Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección vigésima séptima. Historia de Tobías

Lección vigésima séptima

Historia de Tobías

¿En qué libro de la Biblia está narrada la historia de Tobías? En el libro que se llama precisamente de Tobías.

¿En cuántas partes puede dividirse el libro de Tobías? En tres. En una primera parte se presenta la desgracia y oración de Tobit, padre de Tobías, en Nínive (Asiria), y la de Sara en Ecbatana (Media). En la segunda se narra el viaje que hace Tobías a Media acompañado del arcángel Rafael. Y en la tercera y última se cuenta el regreso de Tobías a la casa de su padre Tobit, y la curación de éste, así como sus últimos días en la tierra.

¿Quién era Tobit? Era un judío de los que fueron deportados de Israel y llevados cautivos a Nínive. Hombre piadoso. Desde su juventud había sido constante y fiel en el culto del verdadero Dios, sin adorar al becerro de oro, como hicieron muchos israelitas.

Durante su cautiverio se hizo acreedor a las consideraciones de Salmanasar, el rey de Asiria, que le había dado permiso para ir a donde quisiera; pero Tobit no hizo uso de las deferencias y autorización del rey, sino para el bien de su pueblo, que se hallaba tiranizado; además era el consuelo de los pobres, prestaba dinero sin interés alguno, practicaba obras de misericordia, y cuidaba especialmente de dar sepultura a los muertos.

¿Qué desgracia le ocurrió a Tobit? Cierto día, después de enterrar un cadáver, se sentó en el patio de su casa, junto a la pared, y se quedó dormido. No sabía que encima de mí, en la pared, había unos pájaros; éstos dejaron caer sus excrementos todavía calientes sobre mis ojos, y me salieron unas manchas blancas. Acudí a los médicos para que me curaran y cuantas más medicinas me aplicaron, tanto más quedaban ciegos mis ojos por las manchas, hasta que me quedé ciego por completo (Tb 2, 10). Como consecuencia de la ceguera, Tobit quedó sumido en la pobreza. Además se encontró con la incomprensión de su esposa. En esa situación elevó su oración a Dios pidiendo la muerte: Haz ahora conmigo lo que quieras y ordena que me sea retirado mi espíritu, de manera que yo desaparezca de la faz de la tierra y me convierta en polvo; porque prefiero la muerte antes que la vida, puesto que he oído reproches injustos y se ha apoderado de mí una enorme tristeza. Manda, Señor, que me libre de este sufrimiento y envíame al lugar eterno, pero no apartes de mí tu rostro, Señor, porque prefiero morir a ver tanto sufrimiento en mi vida y escuchar tales improperios (Tb 3, 6).

La versión latina de la Biblia Vulgata incluye una reflexión sobre el sentido de las desgracias sufridas por Tobit: El Señor permitió que le llegara esta prueba para que quedara a quienes vienen detrás un ejemplo de su paciencia como la del santo Job. Puesto que desde su infancia había tenido temor de Dios y había guardado sus mandatos, no se irritó contra Dios cuando le vino la desgracia de la ceguera, sino que permaneció en el temor de Dios, dando gracias a Dios todos los días de su vida. Y así como al santo Job le insultaban reyes, así familiares y parientes de Tobit se reían de su forma de vida diciéndole: “¿Dónde está tu esperanza por la que dabas limosnas y enterrabas a los muertos?” Pero Tobit les replicaba: “No habléis así, porque somos hijos de santos, y esperamos aquella vida que Dios dará a los que no retiran de Él su confianza” (Tb 2, 12-18).

¿Quién era Sara y qué desgracia tuvo? Sara, hija de Ragüel, era una joven de una familia judía, también en el destierro. Vivía en Ecbatana de Media. Había sido dada en matrimonio a siete maridos sucesivos, pero en la noche de la boda Asmodeo, el perverso demonio, los había matado antes de que se hubieran unido a ella como se suele hacer con una esposa (Tb 3, 8). A esta desgracia se le unió el tener que escuchar las injurias de una criada de su padre. Ésta le dijo: ¡Eres tú la que matas a tus maridos! Has sido entregada a siete maridos, pero de ninguno de ellos has tomado nombre. ¿Por qué nos castigas por culpa de que hayan muerto tus maridos? ¡Vete tras ellos, y que no veamos nunca un hijo o una hija tuyos! (Tb 3, 8-9). Todo esto hizo que Sara se entristeciera y pensara en ahorcarse. Pero no llegó a cometer este gran pecado del suicidio por el amor a su padre. Pensó y se dijo: Puede que injurien a mi padre y le digan: “La única hija que has tenido, para ti muy querida, se ha ahorcado por los disgustos. Entonces arrastraré la ancianidad de mi padre hasta el sepulcro a causa de la tristeza. Es preferible que no me ahorque, sino que suplique al Señor que me conceda la muerte; así, ya no volveré a escuchar injurias en mi vida” (Tb 3, 10).

