El trigo y la cizaña


La parábola del trigo y la cizaña afronta el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios. La escena tiene lugar en un campo donde el dueño siembra trigo; pero una noche llega el enemigo y siembra la cizaña. El demonio es un “sembrador de cizaña”, aquel que siempre busca dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos. Los servidores quisieran quitar inmediatamente la hierba mala, pero el dueño lo impide. La cizaña, cuando crece, se parece mucho al trigo, y allí está el peligro de que se confundan. El mal que hay en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el Maligno. Es curioso, el Maligno va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión; él va donde no hay luz para sembrar la cizaña: ha sembrado el mal en medio del bien. Destaca la contraposición entre la impaciencia de los servidores y la paciente espera del propietario del campo, que representa a Dios (Papa Francisco).

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