Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 13ª (El Siglo de las luces)


El siglo de las luces

¿Cómo fueron las relaciones de las naciones católicas con la Iglesia durante el absolutismo monárquico? El período que transcurre desde mediados del siglo XVII hasta la Revolución francesa a finales del siglo XVIII es conocido en la historia como la época de las monarquías absolutas. En este período el poder civil de los Estados católicos pretendió asumir competencias propias de la Iglesia. Este nuevo cesaropapismo se dio de diversa forma en los países, con nombres distintos.

En España se denominó regalismo, que es una teoría política que defiende el derecho del poder civil a ejercer la máxima autoridad y gobierno también en el terreno eclesiástico. Su origen está el conjunto de teorías y prácticas sustentadoras del derecho privativo de los reyes de Europa Occidental medieval sobre determinadas regalías (derechos y prerrogativas exclusivas de los reyes, inherentes a la soberanía del Estado). Especialmente de las que chocaban con los derechos del Papa como supremo soberano de los reinos católicos.

En Francia se llamó galicanismo, que es el conjunto de doctrinas, con origen en Francia, que tienden a limitar la jurisdicción de la Santa Sede en cada Estado, poniendo límites a la autoridad del papal, bien frente al Estado, bien frente al concilio, a los obispos y al clero. Fue condenado por la Iglesia.

En Austria se dio el josefismo o josefinismo, que es un sistema de gobierno cesaropapista que debe su nombre al emperador José II, que reinó entre los años 1765 y 1790. La característica esencial de josefinismo consistió en una reforma radical de las relaciones entre la Iglesia católica romana y el Estado, de forma que fuera éste el que dirigiera la política religiosa en sus territorios fuera de los designios papales. En los orígenes del josefinismo se encuentran el galicanismo, el despotismo ilustrado y la peculiar situación sociopolítica del imperio austríaco, ya en decadencia frente a la Prusia luterana, y partió de unas realidades concretas, como el hecho de que los Estados de los Habsburgo eran territorialmente discontinuos y se hacía necesario una legislación que consolidara la autoridad imperial, por lo que se buscó, desde un punto de vista religioso y eclesiástico, una política que pudiera conciliar los poderes del soberano y de los obispos, dejando en un segundo plano las prerrogativas papales.

En Alemania predominó el febronianismo, fue una doctrina y un poderoso movimiento cristiano que pretendía disminuir la autoridad y los derechos del Papa y aumentar los de los obispo con el argumento de que la institución que había hecho Jesucristo de la Iglesia no era monárquica. Según esta doctrina el Papa, tiene derecho a una cierta primacía, pero está subordinado a la Iglesia universal. Aunque, considerado como el centro de unidad, el Papa puede ser visto como el guardián y campeón de la ley eclesiástica y es capaz de proponer leyes y enviar delegados en asuntos que conciernan a su posición, su soberanía sobre la Iglesia no es jurisdiccional, sino de orden y colaboración. La Iglesia está basada en el episcopado común a todos los obispos, con el Papa en el papel de primero entre sus iguales. Y defiende el conciliarismo, al decir que el sucesor de Pedro está sujeto a las decisiones de los concilios ecuménicos, en el que los obispos son sus colegas y no simplemente consultores, además de que el Papa no tiene el derecho exclusivo de convocar esas reuniones. Por lo tanto, los decretos de estos concilios generales no necesitan ser confirmados por el Papa ni pueden ser alterados por él. Además, las decisiones papales pueden ser apeladas ante el concilio.

¿Qué otro movimiento teológico se dio en esta época? El jansenismo, que exageró la doctrina de san Agustín sobre el pecado original, a la libertad y a la gracia; profesó una doctrina moral rigorista. Esta corriente de espiritualidad cristiana que tuvo su origen en las ideas de Cornelio Jansenio (1585-1638) y que se caracterizaba por una exigencia de vida virtuosa y ascética y poner la salvación en la gracia divina; fue declarada herética. El jansenismo se difundió durante los siglos XVII y XVIII en los Países Bajos, Francia, Alemania e Italia.