La versión Vulgata de la Biblia no menciona que Sara pensara en quitarse la vida, sino que dice: Subió al patio de arriba de su casa y se pasó tres días con sus noches sin comer ni beber, pidiendo incesantemente entre lágrimas que Dios la librase de aquella humillación.

¿Cuál fue la oración de Sara? Bendito seas, Dios misericordioso, y bendito sea tu nombre por siempre. Que te bendigan todas tus obras por los siglos. Ahora, a ti levanto mi rostro y mis ojos. Ordena que yo desaparezca de la tierra, para que no oiga más insultos. Tú sabes, Señor, que soy pura respecto a cualquier contacto con varón, y que no he manchado mi nombre ni el de mi padre en la tierra de mi cautividad. Soy hija única de mi padre; no posee ningún otro hijo que pueda heredarle, ni tiene parientes próximos o familiares lejanos para darme en matrimonio. Ya he perdido siete maridos, ¿para qué me sirve la vida? Si no te parece bien quitarme la vida, escucha, Señor, el improperio contra mí (Tb 3, 11-15).

¿Llegó a oídos de Dios la oración de Tobit y de Sara? Sí. Dios envió al arcángel Rafael para curar a los dos: a Tobit de su ceguera; y a Sara la liberó del perverso Asmodeo, y así la joven pudo contraer matrimonio con el hijo de Tobit, Tobías. Esto está narrado en el libro de Tobías.

¿Cómo se conocieron Tobías y Sara? La historia es un poco larga. Todo empieza porque Tobit se acordó del dinero que había dejado en depósito a Gabael, en Ragués, en la región de Media. Y pensó: “Yo he pedido la muerte. ¿Por qué no llamo a mi hijo Tobías, y le informa sobre ese dinero antes de morir?” (Tb 4, 2). Y llamó a su hijo para aconsejarle.

¿Qué consejos dio Tobit a su hijo? Cuando yo muera, dame una sepultura digna; honra a tu madre y no la abandones durante todos los días de su vida; haz lo que es bueno a sus ojos y no la pongas triste en nada. Acuérdate de ella, hijo, porque ha pasado muchos peligros cuando estabas en su seno. Cuando ella muera, dale sepultura junto a mí en la misma tumba. Hijo, acuérdate del Señor todos tus días y no quieras pecar ni vulnerar sus preceptos. Realiza obras buenas todos los días de tu vida y no vayas por caminos de iniquidad, porque los que actúan con rectitud tendrán éxito en sus obras, igual que todos los que practican la justicia. Reparte limosnas de tus bienes, y que tu mirada no tenga recelo al hacerla; no apartes tu rostro de ningún necesitado, para que el rostro de Dios no se aparte de ti. Repártela según lo que tengas, hijo: si tienes mucho, reparte abundantes limosnas; si tuvieses poco, no tengas miedo de repartir limosnas conforme a ese poco. De esta manera atesorarás un buen premio para el día de la necesidad; pues la limosna libera de la muerte e impide caer en la tiniebla. La limosna es un buen regalo para todos lo que la realizan en presencia del Altísimo. Apártate, hijo, de toda fornicación, y, en primer lugar, contrae matrimonio con una mujer de la descendencia de tus padres; no te cases con una extraña que no sea de la tribu de tu padre, pues somos hijos de profetas. Noé, Abrahán, Isaac y Jacob son desde siempre nuestros padres; recuerda, hijo, que todos se casaron con mujeres que descendían de sus hermanos, fueron bendecidos en sus hijos, y su descendencia heredará la tierra. Tú, hijo, ama a tus hermanos y no sea soberbio tu corazón ni con los hijos ni con las hijas de tu pueblo, y recibe como esposa a una de ellas. Porque la soberbia es causa de perdición y de gran desorden, y en la ociosidad están la miseria y la escasez. Además, la ociosidad es la madre de la penuria. No retengas el salario de cualquier hombre que trabaje para ti, sino entrégaselo enseguida; así cuando sirvas a Dios, él te recompensará. Hijo, esmérate en todas tus obras y sé educado en todo tu comportamiento. Lo que odias no se lo hagas a nadie. No beba vino hasta la embriaguez y que ésta no sea tu compañera de camino. Reparte tu pan con el hambriento y tus vestidos con los desnudos. Da en limosna todo lo que te sobre, y tu mirada no tenga recelo al dar limosna. Esparce tus panes y derrama tu vino sobre los sepulcros de los justos y no los des a los pecadores. Busca el consejo de todo hombre prudente y no desprecies ninguna advertencia valiosa. Bendice al Señor Dios en todo momento, y suplícale que tus caminos sean rectos y que todas tus sendas y proyectos terminen bien. Pues no todas las gentes tienen este pensamiento, sino que es el mismo Señor el que les da los buenos pensamientos, y el que, a quien Él quiere, humilla hasta lo más profundo del hades. Ahora, hijo, ten presentes estos preceptos míos y que no se borren de tu corazón (Tb 4, 2-19).

