Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 5ª (Las Cruzadas)


Las cruzadas

¿Qué fueron las Cruzadas? Las cruzadas fueron empresa común de toda la Cristiandad, impulsada por la religiosidad del pueblo y la iniciativa de los papas -quienes otorgaron gracias espirituales a quienes participaban- con el fin de recuperar los Santos Lugares, que estaban que estaban en poder de los turcos selyúcidas, quienes no permitían el paso de los peregrinos.

Fueron, por tanto, las cruzadas expediciones militares lanzadas por la Cristiandad contra los musulmanes, con el fin de conquistar o retener las tierras santificadas por Cristo, escenario de su vida y Pasión, y así facilitar las peregrinación de los cristianos a Tierra Santa.

¿Cuál fue su origen? El emperador Alexis I Comneno, emperador del Imperio de Oriente, estando en apuros envió una embajada al papa Urbano II. Alexis I sugirió al papa que pidiese a los caballeros cristianos ayuda en su combate contra los turcos. Esta petición está en la base del discurso que pronunció Urbano II en el Concilio de Clermond del año 1095. El papa animó a los príncipes cristianos y a la nobleza a socorrer a los cristianos orientales y liberar Tierra Santa -especialmente el Santo Sepulcro del Señor- de manos de los infieles. Urbano II concedió indulgencias plenarias a los cruzados. Si un hombre se decide a liberar la Iglesia de Dios en Jerusalén movido por una piedad sincera y no por amor a la gloria o al propio provecho, el viaje le supondrá el descuento total de sus pecados.

Muchos predicadores -Pedro Ermitaño e infinidad de monjes- recorrieron los caminos de Europa predicando la Cruzada. El grito de Dios lo quiere resonó por todo el Viejo Continente. La predicación de la Primera Cruzada movilizó a fieles de toda condición; y muchos nobles decidieron seguir la llamada.

¿Tuvieron éxitos las Cruzadas? La Primera Cruzada fue un éxito: el día 15 de julio de 1099, Jerusalén era conquistada, fue arrebatada a los infieles. Por fin, los Santos Lugares estaban en manos cristianas. El jefe de la Primera Cruzada fue Godofredo de Bouillón, que rehusó coronarse como rey allí donde Cristo -su Redentor- había llevado una corona de espinas. Sin embargo, las Cruzadas no consiguieron de un modo duradero sus objetivos, y los Santos Lugares de nuevo pasaron a manos de infieles.

¿Cuáles fueron las principales Cruzadas? Hubo varias cruzadas a lo largo de varios siglos, pero las más importantes fueron ocho.

La primera cruzada fue promovida por el papa Urbano II en 1095. La expedición fue mandada por el Duque de Lorena, Godofredo de Buillón. Con la conquista de Jerusalén en el año 1099 se creó en Palestina un reino cristiano. Cuando la noticia de la toma de la Ciudad Santa por los cruzados llegó a Roma, el papa Urbano II ya había muerto.

La segunda cruzada es de los años 1147 y 1148, ocasionada por la pérdida tres años antes de Edesa y el infortunio que amenazaba a Jerusalén. Fue predicada por san Bernardo de Claraval y dirigida por los reyes Conrado III de Alemania y Luis VII de Francia. La cruzada fracasó lamentablemente.

La tercera cruzada es del año 1189. El motivo fue la reconquista de Jerusalén, pues dos años antes había sido tomada por el sultán de Egipto, Saladino. Los jefes de los cruzados fueron Federico I Barbarroja de Alemania, que murió en Tolemaida; Felipe Augusto de Francia; y Ricardo Corazón de León de Inglaterra. No consiguieron sus objetivos, aunque hubo un pacto con Saladino para que permitiera a los cristianos peregrinar a los Santos Lugares.

La cuarta cruzada fue promovida en el año 1206 por el papa Inocencio III. Los cruzados desviaron su objetivo, y tomaron Constantinopla, capital del Imperio griego, creando el Imperio latino de Constantinopla. El papa deploró el hecho de que los cruzados, en vez de dirigirse a Tierra Santa, combatieran a los cristianos del Imperio de Oriente. Anteriormente a esta cuarta cruzada, en 1197 hubo otra mandada por el arzobispo de Manguncia. Y posteriormente otra -la Cruzada de los niños– formada por miles de niños franceses y alemanes, con un final desastroso. Unos perecieron en el camino, y otros fueron cautivados y vendidos como esclavos.

