Compendio de Historia de l Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La singular evangelización de Corea)


 

La singular evangelización de Corea

¿Qué singularidad presenta la evangelización en Corea? El catolicismo en Corea es una página única de la historia de la Iglesia. Nació a finales del siglo XVIII; primero como convicción intelectual y luego como aceptación de la fe. Un “jangban”, un letrado de formación confuciana llamado Lee Byeok, tuvo noticia del cristianismo por la lectura de un libro editado en China. Durante años reflexionó en aquella doctrina. En 1779 acudió a la pagoda budista de Chonjinam y discutió diez días con otros sabios. Ni las enseñanzas de Buda ni la ética agnóstica de Confucio respondían a los temas de la inmortalidad del alma, la sanción moral eterna y la existencia de un Dios personal. El cristianismo era la ilustración misma de esos problemas. Lee Byeok y sus colegas abrazaron la fe católica antes de haber conocido un solo católico. La Iglesia coreana nació así con un grupo de laicos, antes de toda catequesis oral, sin jerarquías, sin sacerdocio, sin sacramentos, y años antes de que ninguno de ellos recibiera el bautismo.

En 1784, uno de ellos -Lee Seung-hun- fue enviado a Pekín para ser bautizado recibiendo el nombre de Pedro y traer algún catecismo. Cuando seis meses después regresó a Corea, bautizó a sus compañeros. Lee Byeok al ser bautizado tomó el nombre de Juan Bautista. Aún sin sacerdotes, dividieron el país en “diócesis” y comenzaron a difundir su fe. La oposición del confucionismo oficial era previsible: Los católicos abandonaban el culto a los antepasados, predicaban la igualdad ante Dios del hombre y de la mujer, y difundiendo la igual dignidad humana alteraban la estratificación de clases entre nobleza y sirvientes. Demasiado para el humanismo formal de Confucio y para el estático devenir de la rueda eterna de Buda.

Este progresismo social de la doctrina cristiana originó la primera persecución. Lee Byeok fue encerrado en su casa por su propio padre que amenazaba suicidarse. La costumbre social confuciana prohibía a los hijos comer, dormir o reír mientras sus padres estuvieran enfadados por su causa. Lee Byeok, entonces de treinta y un años, se lavó, vistió su traje blanco solemne, se encerró en su habitación e, inmóvil, se dedicó a la oración. No se movió más. No volvió a comer ni a dormir. Quince días más tarde, el fundador de la Iglesia Católica en Corea moría de inanición. Cuando diez años después -año 1794- llegaba desde Pekín Chu Mun-mo Vellozo, el primer sacerdote católico, de nacionalidad china, los bautizados eran ya cuatro mil, tan fervorosos que en poco tiempo su número se duplicó: sin duda, un caso único de toda la cristiandad.

¿Hubo paz para los cristianos coreanos en el siglo XIX? No. En 1801 se produjo una fuerte represión contra la comunidad católica, y el sacerdote chino fue asesinado con unos trescientos cristianos, entre los que estaban el noble Juan Niou y su mujer Lutgarda, A pesar de que en 1815 y en 1827 hubo nuevas oleadas persecutorias, en 1831 el número de cristianos ya era de de seis mil. Fue entonces cuando la Santa Sede erigió un vicariato apostólico en Corea, poniendo al frente del mismo a un fervoroso misionero de China: Lorenzo Imbert. Éste es consagrado obispo en mayo de 1837 y llega a Corea seis meses más tarde. Dos años después, el 21 de septiembre de 1839 recibió la palma del martirio. Con él también compartieron el martirio dos misioneros franceses: Pedro Maubant y Jacobo Chastan.

Pero no eran ellos solos. Antes y después sufrieron martirio otros muchos cristianos, entre otros Andrés Kim Taegon y Pablo Chong Hassang.

¿Quiénes fueron Andrés KimTaegon y Pablo Chong Hassang? Andrés Kim Taegon nació en 1821 en Solmoe (Corea). Era niño cuando la familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre murió mártir en 1839. También un bisabuelo suyo había muerto mártir en el año 1814, después de diez años de prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó a ingresar al seminario.

Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron rechazados. Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre. En una pequeña embarcación de madera guió a los misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportando peligrosas tormentas.

En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.

El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado el 16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años. Antes de morir dijo: ¡Ahora comienza la eternidad! y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre y de su hermano mayor Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía siete años. Su madre vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su devota madre.

A los veinte años dejó su familia para reorganizar la Iglesia Católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico de Corea y se nombró su primer obispo, encargando a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de Corea.

Pablo introdujo al obispo Imbert en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Imbert pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle teología… Mientras tanto brotó una nueva persecución. Pablo, su mamá y su hermana Isabel fueron arrestados en el año 1839. Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su madre y su hermana sufrieron el martirio.

¿Fue la del año 1846 la última persecución contra los católicos coreanos? No. Se desencadenó una nueva persecución que en un primer momento se cobró sólo en Seúl la vida de unos cuatrocientos católicos, preludio de una tragedia en toda Corea que para septiembre de 1868 sumó unos dos mil fieles martirizados, cifra que en 1870 alcanzó los ocho mil, entre quienes sufrieron trabajos forzados o fueron asesinados por su fe.

Pese a la brutal persecución de sucesivos gobiernos contra los católicos coreanos a los largo de todo el siglo XIX, a comienzos del siglo XX aún se contaban hasta cincuenta mil los católicos que había en Corea.

¿Se puede decir también en Corea que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”? Sí. La Iglesia Católica en Corea del Sur ha experimentado un crecimiento enorme en los últimos años del siglo XX y principios del XXI teniendo un aumento de sus miembros en un 70% en la primera década del tercer milenio. Parte de este crecimiento puede atribuirse a la percepción relativamente positiva de la Iglesia por el público en general por su papel en la democratización de Corea del Sur, su participación activa en diversas obras de bienestar social, y su aproximación respetuosa a la relación entre religiones y las cuestiones de la espiritualidad tradicional coreana. Al 31 de diciembre de 2011 la Iglesia tenía más de cinco millones de católicos en Corea del Sur -el 10% de la población-. La proporción de católicos es superior entre los estudiantes y los intelectuales. Hay 15 diócesis incluyendo tres archidiócesis. Actualmente constituye la religión de mayor crecimiento en Corea del Sur, con una de las tasas de conversión más altas del mundo con unos 150.000 bautismos de personas mayores de edad al año. Las conversiones proceden del confucionismo y del budismo prevalentemente en las áreas urbanas. El concepto cristiano de igualdad y de dignidad humana, la oración como diálogo con Dios y, por tanto, como superación del “nirvana” budista, el acento personal de la moral cristiana, todo eso es atrayente para una sociedad confuciana que no comprende las virtudes morales más que en el cuadro de su utilidad social. La Iglesia Católica constituye la tercera religión más importante de Corea del Sur con un 35% de creyentes que profesan el catolicismo entre la población religiosa.

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