Historia de la Navidad (II)


Historia de la Navidad

Las misas de Navidad

La fiesta de Navidad comporta en Occidente una característica única: se celebra

cuatro veces la misa. San Gregorio Magno (+ 604) empieza así su homilía sobre la Navidad: La generosidad del Señor nos permite hoy celebrar la misa tres veces. Es el testimonio más antiguo acerca de las tres misas, que hasta nuestros días han constituido una de las particularidades de la liturgia de Navidad: misa de medianoche, misa de la aurora, misa del día y, precediéndolas, la misa de la vigilia en la tarde del 24 de diciembre. Las tres misas de Navidad eran al principio propias de la liturgia papal.

Primitivamente la fiesta de Navidad sólo tenía la misa del día, que se celebraba en la basílica de San Pedro. Todavía era así en tiempo de san León Magno (+ 461). Pero inmediatamente después del concilio de Éfeso (año 431), que había reconocido a Santa María el título de Madre de Dios, en el mismo lugar que estuvo la iglesia que el papa Liberio mandó construir en honor de la Virgen, se había erigido en honor suyo una basílica en el monte Esquilino, Santa María la Mayor. Durante el pontificado de Sixto III (432-440) se introdujo la costumbre de celebrar otra misa a medianoche en dicha basílica. El citado papa había construido en este templo una capilla en honor del nacimiento de Jesucristo: era como una réplica de la gruta de Belén, a la que más tarde (siglo VI) fue enriquecida con reliquias del pesebre donde el Niño Dios fue envuelto en pañales. La misa de medianoche era presidida por el Romano Pontífice, y la hora de la celebración se debía a la costumbre que existía entre los cristianos de Jerusalén: éstos acudían a la basílica de Belén y pasaban la noche en plegaria junto a la gruta donde se veneraba la memoria del nacimiento del Señor.

El 25 de diciembre también se celebraba en Roma el aniversario de santa Anastasia en su basílica al pie del Palatino. Era fiesta para las autoridades bizantinas, que residían cerca de dicha basílica en los antiguos palacios imperiales. Con el fin de honrarlas, el Papa iba a celebrar la misa de santa Anastasia antes de trasladarse a San Pedro para la misa del día. Al cabo de cierto tiempo, aunque continuó celebrando la Eucaristía en la basílica del Palatino, el Papa usó formularios relacionados con la Natividad de Jesús y se limitó a hacer memoria de la santa titular. Fue la misa de aurora. De este modo los libros litúrgicos anunciaban sucesivamente para la tarde del 24 de diciembre la reunión o estación en Santa María la Mayor; para la noche la estación en la misma basílica, pero junto al pesebre; para la aurora la estación en Santa Anastasia; y para el día la estación en San Pedro. Cuando los libros de la liturgia papal se propagaron por Italia y más allá de los Alpes, y sobre todo cuando Carlomagno impuso su utilización en su imperio, las tres misas de Navidad fueron aceptadas por todo el Occidente. Pero hay que observar que tenían que celebrarse según el horario previsto. Fue un abuso introducir, en la época moderna, la celebración seguida de las tres misas. Actualmente las misas de Navidad se celebraban cada una a su hora.

La misa de medianoche se la conoce popularmente por la Misa del gallo. El motivo de esta denominación es porque solía caer ad galli cantus (al canto del gallo), de donde le quedó su sugestivo nombre que nada tiene que ver con el hecho de que en algunos países acostumbraran comer gallo al horno en la cena de Nochebuena.

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