LA MISERICORDIA DE DIOS; PACIENCIA Y JUSTICIA. Homilía del Domingo XVI del Tiempo Ordinario. (Ciclo A)

En el Evangelio según san Mateo se recogen las palabras de Cristo sobre el Juicio Final. Será cuando se haya acabado este mundo. Entonces vendrá de nuevo Jesucristo a la tierra, pero esta vez para ser Juez de vivos y muertos. Todos los hombres compareceremos ante Él. Nuestro Señor describe cómo será ese Juicio. Seremos juzgados según cómo hayamos vivido las obras de misericordia. El Juez es Jesucristo. No hay instancias superiores, porque fuera de ti no hay otro Dios que se cuide de todo, al que tenga que explicar que no juzgaste injustamente (Sb 12, 13). Estas palabras de la Escritura están impregnadas de la fe más recia en la bondad y poder de Dios, que es único y omnipotente y no tiene que rendir cuentas a nadie.

Dios es siempre justo. Tu poder es el principio de la justicia, y el ser Señor de todas las cosas te hace perdonar a todos. Muestras tu fuerza al que no cree en la perfección de tu poder, y a quienes la reconocen dejas convictos de su atrevimiento (Sb 12, 16-17). El omnímodo poder de Dios no le convierte en un tirano injusto, sino todo lo contrario. Además su justicia no está reñida con su misericordia y benignidad. Por eso el autor sagrado dice: Tú, dueño de la fuerza, juzgas con benignidad, y nos gobiernas con gran indulgencia; porque, cuando quieres, hacer valer tu poder. Por estos hechos enseñaste a tu pueblo que el justo ha de ser amigo del hombre, y llenaste a tus hijos de buena esperanza, pues, después de pecar, das ocasión para el arrepentimiento (Sb 12, 18-19).

Dios se muestra misericordioso con su pueblo, Israel, que cree en Él, pero también con toda la humanidad, con todos los hombres, cuyas malas obras castiga con indulgencia para darles ocasión de convertirse de su malicia, como dice el salmista: das ocasión para el arrepentimiento. Sin embargo, no dejará de castigar a los que se empecinan en su incredulidad y malicia. Cuando Jesucristo envió a sus apóstoles a que fueran por todo el mundo para predicar el Evangelio a toda criatura, les dijo: El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará (Mc 16, 16).

Por el bautismo se nos quitó el pecado original, pero en nuestra naturaleza humana está el fomes peccati o concupiscencia, que es la tendencia que el ser humano tiene hacia el mal. En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: No obstante, en el bautizado permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia, o metafóricamente fomes peccati: “La concupiscencia, dejada para el combate, no puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de Jesucristo. Antes bien ‘el que legítimamente luchare, será coronado’” (2 Tm 2 ,5) (Concilio de Trento) (n. 1.264).

Porque Dios sabe que nuestra naturaleza -aunque ha sido sanada y redimida- continúa dañada por el pecado de origen, nos ha revelado por medio de san Pablo que el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Pero el que sondea los corazones sabe cual es el deseo del Espíritu, porque intercede según Dios en favor de los santos (Rm 8, 26-27). Además tiene paciencia con nosotros y siempre está dispuesto a perdonar.

Hay una parábola del Señor -la de la cizaña- que hace referencia a lo que ocurrirá al fin del mundo, pero también sobre la paciencia. Esta parábola complementa a la del sembrador, aunque en sentido distinto. Y también el divino Maestro la explica. El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue (Mt13, 24-25). El campo es el mundo, dirá el Señor en la explicación. Dios nos ha dado el mundo por heredad y es misión del cristiano sembrar la buena semilla, difundir la doctrina cristiana para que muchas almas conozcan y amen a Cristo, hacerse eco a las enseñanzas de la Iglesia.

Los tiempos actuales son también tiempos recios según la expresión de santa Teresa de Jesús para referirse a la época que le tocó vivir. El enemigo -el diablo- siembra mucha cizaña, mientras dormían los hombres. Quizá haya tanta cizaña en el mundo de hoy día porque los católicos hemos estado dormidos. Ya es hora de salir del sueño. La falta de celo apostólico y de ilusión por transmitir los ideales cristianos, en bastantes católicos, es el sueño malo que permite al enemigo la siembra del error, la ausencia de valores morales, la promulgación de leyes claramente contrarias a la ley de Dios. Por tanto, no podemos estar dormidos cuando la siembra de cizaña es abundante.

