Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 1ª (Separación de los apóstoles)


Separación de los apóstoles

¿Permanecieron los apóstoles juntos en Jerusalén? Aún después de la muerte de san Esteban los apóstoles continuaron algún tiempo -poco- en Jerusalén. Hasta entonces apenas se había anunciado el Evangelio más que en Judea y Samaria; pero para cumplir el mandato del divino Maestro: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16, 15), los apóstoles resolvieron dispersarse por las diversas provincias del imperio romano, y llevar la Buena Nueva de Jesucristo a las regiones remotas de la tierra. Esto ocurrió hacia el año 36.

¿Qué es el llamado “Símbolo de los Apóstoles” ? Con el fin de que todas las verdades principales de la religión cristiana fueran enseñadas de la misma manera, sin omitir ni añadir otras ajenas al mensaje salvífico de Cristo, los apóstoles, antes de separarse, hicieron un breve elenco de dichas verdades, que es el mismo que ha llegado hasta nosotros con el nombre de Credo o Símbolo de los Apóstoles.

¿Cuál es el texto del “Símbolo de los Apóstoles”? El texto del Credo es el siguiente: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, // Creador del cielo y de la tierra. // Creo en Jesucristo, su único Hijo, // Nuestro Señor, // que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, // nació de Santa María Virgen, // padeció bajo el poder de Poncio Pilato, // fue crucificado, muerto y sepultado, // descendió a los infiernos, // al tercer día resucitó de entre los muertos, // subió a los cielos // y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. // Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. // Creo en el Espíritu Santo, // la santa Iglesia católica, // el perdón de los pecados, // la resurrección de la carne y la vida eterna. // Amén.

¿Adónde fue san Pedro? Los doce apóstoles (Matías había sustituido a Judas Iscariote), encabezado por Simón Pedro, dieron en Jerusalén un testimonio fiel, que, según les había dicho el Señor, implicó la persecución. De acuerdo con esto, la primera parte de los Hechos de los apóstoles concluye con la narración de la muerte de Santiago el Mayor y la prisión de san Pedro, y su posterior marcha de Jerusalén.

A partir de Pentecostés, san Pedro realiza su tarea evangelizadora en Jerusalén. Después con la persecución desatada contra los cristianos por el rey de Judea Herodes Agripa, el apóstol marcha a Antioquía, capital de Siria y metrópoli de todo el Oriente. Desde allí dirigió la difusión del Evangelio, anunciando la fe en Cristo en las comarcas vecinas y fundó las primeras iglesias de Asia Menor.

¿Qué pasó en la persecución del rey Herodes Agripa? San Lucas cuenta: Por aquel entonces, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en cárcel bien custodiado, la Iglersia oraba insistentemente a Dios por él (Hch 12, 1-5). En la noche anterior al día en que Herodes iba presentar a Pedro al pueblo, un ángel apareció en el calabozo y rompió las cadenas con las que estaba san Pedro encadenado. A continuación el ángel abrió la puerta de la cárcel, y el apóstol llegó al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante el ángel y Pedro. Éste, viendo lo ocurrido se dijo: Ahora sé realmente que el Señor ha enviado su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos (Hch 12, 11). Y andando por la calle se dirigió a casa de la madre de Marcos, donde muchos cristianos estaban reunidos en oración.

¿Vivió mucho tiempo san Pedro en Antioquía? No. Aproximadamente hacia el año 42 san Pedro se trasladó a Roma donde estuvo hasta su muerte en el año 67. No sin una inspiración divina el Príncipe de los apóstoles trasladó su sede de Antioquía a Roma, que era la capital del mundo antiguo.

¿Fue grande la actividad de san Pedro en Roma? A partir de la llegada de san Pedro a Roma, esta ciudad se convirtió desde entonces en el centro del mundo cristiano. El apóstol Pedro, en cuanto llegó a la capital del imperio romano se puso en relación con la importante colonia de judíos instalada en la ciudad, y su predicación, secundada por la gracia, produjo muy pronto abundantes frutos apostólicos, con muchas conversiones.

