Alegría en la tercera edad

Alegría en la tercera edad.

Toda la sociedad tiene una deuda moral con los ancianos y con razón se ha dicho que el modo en que los pueblos tratan a sus mayores revela su calidad humana. Los cristianos sabemos que la vida del hombre tiene un carácter trascendente; que después de trapasar las diferentes etapas dentro del proceso de crecimiento humano, la madurez es una puerta al infinito, a la eternidad.

Los últimos años de la vida son todo lo contrario a un túnel sombrío que aboca en la muerte como anonadamiento. Partiendo de la concepción cristiana del hombre se ve claro que no tiene sentido el deseo de tantos que anhelan la muerte simplemente para verse libres de las limitaciones que lleva consigo la vejez.

Pero hablemos de la vida y de sus posibilidades porque dentro de la familia cristiana los abuelos están llamados a compartir el gran tesoro de la experiencia. La familia necesita de los abuelos porque ellos pueden colaborar en la estabilidad familiar, la animación de la vida social y la conservación y transmisión de los valores del espíritu. Una persona mayor que verdaderamente crea en Dios es una joya de la que nadie querría desprenderse, es un a bendición para la familia.

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