Después darle estos consejos a su hijo, Tobit le hizo saber a Tobías que había dejado dinero en depósito a Gabael, en Ragués de Media, y que era preciso que fuera a recuperarlo. Y por último, aún le dio otro consejo: Hijo, no temas porque nos hayamos convertido en pobres. Poseerás muchos bienes, si temes a Dios, te apartas de todo pecado, y obras el bien delante del Señor, tu Dios (Tb 4, 21).

¿Qué precauciones tomó Tobías antes de iniciar el viaje a Ragués de Media? Para que Tobías pudiera recuperar el dinero que su padre había dejado en depósito a Gabael, Tobit le dio el recibo de Gabael que le entregó este último hacía ya veinte años cuando recibió el dinero. Además, como Tobías no conocía el camino a Media, su padre le dijo que se buscara un hombre fiel que le acompañara. Enseguida Tobías encontró al ángel Rafael, que se presentó ante él, pero Tobías no sabía que fuera un ángel de Dios. Y le preguntó: “¿De dónde eres, joven?” Contestó: “Soy uno de los hijos de Israel, tus hermanos, que he venido aquí a buscar trabajo”. Tobías le dijo: “¿Conoces el camino para ir a Media?” Él respondió: “Sí. He estado allí muchas veces; soy experto y conozco bien todos los caminos. Con frecuencia he ido a Media y me he alojado en casa de Gabael, nuestro hermano, que vive en Ragués de Media. Hay dos días de camino desde Ecbatana hasta Ragués, pues se encuentra en la montaña” (Tb 5, 4-6).

Tobías le dijo a su padre que ya había encontrado al que le acompañaría en el viaje. Tobit se interesó no sólo de que el guía fuera capaz de conducir a su hijo a Media, sino de que resultara una buena compañía para él, que fuera un buen judío. Al ser preguntado el ángel por su nombre, Rafael dijo: Yo soy Azarías, hijo del gran Ananías, uno de tus hermanos (Tb 5, 13).

¿Por qué el ángel Rafael dio estos dos nombres? Los nombres que el ángel puso ante el padre de Tobías son significativos: Azarías quiere decir “Dios ayuda”, y Ananías “Dios es misericordioso”.

¿Fue dolorosa la despedida? Tobit bendijo a los dos jóvenes. A continuación Tobías, antes de emprender su camino, besó a su padre y a su madre. Tobit le dijo: “¡Que tengas buen viaje!” Su madre se puso a llorar y dijo a Tobit: “¿Por qué has enviado a mi hijo? ¿No es él el bastón de nuestra mano, el que entra y sale delante de nosotros? Que el dinero no se añada al dinero, sino que sea basura en comparación a nuestro hijo. Con lo que el Señor nos ha dado para vivir, teníamos bastante”. Pero Tobit contestó: “No digas eso. Nuestro hijo tendrá un buen viaje y regresará sano a nosotros; tus ojos lo verán el día que vuelva sano junto a ti. No pienses así, ni tengas miedo por ellos, hermana. Le acompaña un ángel bueno que le hará fácil el camino y nos lo devolverá sano” (Tb 5, 17-22).

