Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección vigésima tercera. Reinado de David

Lección vigésima tercera

Reinado de David

¿Quién sucedió a Saúl? Después de la muerte de Saúl, David fue reconocido sucesivamente por rey por todas las tribus de Judá y de Israel, y con sus victorias contra sus enemigos consolidó su trono y dilató los confines del reino de Israel hasta la orillas del río Éufrates, al norte, y del golfo Elanítico, al sur.

¿Qué hizo David después de ser consagrado como rey? David, después de ser reconocido como rey por todas las tribus, se dedicó a formar un verdadero reino con sus instituciones, su capital y sus fronteras. En primer lugar conquistó Jerusalén que estaba en poder de los jebuseos. Esta ciudad quedó como capital del reino. Luego edificó en el monte Sión una casa para él.

¿Se puede decir que Jerusalén es también la Ciudad Santa? Sí. No se contentó David con los triunfos de guerra; su piedad le inclinó a ambicionar otra gloria más elevada: la de promover el culto de Dios con el esplendor y solemnidad que le correspondían. Y así hizo trasladar el Arca de la Alianza, que se hallaba en casa del levita Abinadab, desde que los filisteos la habían devuelto, hasta Jerusalén. Al conferir David a Jerusalén la categoría de capital religiosa, en adelante será la Ciudad Santa bendecida por la presencia del Señor, pues el Arca era símbolo de la presencia de Dios entre los suyos.

¿Fue solemne el traslado el Arca de Dios? El traslado del Arca se hizo con pompa extraordinaria y con una gran concurrencia del pueblo. Los levitas llevaron el Arca en hombros, marchando detrás los ancianos de Israel y gran número de músicos, que tocaban toda clase de instrumentos. David y toda la casa de Israel trasladaban el Arca del Señor entre gritos de júbilo y sonar de trompetas (2 S 6, 15).

¿Qué actitud adoptó David en el traslado del Arca de la Alianza? Una actitud de profunda humildad ante Dios. Cuando el Arca del Señor estaba entrando en la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, que estaba mirando por la ventana, vio al rey David saltando y danzando ante el Señor y lo despreció en su corazón. Introdujeron el Arca del Señor y la colocaron en su sitio en medio de la tienda que David había mandado levantar. David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Y cuando terminó la ofrenda del holocausto y de los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. Después repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un trozo de carne y un pan de pasas. Y se marcharon todos, cada uno a su casa. Cuando volvía David para bendecir su casa, salió a su encuentro Mical, la hija de Saúl, y le dijo: “¡Qué honorable ha estado hoy el rey de Israel, desnudándose a la vista de las criadas de sus servidores, como se desnuda un cualquiera!” Respondió David a Mical: “He danzado delante del Señor que me ha elegido y me ha preferido a tu padre y a toda tu familia, constituyéndome príncipe sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Y delante del Señor seguiré danzando. Estoy dispuesto a rebajarme más y a resultar más vil todavía ante tus ojos, pero seré más honrado por las criadas a las que te refieres”. Y Mical, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte (2 S 6, 16-23).

¿Qué interpretación se le ha dado a este pasaje bíblico? Algunos Padres de la Iglesia han visto en el Arca una figura de la Virgen María. Así el traslado del Arca sería figura de la visita de Santa María a su prima Isabel, y la danza de David, figura de Juan Bautista, alegre en el seno de su madre ante la Virgen María gestante de Jesús. El profeta David danzó ante el arca, pero ¿qué es el arca si no habáramos de Santa María? Pues el arca encerraba las tablas del testamento, María gestaba al heredero del testamento; el arca llevaba la Ley, María el Evangelio; el arca portaba la voz de Dios; María al Verbo; el arca brillaba por dentro y por fuera con el resplandor del oro, María brillaba por dentro y por fuera con el resplandor de la virginidad; el arca estaba adornada con oro terrenal, María con oro celestial (San Máximo de Turín, Sermones 42, 5).

¿Agradó siempre David a Dios? No. David, como hizo el primer hombre (Adán), a pesar de haber recibido todo de Dios, sucumbió ante la tentación y cometió dos pecados gravísimos: adulterio y asesinato. Sin embargo, ante el arrepentimiento del rey David prevalece la misericordia de Dios, que perdona a David.

