Libro de las letanías (IX): Letanía para desagraviar al Sacratísimo Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento

Letanía para desagraviar al Sacratísimo Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento

Divino Salvador de las almas, cubiertos de confusión nuestros rostros, nos postramos en vuestra presencia soberana; y dirigiendo nuestra vista al solitario Tabernáculo donde gemís cautivo de nuestro amor, pártense nuestros corazones de pena al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver esterilizada vuestra Sangre e infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor. Pero ya que con infinita condescendencia permitís que unamos ahora nuestros gemidos a los vuestros, nuestras lágrimas a las que brotaron por nuestra causa de vuestros santísimos ojos, y a las lágrimas de sangre que vertió vuestro divino Corazón, os rogamos, dulce Jesús, por los que no ruegan, os bendecimos por los que os maldicen y os adoramos por los que, despiadados, os ultrajan, y con toda energía de nuestras almas, deseamos bendeciros y alabaros en todos los instantes de nuestra vida y en todos los Sagrarios de la tierra y con los valiosos afectos de vuestro amante Corazón.

Suba, Señor, ante Vos, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de nuestros contritos corazones.

Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y rencores.

Perdón, Señor, perdón.

Por las blasfemias, por la profanación de los días santos.

Perdón, Señor, perdón.

Por las impurezas y escándalos.

Perdón, Señor, perdón.

Por los hurtos e injusticias, por las debilidades y respetos humanos.

Perdón, Señor, perdón.

Por la desobediencia a la Santa Iglesia, por la violación del ayuno.

Perdón, Señor, perdón.

Por los crímenes de los esposos, por las negligencias de los padres, por las faltas de los hijos.

Perdón, Señor, perdón.

Por los atentados cometidos contra el Romano Pontífice.

Perdón, Señor, perdón.

Por las persecuciones levantadas contra los Obispos, sacerdotes, religiosos y sagradas vírgenes.

Perdón, Señor, perdón.

Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el abuso de los sacramentos y los ultrajes del augusto Tabernáculo.

Perdón, Señor, perdón.

Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas.

Perdón, Señor, perdón.

Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia y por todos los que sufren.

Perdón, Señor, perdón.

Pedón, Señor, y piedad para el más necesitado de vuestra gracia; que la luz de vuestros divinos ojos no se aparte jamás de nosotros; encadenad a las puertas del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; hacedles allí sentir los incendios del amor divino, y a vista de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshagan de pena, que lloren lágrimas de sangre, que vivan muriendo de Amor. Amén.

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