¿Hubo incidencias en el viaje? Sí. Al anochecer del primer día acamparon en la orilla del río Tigris. El joven Tobías se introdujo en las aguas del río para lavarse los pies, y he aquí que un pez enorme se le acercó e intentó devorar el pie del muchacho. Éste comenzó a gritar, y entonces el ángel le dijo: “¡Agárralo y no lo dejes escapar!” El muchacho se apoderó del pez y lo sacó a tierra. El ángel le dijo: “Raja el pez, sácale la hiel, el corazón y el hígado, y guárdalos; los intestinos, tíralos. La hiel, el corazón y el hígado sirven como medicamentos” (Tb 6, 4-5). Tobías hizo lo que le indicó el ángel, pero se quedó intrigado por las últimas palabras de Rafael. ¿Cómo podrían servir de medicamento aquellas partes del pez? Y el ángel se lo explicó: Cuando se queman el corazón y el hígado del pez delante de un hombre o mujer poseídos por un demonio o espíritu maligno, alejan de ellos toda posesión y desaparecen de ellos para siempre. La hiel sirve para untar los ojos de un hombre al que le hayan salido manchas blancas; al soplar sobre las manchas blancas, los ojos se curan (Tb 6, 8-9).

¿Recuperó Tobías el dinero? Sí, pero hay algo más interesante. Cuando Tobías y Azarías llegaron a Media, por indicación del ángel se hospedaron en Ecbatana, en la casa de Ragüel. Éste era pariente de Tobit, y tenía una hija llamada Sara. Rafael aconsejó a Tobías que la tomara por esposa, ya que Sara -le dijo el ángel- es una muchacha prudente, fuerte y muy guapa; además su padre es bueno (Tb 6, 12). El joven Tobías manifestó a Rafael su temor en tomar a la joven por esposa porque había llegado a sus oídos que ya había sido dada a siete maridos y que murieron en sus aposentos nupciales por la noche, cuando iban a acercarse a ella. También he oído decir que los mataba un demonio. Por eso tengo miedo, pues el demonio está celoso por ella y a ella no le hace ningún daño, pero mata a quien pretende acercársele (Tb 6, 14-15). El ángel le tranquilizó. No te preocupes de ese demonio, y cásate. Yo sé que esta noche te la entregarán como esposa. Cuando entres en el aposento nupcial, toma parte del hígado y del corazón del pez y ponlos sobre las brasas del incienso. Surgirá un aroma que, al ser inhalado por ese demonio, lo ahuyentará y ya nunca más aparecerá junto a ella (Tb 6, 16-17).

¿Se casaron Tobías y Sara? Sí. Ragüel no tuvo inconveniente alguno en conceder la mano de su hija a Tobías, pero tanto él como su mujer Edna temían que también en esta ocasión como en las siete anteriores, en la noche de bodas, muriera el marido de Sara. Pero esta vez no ocurrió. Tobías hizo con el hígado y el corazón del pez lo que le había dicho el ángel, y el demonio Asmodeo desapareció. Una vez que Tobías y Sara en el aposento, el joven dijo a Sara: Vamos a rezar y a suplicar a nuestro Señor que haga descender sobre nosotros misericordia y salvación (Tb 8, 4). Y los dos juntos rezaron a Dios antes de acostarse.

¿Cuál fue la oración de Tobías? ¡Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por todos los siglos de los siglos! ¡Que los cielos y tu creación entera te bendigan por siempre jamás! Tú creaste a Adán y creaste para él a Eva, su mujer, para que fuera su ayuda y su apoyo. De ambos ha surgido el género humano. Tú dijiste que no era bueno que el hombre estuviera solo: “Hagámosle una ayuda semejante a él”. Ahora tomo a esta pariente mía no por causa del placer, sino con rectitud de intención. Ten misericordia de ella y de mí, para que alcancemos junto la ancianidad (Tb 8, 7).

¿Y el dinero…? La celebración de la boda duró varios días. Mientras tanto, Azarías se acercó a Ragués, a casa de Gabael, con el recibo, y recuperó el dinero.