Continuemos con la parábola. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña (Mt 13, 26). Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha lanzado a voleo la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha organizado una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres -los cristianos especialmente- se han dormido, y han permitido que el enemigo se acercara (Es Cristo que pasa, n. 123).

Al darse cuenta los hombres que debieron estar despiertos siempre de que con el trigo crecía la cizaña, se acercaron al dueño del campo y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? (Mt 13, 27). Y el amo de aquellos siervos en vez de echarles en cara su negligencia, sin perder la serenidad les dice: Algún enemigo lo habrá hecho (Mt 13, 28). Entonces aquellos hombres propusieron a su señor arrancar la cizaña. Pero éste les respondió: No, no vaya a ser que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad que crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega les diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero (Mt 13, 29-30). El amo sabe que la cosecha de trigo no se ha de malograr aunque haya cizaña.

Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué ha crecido la cizaña en su campo, la explicación salta a los ojos: inimicus homo hoc fecit, ¡ha sido el enemigo! (San Juan Crisóstomo). Por más que la cizaña amenace invadir y ahogar el buen trigo, la fe nos dice que mientras dura la vida es tiempo de conversión y de misericordia. Crecerá el trigo entre las malas hierbas, y la fe y el amor acabarán por romper la resistencia diabólica que se opone a que los hombres vuelvan a los caminos de Dios. Lo nuestro es sembrar el bien, ahogar el mal con abundancia de bien. A pesar de las sombras que oscurecen el panorama del porvenir inmediato de nuestro mundo, no nos falta la esperanza, porque Cristo es la Luz que disipa las tinieblas. El triunfo del Señor está asegurado, porque Él nunca pierde batallas. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rm 5, 20). El bien sembrado por los católicos acabará ahogando el mal de la cizaña.

Como hizo con otras parábolas, también Jesús explica ésta a sus apóstoles. El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre (Mt 13, 37-43).

Partimos de esta premisa. Dios quiere que todos los hombres se salven. No predestina a ninguno al infierno. A todos les da la gracia suficiente para salvarse. Sin embargo el Señor habla de los hijos del Maligno. Viene a la memoria la respuesta que dio un chiquillo a su catequista cuando éste le preguntó: ¿Quién creó a los demonios?, y el chaval dijo: Dios los creó ángeles, pero ellos se hicieron demonios. Pues bien, el Señor siembra la palabra, y hay quienes la acogen en su corazón y viven conformes a esa palabra: son los hijos del Reino. Pero también el diablo siembra sus asechanzas -la cizaña-; y desgraciadamente obtiene fruto en algunos hombres, que son los que Jesús llama los hijos del Maligno. Y tanto los hijos del Reino como los hijos del Maligno están en este mundo.

Ya pasó en vida de Jesús, donde su predicación del Reino encontró la oposición que Satanás sembró en los enemigos del Señor. Y pasa en la vida de la Iglesia, ya que es inevitable que los hijos de Dios convivan con los hijos del Maligno: el mal y el bien coexisten y se desarrollan a lo largo de la historia. La enseñanza del divino Maestro versa sobre la paciencia: como no es fácil distinguir entre el trigo y la cizaña hasta que no aparece la espiga granada, tampoco a veces es fácil separar el bien y el mal. Pero al final, Cristo -Hijo de Dios triunfante- juzgará a todos y dará a cada uno su merecido.

Dios es remunerador: premia a los buenos y castiga a los malos. Pero esto ocurrirá en el momento de la siega -el fin del mundo-, cuando los segadores -los ángeles- reúnan la cizaña para quemarla y almacenen el trigo en granero -el Cielo-. En el Juicio Final resplandecerá la justicia de Dios, pero también su misericordia. Entre los justos habrán muchos que gracias a la paciencia de Dios no fueron castigados en el momento de cometer la maldad y, después de pecar, les dio la ocasión de arrepentirse, y aprovecharon esa gracia del arrepentimiento logrando de Dios el perdón de sus pecados.

Le pedimos a la Virgen María -en Ella sólo hubo trigo bueno- que nos ayude para que la simiente que Cristo Jesús, su Hijo, ha sembrado en nuestra alma produzca los frutos que Dios espera, frutos apostólicos y de santidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s