Guadalupe Ortiz de Landázuri (V)


Muy cerca de Dios y de los demás

El cardenal Ratzinger afirmó, con motivo de la canonización de san Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei, que virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de gimnasta de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles a las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo (1).

La vida de Guadalupe ayuda a entender que la llamada a la santidad es universal y que todos los bautizados pueden ser santos, si son fieles a las gracias que Dios no niega a los que están dispuestos a recibirlas. Recogemos algunos de los muchos testimonios de personas que la trataron, que ponen de manifiesto la acción de la gracia de Dios en ella y su correspondencia generosa:

La hondura de su oración fue creciendo de día en día y puede decirse que llegó a ser, en pleno sentido de la palabra, un “alma contemplativa” en medio del mundo, tal como deseaba san Josemaría para todas sus hijas e hijos en el Opus Dei. Un día, Guadalupe escribió en su agenda su gran deseo: “Profundizar en el silencio hasta llegar hasta donde solo está Dios. Donde ni los ángeles, sin permiso nuestro pueden entrar. Y, allí, adorar a Dios y alabarle, y decirle cosas tiernas” (2).

Su fortaleza era notoria en el trabajo, en llevar la responsabilidad que recaía en ella, en el desarrollo de nuevas labores. Era humilde y sencilla sin alardes y sabía tratar igual a las señoras de más alcurnia y a las campesinas. Era un don que Dios le dio. Pero pienso que el hilo conductor de toda su vida y de su actuar era su profundo amor a Dios, que había aprendido del fundador del Opus Dei. Su vida interior se sentía. Supo meterse en nuestro corazón para llevarlo a Dios (3).

Tenía una preocupación tan grande por todas las que empezábamos a asistir a los medios de formación de la Residencia que nos sentíamos verdaderamente queridas. Se estaba bien allí. Nos dábamos cuenta de que su preocupación por cada una era tan grande que, por escucharnos y tratar de ayudarnos, no pensaba para nada en ella. Sabía tratar a toda la gente con gran delicadeza. No recuerdo haberla visto de mal humor o impaciente. Era muy serena y pienso que podría ser fruto de su visión sobrenatural: tenía mucha fe y una gran confianza en Dios (4).

En Guadalupe, la correspondencia a la gracia creció continuamente, de manera que la gente que la conoció fue consciente de su cercanía a Dios. Notaron que su cercanía humana, por la que se mostraba siempre sonriente y sencilla, era un reflejo de su presencia de Dios; realmente sus obras manifestaron que la gracia del Señor estaba con ella. La fuerza que la impulsaba al apostolado no era suya, sino que venía de lo alto, y Guadalupe fue un instrumento en el que la naturalidad de su vida fue reflejo de lo sobrenatural.

***

(1) Cfr. Transcripción de una intervención oral del Card. Ratzinger publicada en el suplemento especial de L’Osservatore Romano realizado con ocasión de la canonización de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

(2) AGP, P02, 1975, p. 1514.

(3) AGP, GOL, Testimonio de Celia Cervantes Rosales.

(4) AGP, GOL, Testimonio de Mª Cristina Ponce Pino.

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