Dos formas de martirio

En el Evangelio resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará (Lc 9, 24). He aquí una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresado con una paradoja muy eficaz, que nos permite conocer su modo de hablar, casi nos hace percibir su voz… Pero, ¿qué significa “perder la vida a causa de Jesús”? Esto puede realizarse de sos modos: explícitamente confesando la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo de perder la vida por Cristo. Pero está también el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un”perder la vida” por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica de Cristo, la lógica del don, del sacrificio. También ellos son mártires. Mártires cotidianos, mártires de la cristiandad. Cuántos hombres rectos prefieren ir a contracorriente, con tal de no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad. ¡Adelante, sed valientes e id a contracorriente! ¡Y estad orgullosos de hacerlo! (Papa Francisco).

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