Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (Llegada del cristianismo a China)


Llegada del cristianismo a China

¿Cuándo llegó el cristianismo a China? Los primeros cristianos que llegaron a China eran nestorianos de Persia y establecieron una floreciente Iglesia con numerosos obispos. Esto ocurrió en el siglo VII. Del siglo XIII data la misión católica a China. El papa Inocencio IV envió a franciscanos, y estos fueron los primeros en dar a conocer en Europa la existencia de la antigua civilización china. La misión se mantuvo por espacio de más de un siglo, hasta que, con la caída de los mongoles en 1368, tocó a su fin en circunstancias poco conocidas.

La misión moderna en China comenzó realmente con la llegada del jesuita Mateo Ricci en 1568, juntamente con otros miembros de la Compañía de Jesús. Pero no fueron los hijos de san Ignacio de Loyola los únicos misioneros. También franciscanos y dominicos compartieron la tarea evangelizadora de China. A fines del siglo XVII Francia empezó a enviar sacerdotes del seminario de Misiones Extranjeras, que se había fundado en París. Y los lazaristas comenzaron a misionar el inmenso país chino, tomando bajo su responsabilidad, después de la supresión de los jesuitas, las misiones que éstos abandonaron.

¿Hubo persecución contra los cristianos en China? Sí. La evangelización de China no careció de dificultades. La conquista de los manchúes, en 1644, ocasionó un considerable retroceso, y a mediados del siglo XVIII la persecución empezó a ser sistemática. Hubo nuevos edictos y nuevos martirios durante toda la mitad del siglo XIX, hasta 1870. El heroísmo de los cristianos chinos hace que su martirologio recuerde los peores tiempos de las persecuciones romanas. Muchos de los mártires de China -indígenas y europeos, obispos, sacerdotes y laicos- han sido canonizados.

Ya en el siglo XX, en 1949, triunfó de la Revolución Comunista de Mao Tse Tung. Nada más instaurarse, el régimen comunista comenzó la persecución de las religiones -consideradas instrumentos extranjeros de control- y a interferir políticamente en las instituciones religiosas. En 1951 el papa Pío XII excomulgó a dos obispos nombrados por el Gobierno chino sin su autorización. La respuesta gubernamental fue la expulsión del nuncio apostólico y de todos los misioneros y religiosos extranjeros, restringiendo la propagación del cristianismo por todo el territorio nacional. Las relaciones diplomáticas entre Pekín y el Vaticano quedaron rotas. En 1957 el Gobierno comunista de China creó la Asociación Patriótica Católica China, un organismo estatal que pretendía implantar “los principios de independencia y autonomía, autogestión y administración democrática” en la Iglesia Católica china. Todos aquellos cristianos que formaran parte de este órgano de vigilancia e intervención del Partido Comunista podían practicar su religión públicamente.

En los años cincuenta y sesenta hubo una persecución muy fuerte contra los cristianos: todo el clero nativo y muchos laicos con capacidad de liderazgo fueron encarcelados o conducidos a campos de trabajos forzados. Muchos cristianos no soportaron los largos años de padecimiento y se hicieron miembros de la Asociación Patriótica, cediendo así a la imposición gubernamental. Otros prefirieron permanecer en la clandestinidad, manteniéndose fieles a la unidad de la Iglesia universal y al Papa. Estos últimos siguieron sufriendo la persecución, especialmente los obispos, los sacerdotes y los religiosos.

A partir de la reforma política impulsada por Deng Xiaoping a comienzos de los años ochenta, se empezó a dejar paulatinamente en libertad a sacerdotes que habían pasado hasta 25 años en la cárcel. Los excarcelados optaron por continuar en la clandestinidad para salvaguardar su fidelidad a la Iglesia y al Papa. Trataban de evitar de ese modo su detención y cautiverio.

En China existe una única Iglesia Católica, pero dividida en dos comunidades: una oficial y otra clandestina. Es decir, no hay diferencias doctrinales entre ellas, pero una admite la injerencia del gobierno y la otra no. Mientras los fieles católicos oficiales practican su religión abiertamente en hermosas iglesias y catedrales, los fieles clandestinos lo hacen en casas particulares, con cuidado de no ser descubiertos, y protegiendo a sus pastores para que no sean detenidos y sometidos a interrogatorios inhumanos por el simple hecho de ser sacerdotes. Los seminaristas oficiales reciben su formación en seminarios abiertos y son seleccionados para la ordenación en función de su afinidad con el pensamiento comunista; los seminaristas clandestinos lo hacen ocultos en viviendas normales y con frecuentes cambios de domicilio cada vez que hay indicios de que pueden ser descubiertos.

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