¿Cómo es narrado este triste episodio de la vida de David? Con sobriedad. Sucedió una tarde que David, al levantarse de la cama se puso a pasear por la terraza del palacio real y vio desde allí a una mujer que se estaba bañando. Era muy bella. David mandó a preguntar por la mujer y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el hitita”. David envió a unos para que se la trajesen, y cuando llegó, durmió con ella que acababa de purificarse de la regla. Después, ella se volvió a casa. La mujer quedó embarazada y mandó recado a David para comunicárselo: “Estoy encinta” (2 S 11, 2-5). David decidió eliminar a Urías. Estaba a la sazón el pueblo de Israel en guerra con los amonitas, y David ordenó secretamente a Joab: Poned a Urías en primera línea, donde más recio sea el combate, y dejadlo solo para que sea alcanzado y muera (2 S 11, 15). Y así ocurrió. Urías, el esposo de Betsabé, murió en la batalla. Muerto Urías, David mandó traer a Betsabé a su casa y la hizo su esposa. Todo esto que David había hecho desagradó al Señor.

¿Castigó Dios a David por este horrendo pecado? Sí, aunque perdonó a David del pecado al ver su sincero arrepentimiento. El Señor envió a Natán ante David y cuando llegó a su presencia le dijo: “Había dos hombres en una ciudad, uno rico y otro pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en abundancia. El pobre no tenía más que una corderilla que había comprado y criado; crecía junto a él y con sus hijos, comiendo de su mismo pan, bebiendo de su mismo vaso y durmiendo en su regazo. Era para él como una hija. Vino una vez un huésped a casa del rico y le dio pena tomar una de sus ovejas o de sus vacas para honrar al recién llegado; así que robó la corderilla al hombre pobre y se la preparó al viajero”. Se encendió la ira de David contra aquel hombre y dijo a Natán: “Vive el Señor, que el que haya hecho tal cosa es reo de muerte, y por haber actuado de esa manera, sin tener compasión, habrá de pagar cuatro veces por la corderilla”. Dijo entonces Natán a David: “Tú eres ese hombre. Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo te ungido como rey de Israel; Yo te librado de la mano de Saúl, te he entregado la casa de tu señor y he puesto en tu regazo las mujeres de tu señor; te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si fuera poco, voy a añadirte muchas cosas más. ¿Por qué has despreciado al Señor, haciendo lo que más le desagrada? Has matado a espada a Urías, el hitita; has tomado su mujer como esposa tuya y lo has matado con la espada de los amonitas. Por todo esto, por haberme despreciado y haber tomado como esposa la mujer de Urías, el hitita, la espada no se apartará nunca de tu casa’. Así dice el Señor: ‘Suscitaré el mal en tu casa; ante tus ojos te quitaré tus mujeres y se las daré a otro que dormirá con ellas a la luz del sol que vemos. Tú lo has hecho en secreto. Yo lo haré a la vista de todo Israel y a la luz del sol’”. David dijo a Natán: “He pecado contra el Señor”. Natán le respondió: “El Señor ya ha perdonado tu pecado. No morirás. Pero, por haber ofendido al Señor con esta acción, el hijo que te ha nacido morirá”. Y Natán se volvió a su casa (2 S 12, 5-15).

¿Cuál fue este castigo? El castigo que Natán le anuncia al rey David es triple pues corresponde al triple delito de asesinato, adulterio y abuso de un inocente. En concreto, por el asesinato, la espada no se apartará de la familia de David; este castigo se cumplirá en los hijos mayores Amón, Absalón y Adonías que morirán violentamente. En segundo lugar, por el adulterio, sus mujeres serán violentadas en público; esto se cumplirá cuando Absalón, hijo de David, haga suyo el harén de su padre. En tercer lugar, por la muerte de un inocente, el hijo que le dio Betsabé, fruto del adulterio, morirá apenas recién nacido.

¿Cómo fue el arrepentimiento de David? David lloró de verdad su pecado. Su arrepentimiento es ejemplar, humillándose ante el Señor y pidiéndole perdón. A pesar de sus debilidades y pecados, confió en la misericordia de Dios. Se puede decir que David es modelo de penitencia porque reconoció su pecado y así obtuvo el perdón divino. Su arrepentimiento quedó plasmado en el salmo miserere, donde con una gran belleza y profunda piedad se recoge la súplica de David pecador ante el Señor. Tan sincero fue el arrepentimiento David que durante el resto de su vida se distinguió por su penitencia y piedad.

¿Qué se dice en el salmo “miserere”? El rey David es en este salmo el modelo de arrepentimiento. Tras haber cometido crímenes contra su prójimo, los confiesa como pecados ante Dios con arrepentimiento sincero. Desde el fondo de su corazón desea cambiar radicalmente de vida, e implora a Dios que no le niegue su amistad. Promete mostrar su agradecimiento sirviendo al Señor continuamente y enseñando a otros los caminos divinos, para que ellos también cumplan en todo la voluntad de Dios.