¿Fue prolongada la ausencia de la casa paterna de Tobías? Sí. Tanto se prolongó la ausencia del joven con motivo de su boda, que sus padres sufrían una angustiosa inquietud. Tobit había calculado el tiempo que tardaría su hijo en ir a Media y volver, y viendo que ya se había cumplido sin que Tobías hubiera vuelto, se temió lo peor. Igualmente angustiada estaba Ana, su esposa. Ésta pensaba que su hijo había muerto, pero aún tenía cierta esperanza. Todos los días salía al camino por el que su hijo había marchado, y no hacía caso de nadie. Al ocultarse el sol, entraba en casa, se lamentaba y se pasaba toda la noche llorando sin poder dormir (Tb 10, 7). Y así durante largo tiempo, hasta que un día, estando sentada mirando en lontananza el camino se dio cuenta de que regresaba su hijo. Se levantó para darle la buena noticia a Tobit, su marido. Ambos salieron a recibir a Tobías. Éste, después de abrazar a sus padres, hizo lo que le había indicado Azarías, es decir, colocó la hiel del pez en los ojos de Tobit, le aplicó el medicamento, y con las manos le quitó las manchas blancas de las comisuras de sus ojos. Y Tobit recobró la vista.

Tobías entró en casa alegre y bendiciendo a Dios con toda su voz. Relató Tobías a su padre que había sido favorecido en su viaje y que había recobrado el dinero y había recibido como esposa a Sara, la hija de Ragüel, que también venía y estaba ya cerca de las puertas de Nínive (Tb 11, 15). Entonces Tobit salió, feliz y bendiciendo a Dios, hasta la puerta de Nínive al encuentro de su nuera.

¿Y Azarías…? Tobit dijo a su hijo que recompensara al joven que le había acompañado en el viaje. Tobías quiso pagarle a Azarías la mitad de todo lo que había traído. Entonces, Rafael dijo a Tobit y a Tobías: Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes el bien que os ha hecho, para que alaben y canten himnos en su nombre. Manifestad con veneración a todos los hombres las acciones de Dios y no dejéis de proclamarlo. Es bueno mantener oculto el secreto real, pero también lo es manifestar y proclamar las acciones de Dios con veneración. Practicad el bien, y el mal no os encontrará. Buena es la oración sincera, y es preferible la limosna con justicia a la abundancia inicua. Es mucho mejor dar una limosna que atesorar oro. La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Lo que dan limosna gozarán de una larga vida. Los que cometen pecado e iniquidad son enemigos de su propia vida. Os explicaré toda la verdad sin ocultaros nada. Ya os he mostrado y os he dicho que es bueno mantener oculto el secreto real, y manifestar gloriosamente las acciones de Dios. Cuando Sara y tú hacíais oración era yo el que presentaba el testimonio de vuestra plegaria ante la gloria del Señor. Lo mismo que cuando enterrabas a los muertos (Tb 12, 6-12).

¿Se dio a conocer el ángel? Sí. Después le dijo a Tobit: Dios me ha enviado para curarte a ti y a tu nuera Sara. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que servimos y estamos presentes ante la gloria del Señor (Tb 12, 15). Al oír esta revelación, tanto el padre como el hijo se quedaron atónitos, y se postraron en tierra, sobrecogidos de espanto. Entonces el ángel añadió: No temáis. La paz esté con vosotros. Alabad a Dios por los siglos de los siglos. Mientras he permanecido con vosotros no os he acompañado por iniciativa mía, sino por voluntad de Dios. Alabadlo todos los días y cantadle himnos. Os habréis dado cuenta de que yo no comía nada, sino que aparecía a vuestros ojos como una visión. Ahora, alabad al Señor sobre la tierra y proclamad a Dios. Yo subo hacia el que me ha enviado. Poned por escrito todo lo que os ha sucedido (Tb 12, 17-20). Y dicho esto, desapareció.

¿Fue Tobías un hijo ejemplar? Sí. Tobit tenía sesenta y dos años cuando quedó ciego, y después de la vuelta de su hijo y de recobrar la vista vivió en la abundancia y repartió limosnas. Durante toda su vida bendijo a Dios y proclamó su grandeza. Cuando sintió que su muerte estaba próxima le dijo a Tobías que tomara a sus hijos y se marchasen de Nínive, cuya próxima ruina había anunciado el profeta Nahúm. Cuando murió, fue sepultado por su hijo con el honor debido. Igualmente, al morir Ana, Tobías la enterró junto a su padre. Y siguiendo el consejo de Tobit se marchó con su esposa a Media. Se estableció en Ecbatana en casa de su suegro Ragüel. Cuidó de la ancianidad de sus suegros de forma digna y les dio sepultura en Ecbatana de Media (Tb 14, 12-13). Tobías murió estimado por todos. Antes de morir bendijo al Señor Dios por todos los siglos de los siglos.

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