Cuidado con las riquezas


Nadie puede servir a dos señores (Mt 6,24). Jesús tiene una idea clara acerca de esto: son las riquezas y los afanes del mundo los que ahogan la Palabra de Dios; son estas las espinas que ahogan la semilla que cayó en la tierra, de las que nos habla la parábola del Sembrador.

Las riquezas y los cuidados del mundo, ahogan la Palabra de Dios y no la dejan crecer. Y la Palabra muere, porque no es conservada: es ahogada. En este caso, o se sirve a la riqueza o se sirve a las preocupaciones, pero no se sirve a la Palabra de Dios. Y esto también tiene un sentido temporal, porque la Palabra es un poco construida en el tiempo ¿no? No se preocupen por el día siguiente, de lo que harás mañana… También la parábola del Sembrador es construida en el tiempo: siembra, después viene la lluvia y crece. ¿Qué hace en nosotros, qué hacen las riquezas y que cosa hacen las preocupaciones? Simplemente te quitan el tiempo.

Toda nuestra vida está basada en tres pilares: uno en el pasado, uno en el presente y otro en el futuro. El pilar del pasado es el de la elección del Señor. Cada uno de nosotros puede decir, efectivamente, que el Señor “me ha elegido, me ha amado”, “me ha dicho ven” y con el Bautismo “me eligió para ir por un camino, el camino cristiano”. El futuro, por el contrario, significa caminar hacia una promesa, el Señor “nos ha hecho una promesa”. El presente entonces, es nuestra respuesta a este Dios tan bueno que me eligió. Hace promesa, me propone una alianza y yo hago una alianza con Él. Por lo tanto, estos son los tres pilares: “elección, alianza y promesa”.

Los tres pilares de toda la historia de la Salvación. Pero cuando nuestro corazón entra en esto que nos dice Jesús, se reduce el tiempo: reduce el pasado, el futuro, y se funde en el presente. Y a aquello que está unido a las riquezas, no le importa el pasado o el futuro, tiene todo allí. La riqueza es un ídolo. No tiene necesidad de un pasado, de una promesa, de una elección: nada. Lo que me preocupa acerca de lo que puede pasar, corta su relación con el futuro. “¿Pero, puede durar esto?”, entonces el futuro se vuelve futurista, que no te orienta a ninguna promesa: permanece confuso, queda solo.

Por esta razón, Jesús nos dice que, o se sigue el Reino de Dios o sino a las riquezas y a las preocupaciones mundanas. En el Bautismo somos elegidos en el amor por Él, tenemos un Padre que nos puso en camino. Y así, el futuro también es alegre, porque caminamos hacia una promesa. El Señor es fiel, Él no defrauda, y por lo tanto estamos llamados a hacer lo que podemos, sin decepción, sin olvidar que tenemos un Padre en el pasado que nos ha elegido. Las riquezas y las preocupaciones, advirtió, son las dos cosas que nos hacen olvidar nuestro pasado, que nos hacen vivir como si no tuviéramos un Padre. Y también nuestro presente es un presente que no va. Olvidar el pasado, no aceptar el presente, desfigurar el futuro: esto es lo que hacen las riquezas y las preocupaciones. El Señor nos dice: ¡Pero, no te preocupes! Busquen el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá. Pidamos al Señor la gracia de no equivocarnos con las preocupaciones, con la idolatría de la riqueza y siempre tener memoria de que tenemos un Padre que nos ha elegido, recordar que este Padre nos promete algo bueno, que es caminar hacia aquella promesa y tener el valor de tomar el presente como viene. ¡Pidamos esta gracia al Señor! (Papa Francisco).

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