En Roma comenzó a formarse la sociedad cristiana, y la predicación oral de san Pedro fue puesta por escrito por su discípulo Marcos. Éste, al igual que había hecho ya san Mateo, escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo un relato de la vida y de las enseñanzas de Jesús, que es el Evangelio según san Marcos. Además, san Pedro, consciente de su Primacía sobre toda la Iglesia, escribió dos cartas dirigidas a los cristianos con objeto de asegurar la fidelidad a Jesucristo, poniéndoles en guardia ante los peligros de falsos maestros, y explicándoles las enseñanzas fundamentales del cristianismo.

Apenas habían transcurridos cinco años de su llegada, cuando ya la importancia creciente de la Iglesia de Roma inspiró a los gobernantes grandes recelos que se tradujeron en disposiciones tan rigurosas como el edicto del emperador Claudio, por el cual desterraba de la ciudad a todos los judíos, con los cuales fueron incluidos los cristianos.

San Pedro, ya por sí mismo, ya por medio de misioneros enviados por él, hizo conocer el Evangelio en muchas ciudades de Italia, Hispania, las Galias y Bretaña. Su colaborador san Marcos se fue a fundar la Iglesia de Alejandría y desde allí se extendió la fe a todo el Norte de África.

¿Por qué lugares predicó el Evangelio el apóstol san Pablo? Después de haber anunciado la Buena Nueva por algún tiempo en Tarso, su ciudad natal, san Pablo, que de perseguidor de los discípulos se había convertido en apóstol, se fue a Antioquía de Siria acompañado por san Bernabé. Ambos hicieron una gran labor evangelizadora y hubo muchas conversiones. En Antioquía se dio por primera vez el nombre de cristianos a los discípulos de Jesucristo.

Poco tiempo después Pablo recibió la misión de predicar el Evangelio a los gentiles. Habiéndose embarcado con Bernabé, fue primeramente a la isla de Chipre, y en Pafos convirtió al procónsul Sergio Paulo. Desde Pafos, por vía marítima, ambos apóstoles se dirigieron a Asia Menor, y recorrieron sucesivamente Perge de Panfilia, Antioquía de Pisidia, Iconio y Listra. En esta última ciudad, Pablo vio a un hombre impedido de pies, cojo desde el seno de su madre, por lo que nunca había podido andar, que le estaba escuchando. El apóstol fijó en el tullido la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo: Levántate, ponte derecho sobre tus pies (Hch 14, 10). Y al instante aquel hombre se levantó y se puso a andar, con sorpresa de todos los allí presentes, que exclamaron: Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos (Hch 14, 11). Como aquella gente eran idólatras, quisieron expresar se respeto y veneración a Pablo y a Bernabé ofreciéndoles sacrificios, pero los dos apóstoles se opusieron a ello enérgicamente.

¿Surgió en los tiempos apostólicos alguna controversia? Sí. Las primeras disensiones fueron motivadas por la obligatoriedad o no de seguir la Ley mosaica por los gentiles que se convertían al cristianismo. Después de estar en Listra, Pablo y Bernabé volvieron a Antioquía de Siria porque allí se había suscitado entre los fieles una grave polémica. Los cristianos procedentes del judaísmo sostenían que los paganos que abrazaban la fe debían quedar sujetos a la Ley de Moisés, y que era necesaria la circuncisión para la salvación; otros opinaban lo contrario. Para terminar con la controversia, Pablo y Bernabé decidieron consultar la cuestión con los otros apóstoles, que a la sazón se encontraban en Jerusalén.

Reunidos en concilio los apóstoles y los presbíteros se trató del asunto, y concluida la discusión, se decretó que no se obligase a los paganos convertidos a que observasen los preceptos de la Ley de Moisés. Al final de la reunión conciliar, los apóstoles dijeron, dirigiéndose a todos los fieles: Ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros, no imponeros ninguna otra carga más que éstas necesarias: que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y de lo ahogado y de la fornicación (Hch 15, 28-29).

