Victoria final de Cristo


En la lucha final entre Dios y el mal, hay un gran peligro: “la tentación universal”. La tentación de ceder a las adulaciones de quien quisiera vencer sobre Dios, creyéndose mejor que quién cree en Él. Pero precisamente quien cree tiene una referencia clara donde mirar. Es la historia de Jesús, con las pruebas sufridas en el desierto y después las tantas soportadas en su vida pública, con insultos y calumnias, hasta el extremo de la Cruz, donde el príncipe del mundo pierde su batalla delante de la Resurrección del príncipe de la paz.

En la agitación final del mundo, descrito en el Evangelio, lo que está en juego es más alto del drama representado por las calamidades naturales.

Así, cuando Jesús habla de estas calamidades, nos dice que habrá una profanación del templo, una profanación de la fe, del pueblo: será la abominación, será la desolación de la abominación. ¿Qué significa esto? Será como el triunfo del príncipe de este mundo: la derrota de Dios. Él parece que en ese momento final de calamidad, vendrá sobre este mundo, será el dueño del mundo.

He aquí el corazón de la “prueba final”: la profanación de la fe. Que además es muy evidente de lo que sufre el profeta Daniel: echado a la fosa de los leones por haber adorado a Dios en vez de al rey. Por lo tanto, “la desolación de la abominación” tiene un nombre preciso, “la prohibición de adoración”. No es permitido hablar de religión, porque sería algo privado. De esto públicamente no se habla. Los signos religiosos se eliminan. Se debe obedecer a las órdenes que vienen de los poderes mundanos. Se pueden hacer muchas cosas, cosas bonitas, pero no adorar a Dios. Prohibición de adoración. Éste es el centro de este fin. Y cuando llega a la plenitud -al “kairos” de esta actitud pagana, cuando se cumple este tiempo- entonces sí, vendrá Él: “Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria”. Los cristianos que sufren tiempos de persecución, tiempos de prohibición de adoración son una profecía de lo que nos sucederá a todos”.

En el momento en el que los “tiempos de los paganos se han cumplido”, es el momento de levantar la cabeza, porque está cerca la victoria de Jesucristo. No tenemos miedo, Él solamente nos pide fidelidad y paciencia. Fidelidad como Daniel, que ha sido fiel a su Dios y ha adorado a Dios hasta el final. Y paciencia, porque los cabellos de nuestra cabeza no caerán. Así lo ha prometido el Señor. Nos hará bien pensar en esta apostasía general, que se llama prohibición de adoración y preguntarnos: “¿yo adoro al Señor? ¿yo adoro a Jesucristo, el Señor? ¿O un poco mitad y mitad, hago el juego del príncipe de este mundo?” Adorar hasta el final, con confianza y fidelidad: ésta es la gracia que debemos pedir a Dios (Papa Francisco).

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