Una sonrisa… por favor


El arte supremo de la sonrisa

En uno de sus libros, José Luis Martín Descalzo hace esta confesión: Si debiera pedir a Dios un don, solamente le rogaría el arte supremo de la sonrisa. Se ha escrito que la sonrisa es una especie de sacramento de Dios, un signo que de alguna forma transparenta a Dios. Los cristianos tenemos sobrados motivos para prestar a los demás el generoso servicio de la sonrisa.

Para que la sonrisa sea un compañero fiel en nuestras relaciones humanas hemos de partir de una idea positiva del hombre, viendo en él una imagen de Dios, fijarnos en la dignidad de todo ser humano.

La sonrisa nos parece un lenguaje normal, lógico con cualquier niño pequeño. Pero únicamente parece tener sitio al paso de los años, cuando el adulto se encuentra en situación de necesidad y con ella queremos transmitirle un rayo de esperanza o expresarle nuestro afecto. Evidentemente no cualquier momento es el adecuado para sonreír. La sonrisa es una excelente terapia para el alma dolorida; ella es capaz de iluminar los lugares más tenebrosos. Poseer el arte supremo de la sonrisa es todo un regalo de Dios.

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