¿Cuáles son los otros viajes apostólicos de san Pablo? Finalizado el concilio de Jerusalén, Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía, donde permanecieron enseñando y anunciando la Buena Nueva. Unos días más tarde, dijo Pablo a Bernabé: “Vayamos de nuevo y visitemos a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado la palabra de Dios para ver cómo están” (Hch 15, 36). A Bernabé le pareció bien, pero quería llevar con ellos a Marcos, pero Pablo se opuso ya que Marcos se había separado de ellos en Panfilia y desde entonces nos les había acompañado en la evangelización. Esto motivó que los dos se separaran. Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó para Chipre, y Pablo, eligiendo como compañero a Silas, partió y fue recorriendo Siria y Cilicia, confirmando a las Iglesias.

Primeramente estuvo en Derbe y luego a Listra. En esta población tomó como compañero a Timoteo. Después recorrió varias ciudades de Asia Menor. Estando en Tróade, Pablo tuvo una visión en la cual Dios le llamaba para predicar el Evangelio en Macedonia, y partió inmediatamente para allá. Después de estar un tiempo en diversas poblaciones de Macedonia, viajó a Grecia. En Atenas se presentó en el Areópago y dijo a los allí presentes: Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues a ese que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo (Hch 17, 22-23). Algunos de los que le oyeron creyeron en Jesucristo, contándose entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y varios más.

Antes de salir de Grecia, quiso Pablo llevar la fe también a la importante ciudad de Corinto, después de lo cual volvió a Asia Menor y se detuvo en Éfeso. Esta ciudad era famosa por su templo a la gran diosa Artemisa, centro religioso del paganismo de aquella región. También aquí Pablo predicó la Buena Nueva de Jesucristo, y consiguió que muchos efesios abriesen los ojos a la luz de la verdad. Terminada su misión en Éfeso y después de encargar a su discípulo Timoteto el cuidado de la Iglesia en aquella localidad, se embarcó para Jerusalén, recorriendo de nuevo Macedonia y Grecia.

¿Por qué motivo Pablo viajó a Roma? En Jerusalén Pablo y sus compañeros fueron recibidos por los cristianos de la Ciudad Santa con agrado. Sin embargo, los judíos, exasperados al ver el resultado que entre los gentiles producía la predicación de Pablo, tomaron la resolución de matarlo. Con este intento el populacho se apoderó de él cuando estaba orando en el Templo, y fue llevado a comparecer ante el tribuno Lisias. Después fue conducido a Cesarea donde estuvo preso. Viendo entonces que iba a ser puesto en manos de los judíos, porque el nuevo gobernador, Porcio Festo, quería congraciarse con los judíos, el apóstol Pablo hizo valer su condición de ciudadano romano y apeló al César. Por este motivo Pablo fue enviado a Roma, llegando a la capital del Imperio después de una larga y penosa travesía.

Y Lucas, que desde un tiempo atrás acompañaba a Pablo, cuenta: Y así llegamos a Roma. Los hermanos de Roma, que habían oído hablar de nuestras peripecias, salieron a recibirnos al Foro Apio y Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y se sintió animado. Una vez en Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba (Hch 28, 14-16). Allí Pablo continuó con su predicación, explicando a los judíos principales de la ciudad el motivo de por qué estaba allí, y hablándoles del Evangelio. Unos de los judíos aceptaron la fe cristiana, y otros, permanecieron incrédulos. Permaneció allí un bienio en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos (Hch 28, 30-31).

¿Dónde predicaron los apóstoles? La tradición nos ha transmitido la misión que llevaron los apóstoles tras realizar su labor en Palestina. Andrés, después de haber llevado la fe a la Escitia, murió crucificado en Patras, ciudad de Grecia; Tomás predicó la doctrina de Jesucristo en la India; Mateo, en Judea y Persia; Felipe, en Frigia; Bartolomé, en Arabia y Armenia Menor; Santiago el Mayor evangelizó Judea y España, siendo martirizado en Jerusalén durante la persecución de Herodes Agripa.