¿Por qué el siglo XVIII es llamado el Siglo de las Luces? Antes hay que hacer referencia a la Ilustración, que fue un movimiento cultural e intelectual europeo en que se desarrolló desde finales del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor; era el cambio de las creencias religiosas por el saber y la ciencia. Fue considerada una doctrina racionalista, donde las ideas de utilidad y el desarrollo de las ciencias, deberían conducir al progreso de la sociedad, así como a la felicidad de las personas. Todo para el pueblo pero sin el pueblo, es decir, gobiernan todos aquellos ilustrados que poseen el saber y hacen todo lo que consideran bueno para el pueblo sin consultar a éste. Así surgieron nuevas ideas como igualdad política, tolerancia y religión natural. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época.

El ideario de la Ilustración era anticristiano por su actitud de rechazo de toda verdad dogmática, que consideraba a priori como expresión de intolerancia y fanatismo. La “ortodoxia” constituía para los “ilustrados” objeto de burla, prueba de apocamiento intelectual propio de mentes retrasadas y enemigas del progreso. Ellos, los “espíritus fuertes”, tenían a gala el “libre pensamiento” y en el plano político propugnaban la tolerancia indiscriminada a todas las confesiones.

¿Qué es el racionalismo? Es una doctrina filosófica que niega toda creencia religiosa, y sólo admite las verdades y conocimientos adquiridos por la razón. Es una consecuencia del protestantismo que, al rechazar totalmente la creencia dogmática, convierte al cristianismo en una simple cuestión de “buena voluntad para los hombres”, que niega la existencia de lo sobrenatural y viene a ser un mero culto de moralidad y benevolencia. Es decir, en un “cristianismo razonable” sin dogmas ni milagros. La sustitución de la Religión revelada por una mera religión natural fue la pretensión del deísmo. Esta nueva doctrina no negaba a Dios -como el ateísmo-, sino que lo difuminaba y alejaba del hombre. El Dios de los deístas era una construcción racional, a menudo panteísta, al margen de toda Revelación. El deísmo alumbró a la masonería, sociedad secreta que rechaza toda religión positiva -y especialmente el cristianismo– y fomenta entre sus miembros la fraternidad y la práctica de la filantropía. La masonería fue condenada por el papa Clemente XII en 1738 y tuvo una indudable influencia en el desarrollo de la Ilustración.

¿Quiénes fueron los principales representantes del racionalismo? El deísmo ve en el catolicismo a su inevitable enemigo: si el catolicismo vive, no puede él sobrevivir, y el siglo XVIII se convierte en escenario de una enconada lucha, en la que los deístas toman la ofensiva y en la que cuentan con la ventaja de que las mejores inteligencias de la época son sus aliados, imponiendo de modo abrumador su dominio intelectual.

Los deístas (“filósofos”, racionalistas) formaron una auténtica secta, en la cual destaca Voltaire, que fue un divulgador brillantísimo de las ideas deístas, gracias a la claridad de su estilo y al tono satírico de sus escritos. Era tal su odio a la Iglesia Católica, que la llamaba “la infame”, a la que había que aplastar; y su ambición era acabar con la religión cristiana. También destaca Rousseau, por racionalismo naturalista que inspiró decisivamente la ideología religiosa del “Enciclopedismo”.

En Francia el espíritu de “las luces” floreció en los ambientes de la aristrocracia y alta burguesía y contagió también a la clase media urbana. Instrumento decisivo para la “popularización” de la ideología “ilustrada” fue la Enciclopedia, proyectada por Diderot y D´Alembert y realizada entre 1751 y 1772 por un grupo de redactores que recibieron el nombre de “enciclopedistas”. La Enciclopedia tenía una orientación intelectual radicalmente hostil al cristianismo, cuya pretendida incompatibilidad con las ciencias experimentales o las exigencias de la razón trataba a cada paso de resaltar. Todo esto preparó la Revolución francesa que tantas ruinas había de producir en el orden social y religioso.

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