Guadalupe Ortiz de Landázuri (II)


Encuentro decisivo

Cuando Guadalupe recibió la noticia del fallecimiento de san Josemaría Escrivá de Balaguer estaba ingresada en la Clínica Universitaria de Navarra, donde murió pocos días después. Le dio tiempo a escribir su recuerdo de ese decisivo encuentro con el Fundador del Opus Dei al que, como se acostumbraba a hacer en la Obra, siempre llamó familiarmente Padre: Recuerdo cuándo conocí al Padre. Una tarde de fines de enero del invierno madrileño de 1944. Yo acababa de terminar la carrera de Ciencias Químicas y estrenaba mi primer trabajo (…). Por medio de un compañero con quien me unía amistad y confianza, Jesús Serrano de Pablo, a quien hablé de mi deseo de tener un director espiritual, me puse en contacto por teléfono y acudí a la dirección que me dieron para conocer a don Josemaría Escrivá de Balaguer de quien yo no sabía, hasta ese momento, absolutamente nada, ni tampoco, naturalmente, de la existencia del Opus Dei. La entrevista fue decisiva en mi vida, en un hotelito de la Colonia delViso, entonces casi en las afueras de Madrid, en una salita alegre, tapizada de rosa viejo, se destacó la figura del Padre. Me preguntó: “¿qué quieres de mí?” Yo contesté sin saber por qué: Creo que tengo vocación. El Padre me miraba: “Eso yo no te lo puedo decir. Si quieres puedo ser tu director espiritual, confesarte, conocerte”. Eso era exactamente lo que yo buscaba y tuve la sensación clara de que Dios me hablaba a través del aquel sacerdote (…). Sentí una fe grande, fuerte reflejo de la suya, y me puse enteramente en sus manos para toda mi vida (1).

Poco tiempo después, el 19 de marzo de 1944, pidió la admisión en el Opus Dei, en respuesta a la llamada de Dios para santificarse en el trabajo y en las circunstancias ordinarias de su vida. Por aquellas fechas, Guadalupe había leído unas palabras que san Josemaría había escrito sobre la manifestación de la llamada de Dios en el interior de un alma y, como en soliloquio, al recordar aquel primer encuentro se dijo: ¡Eso fue! ¿eso fue lo que me ocurrió a mí aquel día!

Éstas eran las palabras del Padre: Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación. La vocación nos lleva -sin darnos cuenta- a tomar una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría, llenos de esperanza hasta en el trance mismo de la muerte. Es un fenómeno que comunica al trabajo un sentido de misión, que ennoblece y da valor a nuestra existencia. Jesús se mete con un acto de autoridad en el alma, en la tuya, en la mía: ésa es la llamada (2).

***

(1) Mercedes Eguibar, Guadalupe Ortiz de Landázuri, ed. Palabra, pág. 16 y ss.

(2) San Josemaría, Carta 9-I-1932, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, ed. Rialp, Madrid, Vol. I, pp. 302-303.

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