La quinta cruzada, guiada por Andrés II de Hungría en el año 1217, se dirigió a Siria y Egipto. No tuvo ningún resultado positivo.

La sexta cruzada fue del año 1228, llevada a cabo por el emperador Federico II de Alemania. La habilidad política del monarca alemán, más que las fuerzas de las armas obtuvo, sin embargo, aquello que tantos esfuerzos desplegados hasta entonces no habían logrado conseguir: la ciudad de Jerusalén. Un tratado con el sultán de Egipto puso en manos de Federico II Jerusalén, Belén, Nazaret y otros lugares, a cambio de territorios poseídos por los cristianos al norte de Siria. En marzo de 1229 Federico II entró triunfalmente en la Ciudad Santa, donde se hizo coronar rey.

La séptima cruzada, dirigida por san Luis IX, rey de Francia, en el año 1248. Su objetivo era Egipto. Terminó en desastre: el rey y el ejército fueron hechos prisioneros y hubieron de pagar por la libertad un cuantioso rescate.

La octava cruzada, del año 1270, también guiada por san Luis IX de Francia, se dirigió primeramente a Túnez, y de allí no pasó, pues la expedición cruzada sufrió una terrible epidemia de peste y una de las víctimas fue el santo rey francés.

¿Cuál es el balance final de las Cruzadas? Aunque las Cruzadas no lograron que los Santos Lugares quedaran en manos cristianas, no obstante reportaron algunos beneficios a Europa. En primer lugar, frenaron el avance de las naciones musulmanas, impidiendo nuevas empresas bélicas contra el Occidente. Después, el Imperio de Oriente dilató sus límites gracias a las victorias de los cruzados, y Constantinopla quedó preservada de la invasión turca.

También gracias a las Cruzadas hubo paz en Occidente, aunque tuvo que deplorarse la pérdida de muchos de sus habitantes, de toda condición social. Con las Cruzadas cesaron las guerras civiles pues se consideraba como algo criminal combatir por una causa que no fuera la de la Cristiandad. Además se consiguió poner en contacto Oriente con Occidente; la navegación progresó y el comercio se acreditó merced a la fundación del reino de Jerusalén.

Otro de los resultados de las cruzadas fue la creación de las órdenes militares, fusión entre el monacato y la milicia. Las primeras fueron las del Temple y del Hospital, fundadas ambas en Jerusalén, para defensa y atención a los peregrinos. Y por último, al ponerse Occidente en relación con los griegos, hubo una especie de renacimiento de las ciencias y las letras.

¿Qué lugares de peregrinación fueron los más concurridos en la Edad Media? La costumbre de peregrinar a los Santos Lugares data ya de los primeros siglos. Eusebio de Cesarea, en su Historia eclesiástica, relata cómo san Alejandro había viajado desde Capadocia para visitar Tierra Santa. En la Edad Media la peregrinación a lugares célebres de devoción constituía una de las formas de penitencia canónica o pública.

Durante varios siglos, después de ser reconocido oficialmente el Cristianismo por el Imperio Romano bajo el cetro de Constantino, era costumbre que al final de cada siglo los fieles fueran en peregrinación a Roma para rendir homenaje a Dios y al Vicario de su Hijo en la Tierra. En el año 1300 el papa Bonifacio VIII, con ocasión del inicio del siglo XIV, proclamó de modo oficial el Año Jubilar o Año Santo. Fue el primer Jubileo del Cristianismo.

En la Basílica de San Juan de Letrán hay una pintura en la que se representa al Pontífice citado leyendo la Bula de Proclamación del Jubileo. La Bula hace referencia a la concesión de la indulgencia plenaria y de una serie de gracias anejas, hasta entonces ligadas a la peregrinación a los Santos Lugares de Palestina, a los peregrinos que visitaran Roma en el transcurso del año centenario para venerar las tumbas de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y además, confesaran sus culpas con sincero propósito de enmienda,

La extraordinaria gracia se enlazaba así con una de las expresiones más características de la espiritualidad medieval. El cristiano de aquellos siglos del Medievo -era de fe indiscutible- sentía vivamente el atractivo de la peregrinación y fue recorriendo los caminos polvorientos de la época para visitar los grandes suntuarios de los cristianos. El Santo Sepulcro de Jerusalén, las tumbas del Príncipe de los Apóstoles y del Apóstol de los Gentiles en Roma, y el sepulcro del Apóstol Santiago el Mayor en Compostela fueron los principales centros de peregrinación de la Edad Media.

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