Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección decimoséptima. Peregrinación por el desierto

Lección decimoséptima

Peregrinación por el desierto

¿Cuánto tiempo estuvieron los israelitas al pie del monte Sinaí? La estancia de los hebreos al pie del monte Sinaí, donde estuvieron acampados, duró un año completo. Trascurrido este tiempo, los israelitas volvieron a emprender la marcha, dirigiéndose a la Tierra prometida a través del desierto de Farán.

¿Exploraron los judíos la tierra que habían de conquistar? Después de haber partido de Horeb llegaron los israelitas a Cadés-Barnea, situado en el límite meridional de la tierra de Canaán. Allí Moisés dijo al pueblo: Habéis llegado a las montañas del amorreo, que el Señor, nuestro Dios, nos da. Mira, el Señor, tu Dios, te ha dado el país. Sube, toma posesión de él, como te ha dicho el Señor, Dios de tus padres. No temas ni te asustes (Dt 1, 20-21). Pero el pueblo dijo a Moisés: Enviemos por delante hombres que exploren el país, y nos informen acerca del camino por donde hemos de subir y de las ciudades en que hemos de entrar (Dt 1, 22). Entonces Moisés escogió a doce hombres, uno por cada tribu, para que se adelantaran y reconocieran el país que los israelitas habían de conquistar. Entre los elegidos estaban Caleb y Oseas. A este último, Moisés le cambió el nombre por el de Josué.

¿Cuál fue el resultado de la exploración? A los cuarenta días volvieron aquellos exploradores trayendo riquísimos frutos del país, entre los cuales había un sarmiento de vid con un racimo tan extraordinariamente grande, que se necesitaban dos hombres para transportarlo. Fueron donde estaban Moisés, Aarón y toda la comunidad de los hijos de Israel, e informaron de palabra y mostraron los frutos. Llegamos a la tierra donde nos enviaste, que, ciertamente, mana leche y miel, y éstos son sus frutos. Pero el pueblo que habita en ella es poderoso, y las ciudades están muy fortificadas y son muy grandes; y también vimos allí a los descendientes de Anac. Amalec habita en la región del Négueb; el hitita, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar y a la orilla del Jordán (Nm 13, 27-29). Al oír esto, los israelitas se llenaron de terror y espanto, y comenzaron a murmurar pública y violentamente de Dios y de Moisés, diciendo: ¡El Señor nos ha sacado del país de Egipto porque nos odia, para entregarnos en manos del amorreo y aniquilarnos! ¿Adónde vamos a subir? Nuestros hermanos nos han destrozado el corazón al decir: “Es gente más alta y corpulenta que nosotros; sus ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo, e incluso hemos visto gigantes allí” (Dt 1, 27-28).

Entonces Caleb cortó la murmuración del pueblo contra Moisés y dijo: “Subamos con decisión y apoderémonos de ella, pues sin duda lo conseguiremos”. Pero los hombres que habían subido con él replicaron: “No podemos atacar a este pueblo, porque es más fuerte que nosotros”. Y denigraron ante los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: “La tierra que hemos atravesado en nuestra exploración es una tierra que devora a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son gente de gran estatura: allí vimos a los gigantes descendientes de Anac, el gigante; nosotros nos veíamos como unos saltamontes, y lo mismo les parecíamos a ellos” (Nm 13, 30-33). Estas palabras hicieron que cundiera el pánico entre los israelitas, y se decían unos a otros: “Nombremos a un jefe y volvamos a Egipto” (Nm 14, 4). Sin embargo, Josué y Caleb les exhortaban a tener confianza en Dios y a continuar la marcha. Pero toda la comunidad hablaba de apedrearlos (Nm 14, 10).

¿Castigó Dios esta rebelión de los judíos? Estas murmuraciones y la falta de confianza en Dios, hicieron que el Señor decidiera castigar al pueblo, y dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me injuriará este pueblo, y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todos los signos que he obrado entre ellos? Los castigaré con la peste y los rechazaré, y te daré una nación más grande y fuerte que ellos (Nm 14, 11-12). Ante esta amenaza divina, Moisés intercedió a Dios a favor del pueblo israelita, y consiguió que Dios no cumpliera su amenaza de destruir todo el pueblo elegido. Sin embargo, el Señor castigó a los que habían murmurado. Dios ordenó a Moisés que dijera al pueblo: ¡Vivo Yo!, oráculo del Señor: según habéis hablado a mis oídos, así os he de hacer. En este desierto quedarán vuestros cadáveres, todos los que fuisteis censados, todos y cada uno, de veinte años para arriba, los que habéis murmurado contra mí. No creáis que vais a entrar en la tierra que juré que ibais a habitar, excepto Caleb, hijo de Yefuné, y Josué, hijo de Nun. Pero vuestros niños (…) los llevaré y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado. Vuestros cadáveres -vosotros mismos- quedarán en este desierto. (…) Yo, el Señor, he hablado y ¿no voy a hacer esto a toda esta comunidad malvada que se ha confabulado contra mí? En este desierto se consumirán y ahí morirán (Nm 14, 28-32.35). Moisés refirió estas palabras a todos los hijos de Israel, y el pueblo se afligió mucho

