Unión con Cristo


Concluye la lectura del discurso sobre el “Pan de vida” que Jesús pronunció el día después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Al final de su discurso, el gran entusiasmo del día anterior se desvaneció, porque Jesús había dicho que era el Pan bajado del cielo y que daría su carne como alimento y su sangre como bebida. Desde ese momentos, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Frente a estas deserciones, Jesús no regatea ni atenúa sus palabras, es más: obliga a hacer una elección clara: o estar con Él o separarse de Él, y les dice a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Entonces, Pedro hace su confesión de fe en nombre de los otros Apóstoles: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de Vida eterna. No dice: ¿adónde iremos?, sino ¿a quién iremos? El problema de fondo no es ir y abandonar la obra emprendida, sino a quién ir. La fidelidad a Dios es una cuestión de fidelidad a una persona, a la cual nos adherimos para recorrer juntos un mismo camino. Y esta persona es Jesús. Todo lo que tenemos en el mundo no sacia nuestra hambre de infinito. ¡Tenemos necesidad de Jesús, de estar con Él, de alimentarnos en su mesa, con sus palabras de vida eterna! Creer en Jesús significa hacer de Él el centro, el sentido de nuestra vida (Papa Francisco).

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