Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 13ª (La Revolución francesa)


La Revolución francesa

¿Qué tristes acontecimientos eclesiales ocurrieron en la segunda mitad del siglo XVIII? La supresión de la Compañía de Jesús en el año 1773; el cisma provocado en la Iglesia en Francia por la Revolución francesa; y el cautiverio del papa Pío VI y su muerte en el destierro.

¿Por qué se suprimió la Compañía de Jesús? En la segunda mitad del Siglo de las Luces, la casi totalidad de las monarquías católicas están regidas por gobernantes pertenecientes a las logias masónicas o influenciados por la formación anticristiana de la Ilustración, con clara hostilidad hacia la Sede romana. Blanco preferido de la ofensiva antirromana fue la Compañía de Jesús, considerada por sus adversarios como la principal fuerza de que disponía el Papado.

Los jesuitas fueron expulsados primeramente de Portugal por rey José I, a instancias de su ministro el Marqués de Pombal. Después fue suprimida en Francia, España y Nápoles. Finalmente, las cortes borbónicas presionaron al papa Clemente XIV, y éste, con el breve Dominus ac Redemptor suprimió la Compañía fundada por san Ignacio de Loyola.

¿Qué cisma de la Iglesia se produjo en Francia? Durante la Revolución francesa, los dirigentes de la misma fueron adoptando una actitud cada vez más agresiva hacia la Iglesia Católica. En 1790 la Asamblea Constituyente aprobó la “Constitución civil del clero”, que subvertía de raíz la organización eclesiástica. Surgió entonces una Iglesia galicana, al margen de la autoridad pontificia, donde los obispos y párrocos eran elegidos por el pueblo y los nombramientos episcopales serían solamente notificados a Roma. Ya antes se había decretado la secularización de todos los bienes eclesiásticos y la supresión de los votos monásticos.

Los revolucionarios exigieron a los sacerdotes juramento de fidelidad a la Constitución política, dentro de la cual estaba la “Constitución civil del clero”. El papa Pío VI prohibió el juramento y excomulgó a los sacerdotes que lo prestaron. Así surgió el cisma entre curas “juramentados” y curas “no juramentados”. En mayo de 1792, la Asamblea Legislativa, que sucedió la Constituyente, decretó la deportación de los sacerdotes “no juramentados”. Y en septiembre de ese mismo año, la Convención sustituyó a la Asamblea Legislativa y comenzaron las matanzas de sacerdotes.

¿Qué otros males sufrió la Iglesia durante Revolución francesa? En el período del Terror (años 1793-1974) el clero leal a las decisiones de Roma, fue perseguido, encarcelado, desterrado y, una vez iniciado el período sangriento, enviado a la guillotina. Tampoco fue la Revolución francesa, en su progreso, más indulgente con su propia creación, la Iglesia constitucional. La despojó de todos sus cálices, de todas sus imágenes y pinturas, prohibió vestir el traje talar, se injirió en la liturgia, abolió el celibato del clero. Finalmente se intentó borrar de la vida francesa toda huella cristiana. Hasta el calendario fue sustituido por un calendario “republicano”. La entronización de la “Diosa Razón”, representada por una prostituta, en la catedral de Notre-Dame de París, y la institución por Robespierre del culto al “Ser Supremo” fueron otros tantos episodios de la obra descristianizadora, que tuvo una de sus expresiones en el furor iconoclasta, que dejó una huella en tantas iglesias y catedrales de Francia.

¿Por qué Pío VI murió desterrado, fuera de Roma? Los años siguientes al Terror registraron alternativas de distensión y renovada persecución religiosa. Ésta se recrudeció bajo el Directorio jacobino (1797-1799), cuando el día 15 de febrero de 1798 los franceses, atropellando los derechos del Papa, ocuparon Roma y proclamaron la República romana, de marcado carácter antirreligioso. A Pío VI, anciano de ochenta años, se le dio el título de ciudadano francés. Cuando el general Carvoni -al notificar oficialmente al Papa que quedaba despojado del poder temporal- ofreció a Pío VI la escarapela tricolor haciéndole ver que ya era un ciudadano más de la República francesa, el Sumo Pontífice contestó con gran dignidad: No conozco ni admito ningún otro uniforme sino aquél con que la Iglesia me ha honrado. Y rogó: Pido con instancia que la religión católica sea respetada, y que no se derrame la sangre de los que me han servido fielmente.

El Papa se mantuvo firme en que no podía renunciar a los derechos de la Santa Sede. El 20 de febrero se obligó al Pontífice a salir de Roma, aunque el anciano había suplicado se le dejase morir en la Ciudad Eterna. La respuesta a su súplica fue que en cualquier lugar se podía morir. Pío VI murió en la noche del 28 al 29 de agosto de 1799 en Valence-sur-Rhône (Francia). Muchos pensaron en el fin del Papado y que la Iglesia había muerto al morir el Papa, su cabeza, en el destierro. Goethe dijo: La Iglesia Católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. En términos parecidos se expresó Napoleón que, al conocer la noticia, escribió: La vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola. Muchos creyeron que Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón. Pero las palabras de Cristo se cumplieron una vez más: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18).

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