¿Hubo alguna que otra rebelión? Sí, hubo varias, entre otras, el motín de Coré, Datán y Abiram. Después del severo castigo, los israelitas se pusieron en marcha. Durante los treinta y ocho años siguientes continuaron peregrinando por el desierto. Cuando llegaron al torrente Záred, ya habían muerto todos los hombres en edad militar, como el Señor les había jurado.

Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra el Señor, usurpando las funciones sacerdotales y reclamando el sacerdocio que Dios había conferido únicamente a la familia de Aarón. Los tres fueron tragados por la tierra, con todo lo que les pertenecía, en castigo por la sedición y por haber murmurado de Moisés y Aarón. También los doscientos cincuenta hombres que le apoyaron fueron devorados por el fuego.

¿Cómo fue confirmada la elección de Aarón para el sacerdocio? Por medio de un hecho prodigioso. Moisés colocó en la Tienda de la Reunión delante del Testimonio, por orden expresa de Dios, doce varas, cada una con el nombre de una tribu; el de Aarón se hallaba escrito en la vara de la tribu de Leví. Al día siguiente vino Moisés a la tienda del Testimonio y la vara de Aarón, la de la casa de Leví, había florecido: brotó yemas y flores, y produjo almendras maduras (Nm 17, 23). Con el prodigio de la vara florecida se da pleno relieve a la preeminencia de la tribu de Aarón sobre todas las demás. Pero no florece porque sea de más valía, puesto que todas las varas son iguales, sino porque Dios la ha elegido por pura benevolencia; la producción de flores y frutos es símbolo de vitalidad y de bendición divina.

La vara de Aarón fue conservada en el Arca de la Alianza. Y el Señor habló a Aarón: Tú, tus hijos y tu casa paterna tendréis la responsabilidad del santuario; tú y tus hijos tendréis la responsabilidad de vuestro sacerdocio. (…) Tú y tus hijos ejercitaréis vuestro sacerdocio en todo lo que guarda relación con el altar y lo que queda en el interior del velo. Os doy como don vuestro sacerdocio, para que sea vuestro trabajo. El que no sea de familia sacerdotal que se entrometa morirá (Nm 18, 1.7).

¿Entró Moisés en la tierra de promisión? Cuando los israelitas llegaron al desierto de Sin, se establecieron en Cadés. Era el primer mes del año cuadragésimo después de la salida de Egipto. En Cadés murió María, la hermana de Moisés, y fue sepultada. El empadronamiento que entonces hizo Moisés, le demostró que una nueva generación había sucedido ya a la de los murmuradores contra quienes se había dictado el decreto de exclusión, en aquel mismo lugar, treinta y ocho años antes. Por fin, iba a realizarse la promesa que Dios había hecho a los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob. Sin embargo, Dios le había hecho saber a Moisés que moriría antes de llegar a la Tierra prometida, objeto de sus deseos, hacia la cual conducía a los hijos de Israel desde hacía cuarenta años.

¿Por qué? En Cadés faltó el agua a los hebreos, y éstos se rebelaron contra Moisés diciendo: ¡Ojalá hubiéramos parecido cuando nuestros hermanos perecieron ante el Señor! ¿Por qué habéis traído a la asamblea del Señor a este desierto, para que en él muramos nosotros y nuestro ganado (Nm 20, 3-4). Entonces Moisés acudió a Dios, y éste le dijo: Toma la vara y reúne a la comunidad, junto con Aarón, tu hermano. Hablaréis a la roca a la vista de ellos, y dará su agua. Harás manar para ellos agua de la roca y darás a beber a la comunidad y a su ganado (Nm 20, 8). Moisés no se contentó con hablar a la roca, sino que le dio dos golpes con su vara, como si hubiese dudado del poder bondadoso de Dios para un pueblo tan ingrato. El agua manó de la roca en abundancia; y bebieron los judíos y su ganado. Pero Dios se mostró ofendido de aquella duda o vacilación de su siervo. Fue entonces cuando dijo a Moisés y a Aarón: Puesto que no habéis creído en mí y no me habéis santificado a los ojos de los hijos de Israel, por eso no haréis entrar a este pueblo en la tierra que les he dado (Nm 20, 12). Las aguas que manaron de la roca son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel se rebelaron contra el Señor, y Él mostró su santidad (Nm 20, 13).

