La oración de Moisés

Mientras Moisés está en monte Sinaí hablando con Dios, los israelitas caen en la idolatría. El Señor manifiesta a Moisés su intención de castigar a su pueblo porque había hecho un ídolo: el becerro de oro. Y Moisés rezó con fuerza para que el Señor se lo piense. Esta oración es una verdadera lucha con Dios. Y Moisés habla libremente delante del Señor y nos enseña cómo rezar, sin miedo, libremente, también con insistencia. Moisés insiste. Es valiente. La oración debe ser también un “negociar con Dios”, con “argumentaciones”. Moisés al final convence a Dios y la Biblia dice que el Señor se arrepintió del mal con el que había amenazado a su pueblo. Pero ¿quién ha cambiado aquí? ¿El Señor ha cambiado? Yo creo que no.

El que ha cambiado es Moisés, porque Moisés creía que el Señor habría hecho esto, creía que el Señor habría destruido a su pueblo y él busca, en su memoria, cómo había sido bueno el Señor con su pueblo, como lo había librado de la esclavitud de Egipto y llevado a una tierra prometida. Y con estos argumentos intenta convencer a Dios, pero en este proceso él reencuentra la memoria de su pueblo, y encuentra la misericordia de Dios. Este Moisés, que tenía miedo, miedo que Dios hiciera esto, al final baja del monte con algo grande en su corazón: nuestro Dios es misericordioso. Sabe perdonar. Puede retroceder en sus decisiones. Es un Padre. Todo esto Moisés lo sabía, pero lo sabía más o menos oscuramente y en la oración lo reencuentra. Y es esto lo que hace la oración en nosotros: nos cambia el corazón.

La oración nos cambia el corazón. Nos hace entender mejor cómo es nuestro Dios. Pero por esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías: como hacen los paganos, dice Jesús. No, no: hablar con la realidad: Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con esto, con lo otro…¿Qué se puede hacer? Pero mira, que ¡tú no me puedes dejar así! ¡Ésta es la oración! Pero, ¿tanto tiempo toma esta oración? Sí, toma tiempo.

El tiempo que se necesita para conocer mejor a Dios, como se hace con un amigo. La Biblia dice que Moisés hablaba al Señor cara a cara, como a un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones. Y también reprendiéndole un poco: Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho…, así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración. Moisés bajó del monte vigorizado. He conocido más al Señor, y con esa fuerza que le había dado la oración, retoma su trabajo de conducir al pueblo hacia la Tierra prometida. Porque la oración vigoriza, vigoriza. El Señor nos da a todos la gracia, porque rezar es una gracia.

En cada oración está el Espíritu Santo y que no se puede rezar sin Él, porque es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos enseña a decir Dios “Padre”. Y por eso, hay que pedir al Espíritu Santo que Él nos enseñe a rezar, sí, como ha rezado Moisés, a negociar con Dios, con libertad de espíritu y valentía. Y el Espíritu Santo, que está siempre presente en nuestra oración, nos conduzca por este camino (Papa Francisco).

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