Ten piedad de mí, oh Dios, // según tu misericordia: // Y según la muchedumbre de tus piedades, // borra mi iniquidad. // Lávame todavía más de mi iniquidad // y límpiame de mi pecado. // Porque yo reconozco mi maldad, // y delante de mí tengo siempre mi pecado. // Contra Ti solo he pecado; // y he cometido la maldad delante de tus ojos // a fin de que perdonándome, aparezca justo en cuanto hables, // y quedes victorioso en los juicios que de Ti se forme. // Mira, pues, que fui concebido en iniquidad, // y que mi madre me concibió en pecado. // Y mira que Tú amas la verdad: // Tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. // Me rociarás, Señor, con el hisopo, y seré purificado: // me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve. // Infundirás en mi oído palabras de gozo, y de alegría; // con lo que se recrearán mis huesos quebrantados. // Aparta tu rostro de mis pecados, // y borra todas mis iniquidades. // Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, // y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud. // No me arrojes de tu presencia, // y no retires de mí tu santo Espíritu. // Restitúyeme la alegría de tu Salvador; // y fortaléceme con un espíritu generoso. // Yo enseñaré tus caminos a los malos, // y se convertirán a Ti los impíos. // Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios salvador mío, // y ensalzará mi lengua tu justicia. // Oh Señor, Tú abrirás mis labios; // y publicará mi boca tus alabanzas. // Que si Tú quisieras sacrificios, ciertamente te los ofreciera; // mas Tú no te complaces sólo con holocaustos. // El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios: // no despreciarás, oh Dios mío, el corazón contrito y humillado (Sal 50, 3-19).

¿Compuso David más salmos? Sí. Hay varios salmos davídicos. En estos salmos que compuso el rey David, y que la Iglesia recita en sus oraciones y cantos litúrgicos, se ensalza portentosamente la grandeza de Dios, se implora su misericordia y se le pide su auxilio. Además, David como profeta, predice en los salmos los principales pormenores de la pasión y muerte del Mesías.

¿Cuál fue la pena mayor que tuvo el rey David? Además de la muerte del primer hijo que tuvo con Betsabé, entre las desgracias que sobrevinieron a David en castigo de sus pecados, ninguna le fue tan sensible como la rebelión de su hijo Absalón. Éste tomó las armas contra su padre para arrebatarle la corona, consiguiendo expulsar a David de Jerusalén. Sin embargo, pudo reunir David al otro lado del Jordán un pequeño ejército compuesto por hombres valerosos y fieles a su rey, que hizo marchar contra su hijo rebelde. Absalón fue derrotado en el bosque de Efraím; y viéndose perdido se puso en precipitada fuga en un mulo. Al pasar el mulo por debajo del ramaje denso de una gran encina, la cabeza de Absalón se enredó en ella. Él quedó suspendido entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió su camino (2 S 18, 9). Enterado Joab de tal suceso, corrió allá inmediatamente, y atravesó con tres flechas a Absalón, desobedeciendo a David que había ordenado que se respetara la vida de su hijo. Enterado de la noticia de la victoria de su ejército y de la muerte de Absalón, David completamente desolado convirtió la victoria en luto, mientras entre lágrimas decía: ¡Hijo mío! ¡Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! Si yo pudiera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío (2 S 19, 1).

¿Qué promesa hizo Dios a David? El profeta Natán dijo a David de parte de Dios: Cuando hayas completado los días de tu vida y descanses con tus padres, suscitaré después de ti un linaje salido de tus entrañas y consolidaré su reino. Él edificará una casa en honor de mi nombre y yo mantendré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo (2 S 7, 12-14). Estas palabras se cumplen en Jesús, que es el “Hijo eterno del Padre” hecho hombre. Y más adelante añade el profeta: Tu casa y tu reino permanecerán para siempre en mi presencia y tu trono será firme también para siempre (2 S 7, 16). Es una profecía mesiánica. El Mesías será descendiente del rey David. Y el reino de Cristo durará para siempre.

¿Quién sucedió a David? Conociendo David que se acercaba el fin de sus días, dio sanos y prudentes consejos a su hijo Salomón, a quien había nombrado sucesor suyo. Después David fue a descansar con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. El tiempo que reinó David sobre Israel fue cuarenta años; en Hebrón reinó siete años y en Jerusalén treinta y tres. Después Salomón se sentó sobre el trono de su padre David y reafirmó con fuerza su reino (1 R 2, 10-12).

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