¿Por qué se dice que Moisés dudó cuando el relato bíblico no hace mención a esta duda? Efectivamente, el texto bíblico no dice en qué consistió tal pecado, tal vez sea el hecho de golpear la roca dos veces por falta de fe, o en el acto mismo de golpearla, siendo que Dios les había ordenado hablar a la roca. El castigo también alcanza a Aarón, porque acompaña a Moisés, de tal forma que ambos son partícipes del pecado de desconfianza en Dios.

¿Tiene algún significado aquella roca? Aquella roca prefiguraba a Cristo, como enseña san Pablo: Todos bebieron de la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguían; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto (1 Co 10, 4-5). Algunos Padres de la Iglesia interpretaron alegóricamente que la roca es Jesucristo, y el agua la gracia que brota del costado abierto del Señor; el golpear dos veces significa los dos maderos que forman la cruz. Moisés representa a los judíos, pues lo mismo que Moisés dudó y golpeó la piedra, el pueblo judío crucificó a Cristo, no creyendo que era el Hijo de Dios.

¿Por qué hizo Moisés una serpiente de bronce? Los israelitas, en su peregrinación por el desierto, después de estar acampado al pie del monte Hor, partieron camino del mar Rojo rodeando la tierra de Edom, y en el camino desfalleció el ánimo del pueblo. El pueblo habló contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos habéis hecho subir de Egipto para morir en este desierto, donde no hay pan ni agua y nuestra alma no puede más con este alimento tan ligero?” (Nm 21, 5). Y esta vez los castigó Dios enviándoles unas serpientes venenosas, que mordieron a muchos del pueblo. Como consecuencia de las mordeduras, murió mucha gente de Israel. Entonces los hebreos acudieron a Moisés para decirle: Hemos pecado porque hemos hablado contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes (Nm 21, 7). Moisés se dirigió a Dios intercediendo por el pueblo. Y el Señor mandó hacer a Moisés una serpiente de bronce y que la pusiera sobre un mástil, para que el que fuera mordido mirara a la serpiente de bronce y quedaría instantáneamente curado.

¿Tiene algún significado la serpiente de bronce? Sí. Ante la protesta del pueblo, con el consiguiente castigo de Dios, Moisés se convierte una vez más en intercesor del pueblo. En el pasaje bíblico se resalta que quien curaba no era la serpiente, sino la misericordia de Dios, mientras que la serpiente de bronce era una señal de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres. La serpiente de bronce se menciona en el Evangelio como tipo de Cristo clavado en la cruz, causa de salvación para cuantos dirigen a Él su mirada con fe: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el crea tenga vida eterna en él (Jn 3, 14-15). En el Evangelio se contempla la acción salvadora de la serpiente levantada en lo alto aludiendo al levantamiento de Jesús en la cruz y a su eficacia salvífica. Cuando Cristo es alzado sobre todas las realidades humanas, eleva todas las cosas hacia él, de modo que su glorificación es medio de curación definitiva para toda la humanidad.

¿Facilitaron los pueblos del desierto el paso de los israelitas? No. Como el rey de Edom no permitió que los israelitas atravesaran sus tierras para entrar en Canaán, éstos se vieron obligados a volver atrás hasta Elat, y contornear los montes de Seír. Luego avanzaron hacia el norte hasta el confín de los dominios amorreos. Moisés envió mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, para solicitar que le permitiera pasar por su territorio; pero recibidos por aquél como enemigos, tuvieron los israelitas que recurrir a las armas, y lo derrotaron completamente. Og, rey de Basán, que salió con su ejército a hacer frente a Israel, también fue derrotado. En virtud de estas victorias se posesionaron los israelitas de la mayor parte de la ribera izquierda del Jordán y acamparon en las llanuras de Moab, a la altura de Jericó.

¿Cómo reaccionaron los moabitas al ver lo que Israel había hecho a los amorreos? Balac, rey de Moab, se asustó mucho al ver que el pueblo judío era numeroso, y se llenó de inquietud. Entonces llamó a un célebre adivino de Mesopotamia, llamado Balaam, y le dijo: Un pueblo que ha salido de Egipto y cubre la superficie de la tierra, se ha establecido frente a mí. Ven, por favor, ahora, maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo, a ver si puedo derrotarlo y expulsarlo de esta tierra, pues sé que aquél a quien tú bendices es bendito, y aquél a quien tú maldices es maldito (Nm 22, 5-6).

