Conversión: todos la necesitamos


La liturgia nos pone en la escuela de Juan el Bautista, que predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados (Lc 3, 3). Y quizá nosotros nos preguntamos: ¿Por qué nos deberíamos convertir? La conversión concierne a quien de ateo se vuelve creyente, de pecador se hace justo, pero nosotros no tenemos necesidad, ¡ya somos cristianos! Entonces vamos bien. No vamos bien. La salvación se ofrece a todo hombre, a cada uno de nosotros. Ninguno de nosotros puede decir: Yo soy santo, yo soy perfecto, yo ya estoy salvado. No. Siempre debemos acoger este ofrecimiento de la salvación (Papa Francisco).

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