El sacremento de la Penitencia y la parábola del hijo pródigo

Es Jesús quien -de manera especial en la parábola del hijo pródigo- nos hace comprender que el pecado es ofensa al amor del Padre, cuando describe el desprecio ultrajante de un hijo hacia la autoridad y la casa de su padre. Son muy trsites las condiciones de vida a las que se reduce el hijo: se reflejan las situación de Adány sus descendientes después del primer pecado. Pero el gran don que Jesús nos hace con su parábola es la revelación consoladora y confortante del amor misericordioso de un Padre que permanece con los brazos abiertos, en espera de que vuelva el hijo pródigo, para apresurarse a abrazarlo y perdonarlo, borrando todas las consecuencias del pecado y celebrando en su honor la fiesta de la vida nueva. ¡Cuánta esperanza ha encendido en los corazones! ¡Cuántos retornos a Dios ha facilitado, a lo largo de los siglos cristianos, la lectura de esta parábola, referida por Lucas, quien con plena razón ha sido definido “el escribano de la mansedumbre de Cristo” (scriba mansetudinis Christi)! El sacramento de la penitencia pertenece a la revelación que Jesús nos hizo del amor y de la bondad paterna de Dios.

(San Juan Pablo II, Alocución 15.IV.1992)

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