¿Llegó Balaam a maldecir a Israel? No, porque cuando se puso en camino montado en su burra, se encendió la ira de Dios por su marcha, y un ángel del Señor se plantó en su camino en actitud hostil. Él cabalgaba sobre su burra, e iba con él dos muchachos. La burra vio al ángel del Señor firme en el camino con una espada desenvainada en su mano. La burra se apartó del camino y tiró por el campo. Balaam golpeó a la burra para que volviera al camino. El ángel del Señor estaba firme en el sendero entre viñas con una cerca a cada lado. La burra vio al ángel del Señor y se arrimó a la tapia, y apretó la pierna de Balaam contra la tapia, y éste volvió a golpearla. El ángel del Señor se interpuso de nuevo situándose en un sitio estrecho que no dejaba lugar ni a derecha ni a izquierda. La burra vio al ángel del Señor y se echó al suelo debajo de Balaam. Se encendió la ira de Balaam y golpeó a la burra con el bastón (Nm 22, 22-27). Entonces Dios hizo que la burra hablase para quejarse de los golpes recibidos. ¿Qué te he hecho para que me hayas golpeado tres veces? (Nm 22, 28). Y en ese momento se le abrieron los ojos a Balaam que vio al ángel del Señor plantado en el camino con su espada desenvainada en la mano. El adivino, sobrecogido, se postró en tierra y prometió volverse. Sin embargo, el ángel del Señor le dijo que siguiera, pero dirás sólo las palabras que yo te diga (Nm 22, 35).

¿Cuáles fueron esas palabras? Subió Balaam en compañía de Balac, rey de los moabitas, a la cima de un monte, desde el cual se veía todo el campamento de los hijos de Israel. Y una vez allí, inspirado por el Señor, no profirió más que bendiciones, en lugar de las maldiciones que Balac esperaba. Y al final dijo: Lo vislumbro, pero no es ahora; lo diviso, pero no de cerca: de Jacob viene en camino una estrella, en Israel se ha levantado un cetro. Tritura las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set. Edom será conquistado, Seír, su enemigo, será invadido, mientras Israel ratifica su poder. El dominador que viene de Jacob aniquilará lo que quede en la ciudad (Nm 24, 17-19).

¿Qué interpretación hay que darle a este oráculo? Se anuncia la llegada de un rey, simbolizado en la estrella y en cetro. Puede ser una referencia al rey David y su estrella, y a Cristo; pues, este texto se interpreta en sentido mesiánico. Así la tradición judía unió al advenimiento del Mesías con la aparición de una estrella. En el Evangelio según San Mateo aparece una estrella en el relato de los Magos que fueron a adorar a Jesús recién nacido. Los Padres de la Iglesia interpretaron que la estrella que predijo Balaam es la misma de vieron los Magos. De esta interpretación dedujeron que los Magos venían de Mesopotamia, de donde procedía también Balaam. Este rey destruirá a los hijos del tumulto (o de la discordia), es decir, a todos los enemigos, y los someterá a su imperio.

¿Vio Moisés la Tierra prometida? Sí, pero no entró en ella. Sabiendo Moisés que se acercaba la hora de su muerte, reunió a los hijos de Israel, a los que había sacado de Egipto para llevarlos a la Tierra de promisión, y habiéndoles gobernado durante cuarenta años, les recordó los inmensos beneficios que el Señor les había dispensado; les hizo jurar de nuevo que le serían fieles; y después dio su bendición a cada una de las doce tribus. Y designó a Josué por sucesor suyo. Luego, subió Moisés desde las estepas de Moab al monte Nebo. El Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, todo Neftalí y la comarca de Efraím y Manasés, y toda la comarca de Judá hasta el Mar Occidental; y el Négueb, la zona de la vega de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Sojar. Entonces le dijo el Señor: “Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob cuando dije: ‘A tu descendencia se la daré’. Te la dejo contemplar con tus ojos, pero no entrarás ella” (Dt 34, 1-4).

¿A qué edad murió Moisés? En el país de Moab murió Moisés, siervo del Señor, como estaba dispuesto por Dios. A la edad de ciento veinte años. A su muerte, los hijos de Israel le lloraron.

¿Qué elogio hace la Sagrada Escritura de Moisés? No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor trataba cara a cara; ni ha hecho los signos y prodigios que el Señor le envió a realizar en la tierra de Egipto, contra el faraón, sus servidores y todo su país; ni ha habido mano tan fuerte, ni realizado tamaños prodigios como obró Moisés a los ojos de todo Israel (Dt 34, 10-12).

¿Qué juicio se puede hacer sobre Moisés? No debe considerarse a Moisés únicamente como jefe y legislador del pueblo de Dios, sino también como un gran profeta y como el historiador más notable y antiguo que se conoce. Por sus cualidades de libertador e inspirado legislador del pueblo hebreo, es también figura de Jesucristo, Salvador del género humano y autor divino de la nueva Ley.

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