Libro de las letanías (XX): Letanía de la humildad

Letanía de la humildad

Por la senda de la humildad se va a todas partes…,

fundamentalmente al Cielo

San Josemaría Escrivá, Surco, n. 282

Estas letanías fueron compuestas por el venerable Rafael Merry del Val, que fue cardenal secretario de Estado durante el Pontificado de san Pío X.

Rafael Merry del Val nació en Londres el 109 de octubre de 1865, en el seno de una familia aristocrática española. Tras cursar sus estudios secundarios en Bruselas, ingresó en la Universidad de Ushaw (Inglaterra), en donde se despertaría su vocación sacerdotal. Por expreso deseo de León XIII realizó sus estudios sacerdotales en la Academia Pontificia de Eclesiásticos Nobles.

Secretario del Cónclave de 1903, el nuevo Pontífice, san Pío X, decidió crearle cardenal y nombrarle Secretario de Estado. He escogido a Monseñor Merry del Val -comentó el Papa- por ser políglota. Habla correctamente cinco o seis lenguas. Nacido en Inglaterra, educado en Bélgica, diplomático en Viena, español de nacionalidad, ya conoce los asuntos de muchos países. Un santo sucede a otro santo. Es muy modesto.

La identificación de Merry del Val con el Papa fue total en toda la problemática y la obra de gobierno acometidas durante el Pontificado de san Pío X. Murió en Roma el 26 de febrero de 1930, a la edad de 65 años. En la actualidad se halla abierto su proceso de beatificación, habiéndose ya declarado la heroicidad de las virtudes cristianas del Siervo de Dios.

*****

¡Oh Jesús, dulce y humilde de corazón! Escuchadme.

Del deseo de ser estimado, libradme, Jesús.

Del deseo de ser amado, libradme, Jesús.

Del deseo de ser alabado, libradme, Jesús.

Del deseo de ser honorificazo, libradme, Jesús.

Del deseo de ser loado, libradme, Jesús.

Del deseo de ser preferido a los otros, libradme, Jesús.

Del deseo de ser consultado, libradme, Jesús.

Del deseo de ser aprobado, libradme, Jesús.

Del temor de ser humillado, libradme, Jesús.

Del temor de ser despreciado, libradme, Jesús.

Del temor de sufrir repulsas, libradme, Jesús.

Del temor de ser calumniado, libradme, Jesús.

Del temor de ser olvidado, libradme, Jesús.

Del temor de hacer el ridículo, libradme, Jesús.

Del temor de ser injuriado, libradme, Jesús.

Del temor de ser incomprendido, libradme, Jesús.

Que los otros sean más amados que yo.

Jesús, dadme la gracia de desearlo.

Que los otros puedan crecer en la opinión del mundo y que yo pueda disminuir.

Jesús, dadme la gracia de desearlo.

Que los otros puedan ser elegidos y yo dado de lado.

Jesús, dadme la gracia de desearlo.

Que los otros puedan ser alabados y yo despreciado.

Jesús, dadme la gracia de desearlo.

Que los otros puedan ser preferidos siempre a mí.

Jesús, dadme la gracia de desearlo.

Que los otros puedan ser más santos que yo, pero que yo también lo sea todo lo posible. Jesús, dadme la gracia de desearlo.

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