Simón predicó el Evangelio en Mesopotamia; Judas Tadeo, también en Mesopotamia y en Arabia y Siria; Matías, en Etiopía; Santiago el Menor se quedó en Jerusalén, de donde fue su primer obispo; Juan predicó principalmente a los pueblos de Asia Menor, viviendo la mayor parte en Éfeso.

Pedro, después de predicar en Jerusalén, estuvo en Antioquía y Roma, sucesivamente; y finalmente, Pablo y Bernabé llevaron el Evangelio por muchos lugares del Imperio romano, lindantes con el mar Mediterráneo.

¿Qué se sabe de los últimos años de la vida de la Virgen María? La última referencia que se hace de la vida terrena de la Virgen María en la Sagrada Escritura está en los Hechos de los apóstoles cuando se dice que los apóstoles regresaron al cenáculo de Jerusalén después de la Ascensión del Señor y allí todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos (Hch 1, 14). Con los discípulos de su Hijo, María estaría esperando la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés.

Después no hay más noticias de la madre de Jesús, pero lo que si se puede decir con seguridad es que el apóstol Juan cuidó de ella con filial solicitud hasta el último momento de la vida de María en la tierra. Cumplió perfectamente el encargo que le dio Cristo en el Calvario. Y es una verdad de fe la asunción de la Virgen en cuerpo y alma al Cielo. El papa Pío XII definió el dogma de la Asunción con estas palabras: La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste. En esta definición dogmática no se dice si María murió y fue resucitada después; o bien, sin pasar por la muerte fue asunta al Cielo.

Los evangelios apócrifos sí narran el tránsito de la Virgen de este mundo al Cielo. Estas narraciones apócrifas no hacen sino adornar y dramatizar una tradición común y verídica, que se remonta a los mismos tiempos apostólicos. Del siglo IV es el primer testimonio artístico que representa la Asunción de María a los cielos, que se encuentra en la iglesia de Santa Engracia de Zaragoza.

Además hay una tradición constante y fidedigna que afirma que María Santísima fue transportada por ángeles en carne mortal desde Jerusalén hasta Zaragoza para consolar y animar al apóstol Santiago el Mayor, mandándole que edificara allí, a las orillas del río Ebro, una iglesia en honor de Ella, y prometiéndole que nunca faltarían verdaderos cristianos en las tierras evangelizadas por él. Este fue el origen del santuario de Nuestra Señora del Pilar, el primero que en el mundo se levantó en honor de la Madre de Dios.

¿Cuándo se definió la virginidad perpetua de María? La Virginidad de María, que está revelada por Dios en la Sagrada Escritura y en la Tradición, se expresa diciendo que Santa María fue siempre virgen: antes del parto, en el parto y después del parto.

Ya en el siglo IV se empleaba la fórmula: Virgen antes del parto, en el parto y después del parto. En el año 451 san León Magno en la Carta a san Flaviano afirma la fe católica sobre la virginidad de María en la concepción y en el parto de Cristo. El Concilio II de Constantinopla (año 553) incluye siempre virgen, con sentido de plenitud y perpetuidad. En el Sínodo Romano del año 649, presidido por el papa san Martín I, enseña: Si alguien no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, que la santa y siempre Virgen e inmaculada María es propia y verdaderamente Madre de Dios, como quiera que propia y verdaderamente concibió sin semen, por obra del Espíritu Santo, al mismo Verbo-Dios que nació del Padre antes de todos los siglos; y que lo dio a luz sin corrupción, permaneciendo su virginidad indisoluble, aun después del parto, sea anatema.

También los concilios ecuménicos IV de Letrán y II de Lyon profesan y defienden la perpetua virginidad de María. Y ya en el siglo XX, el beato Pablo VI, en la Solemne Profesión de fe -más conocida como Credo del Pueblo de Dios– reafirmó el dogma de la perpetua virginidad de María diciendo: Creemos que María es la madre, que permaneció siempre virgen, del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo.

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