El perdón de los pecados


(Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás. Cuando leo este pasaje, veo siempre un retrato de Jesús. Lo hemos escuchado muchas veces: él no se cansa de perdonar. Y nos aconseja hacer lo mismo. Se arrepiente pero no puede salir de esto; es débil. Es la debilidad del pecado original, y el Señor perdona. La única condición es ir a Él y decir: “he pecado, perdóname. Quisiera no hacerlo más, pero soy débil”. Éste es el pecador. Y la actitud de Jesús es siempre la del perdón. ¡Ay de quien provoca escándalos! ¿Qué diferencia hay entre pecar y hacer algo que provoca escándalo y hace mal, mucho mal? Quien peca y se arrepiente, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla y pide la salvación de Jesús. Pero quien provoca escándalo y no se arrepiente y sigue pecando fingiendo ser cristiano. Es como si llevara “una doble vida” y la doble vida de un cristiano hace mucho mal (Papa Francisco).

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