Arrepentimiento del hombre y misericordia de Dios


Hay un pasaje del Evangelio que muestra maravillosamente la misericordia de Dios con quien se arrepiente: nos enseñan esas líneas que un instante de humildad, de aceptación de la pena merecida por la propia culpa, es capaz de forzar el corazón de Dios. Es aquella escena última de la vida de Jesús, cuando -colgado en la Cruz, entre dos malhechores- escuchó el gemido arrepentido y sincero del buen ladrón: Señor, acuérdate de mí cuando hayas llegado a tu reino (Lc 23, 42). Aquel hombre sufría merecidamente el rigor de la justicia humana. Había gastado su vida inútilmente, apartado de Dios; pero se reconoció miserable, digno de muerte: Nosotros, en verdad, estamos justamente en el suplicio, pues pagamos la pena merecida por nuestros delitos; mas Éste ningún mal ha hecho (Lc 23, 40-41). este instante de arrepentimiento bastó para llevarle directamente al Cielo: Y le dijo Jesús: En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43).

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