. Cuando se empequeñece, se anonada por amor al hombre hasta hacerse niño, siervo en el seno de María.

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