Encuentros con Jesús


La gente que seguía a Jesús arriesgaba para encontrar a Jesús, para encontrar lo que quería. Basta pensar en el siguiente episodio que Marcos cuenta en su Evangelio: Como no podían presentárselo, por el gentío, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Estos hombres arriesgaron cuando hicieron el agujero en el techo: arriesgaron que el propietario de la casa les hiciera causa, les llevase al juez y les hiciera pagar: han arriesgado, pero querían ir donde Jesús. ¿Estoy en camino detrás de Jesús, incluso si hago el ridículo alguna vez? ¿O estoy sentado, mirando cómo hacen los otros, mirando la vida? ¿O estoy sentado, con el alma cerrada por la amargura, la falta de esperanza? (Papa Francisco).

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Toda nuestra vida, hoy como en los tiempos de Jesús, comienza con un encuentro. Un encuentro con este hombre, el carpintero de Nazaret, un hombre como todos y, al mismo tiempo, diverso. Pensemos en el Evangelio de san Juan, allí donde relata el primer encuentro de los discípulos con Jesús. Andrés, Juan y Simón: se sintieron mirados en lo más profundo, conocidos íntimamente, y esto suscitó en ellos una sorpresa, un estupor que, inmediatamente, los hizo unidos a Él… Ese fue el descubrimiento decisivo para san Pablo, para san Agustín, y para tantos otros: Jesucristo siempre es el primero, nos primerea, ,nos espera. Jesucristo nos precede siempre; y cuando nosotros llegamos, Él ya nos estaba esperando. Él es como la flor del almedro: es la que florece primero y anuncia la primavera (Papa Francisco).

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