Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (V)

En la Ciudad Eterna

(El relato está tomado de José Miguel Pero-Sanz, Isidoro Zorzano. Ingeniero Industrial, Palabra 1996, pp.112-118 y 147-148)

En agosto de 1930 Isidoro recibió en Málaga donde vivía y trabajaba como ingeniero, una postal de san Josemaría en la que le decía: cuando vengas por Madrid no dejes de venirme a verme. Tengo cosas muy interesantes que contarte (1). San Josemaría quería hablarle del Opus Dei. El 24 de ese mismo mes se encontraron providencialmente en una calle de Madrid. Estuvieron conversando y ante los ojos de Isidoro apareció el ideal de santidad al que aspiraba. En las explicaciones del Fundador de la Obra reconoció la vocación que llevaba tiempo buscando sin encontrar: una vocación a la santidad a través de su trabajo profesional de ingeniero, bien realizado, bien acabado y ofrecido a Dios. Esa noche Isidoro continuó su viaje hacia Logroño y escribió: Me encuentro ahora completamente confortado; mi espíritu se encuentra invadido de un bienestar, de una paz que no había sentido hasta ahora. Se daba cuenta de que comenzaba una nueva era en su vida.

Pocos años después, en el verano de 1933, Isidoro hizo un viaje a roma, con motivo del año jubilar convocado por Pío XI para conmemorar los XIX siglos de la Redención. Animó a su amigo Antonio Lorenzo a viajar con él para ganar el jubileo. El 24 de agosto salieron en barco desde Gibraltar. Nada más llegar a Roma, visitaron las cuatro Basílicas mayores para ganar el jubileo, y también otros atractivos históricos de la ciudad. Después escribiría que se conmovió al evocar en su propio ambiente la vida de los primeros cristianos. Dos días antes de salir de España había escrito a san Josemaría manifestándole su ilusión por ese viaje: vivir los primeros tiempos de la vida del cristianismo en el Coliseo; (…) rezar a los santos mártires, cuya sangre derramada ha sido la savia que ha desarrollado nuestra fe y cimentado la primera era cristiana (1). Esa devoción a los primeros cristianos la había aprendido del Fundador del Opus Dei.

San Josemaría le había encargado comprar una talla de san Pedro, sedente, lo más grande posible. Isidoro recorrió tiendas y almacenes pero sólo pudo encontrar una imagen de metal, más bien pequeña y de escasa calidad. Pío XI bendijo esa imagen, pues unos sacerdotes, hospedados en el mismo hotel, facilitaron a Isidoro y a su amigo incorporarse a un grupo que fue recibido por el Santo Padre. Isidoro sería el primer miembro del Opus Dei que vio a un Papa.

En un punto de Camino se advierte el eco de ese amor al Papa que el Fundador del Opus Dei transmitió a los primeros de la Obra: Católico, Apostólico, ¡Romano! -Me gusta que seas muy romano. Y que tengas deseos de hacer tu ‘romería’, ‘videre Petrum’, para ver a Pedro (n. 520).

***

(1) Carta de Isidoro a san Josemaría, citada por P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, Rialp 2002, p. 649

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