Libro de las letanías (XII): Letanía lauretana

Letanía lauretana

En la época medieval y moderna surgieron innumerables letanías en honor de la Virgen María. Especial acogida tuvieron las que se rezaban o cantaban en la Santa Casa de Loreto, denominadas lauretanas.

La letanía lauretana no pertenece al formulario litúrgico, pero es extraordinariamente popular. Comienza con el Kyrie eleison y unas invocaciones a las tres Divinas Personas; luego sigue una bella lista de alabanzas a la Santísima Virgen, a las que se responde ora pro nobis; concluye con el Agnus Dei. El texto más antiguo conocido se halla en un Misal de Maguncia del siglo XII; existieron en el curso de los siglos varias recensiones. El que actualmente se practica, de ordinario al final del rezo del Santo Rosario, fue adoptado en el famoso santuario mariano de Loreto, de donde procede el apelativo con que se la designa. El papa Sixto V, en 1587, lo aprobó para toda la Iglesia, a la que la enriquecía con indulgencias.

Al ser tan desmesurado el crecimiento de otras letanías, Clemente VIII, por el decreto Quoniam multi de 6 de septiembre de 1601, prohibió que se compusieran nuevas letanías o que volviesen a publicarse las ya divulgadas, a excepción de las letanías de los Santos y las que se suelen cantar en la Casa de Loreto. De esta forma se impusieron las letanías lauretanas sobre todas las demás y se extendieron por toda la Iglesia.

San Pío V, para conmemorar la victoria cristiana de la batalla de Lepanto, instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario (7 de octubre) y añadió a la letanía la invocación Auxilio de los cristianos. En el año 1631, la Sagrada Congregación de Ritos prohibió que se añadiesen nuevas invocaciones a las letanías de la Virgen sin permiso de la Santa Sede. En 1839, Gregorio XVI autorizó la invocación Reina concebida sin pecado original (en España se añadió Madre Inmaculada); en 1903, se incorporó la invocación Madre del Buen Consejo; en 1915, Benedicto XV incluyó Reina de la paz; en 1951, en memoria de la definición dogmática de la Asunción de la Virgen, Pío XII añadió Reina elevada al Cielo. San Juan Pablo II, teniendo en cuenta que el beato Pablo VI había proclamado a Santa María como Madre de la Iglesia, decidió incluir esta invocación –Madre de la Iglesia– en la letanía; y en la fiesta de la Sagrada Familia de 1995 añadió la aclamación Reina de la familia, siendo por ahora la última inclusión.

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Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, ten misericordia de nosotros

Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, óyenos

Cristo escúchanos

V/. Dios Padre celestial

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del mundo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo

R/. Ten misericordia de nosotros

A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros

Santa María

Santa Madre de Dios

Santa Virgen de las vírgenes

Madre de Cristo

Madre de la Iglesia

Madre de la divina gracia

Madre purísima

Madre castísima

Madre virginal

Madre sin mancha de pecado

Madre inmaculada

Madre amable

Madre admirable

Madre del buen consejo

Madre del Creador

Madre del Salvador

Virgen prudentísima

Virgen digna de veneración

Virgen digna de alabanza

Virgen poderosa

Virgen clemente

Virgen fiel

Espejo de justicia

Trono de sabiduría

Causa de nuestra alegría

Vaso espiritual

Vaso digno de honor

Vaso insigne de devoción

Rosa mística

Torre de David

Torre de marfil

Casa de oro

Arca de la Alianza

Puerta del Cielo

Estrella de la mañana

Salud de los enfermos

Refugio de los pecadores

Consuelo de los afligidos

Auxilio de los cristianos

Reina de los Ángeles

Reina de los Patriarcas

Reina de los Profetas

Reina de los Apóstoles

Reina de los Mártires

Reina de los Confesores

Reina de las Vírgenes

Reina de todos los Santos

Reina concebida sin pecado original

Reina elevada al Cielo

Reina del Santo Rosario

Reina de la familia

Reina de la paz

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desoigas nuestras súplicas en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.

V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios

R/. Para que seamos dignos de alcanzarlas promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración

Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del Ángel hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su Cruz, seamos llevados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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