Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 18ª (Los mártires de Uganda)


Los mártires de Uganda

¿Cuáles son los santos africanos de la época moderna? La gloria y esplendor del período contemporáneo de la evangelización en África quedan ilustrados de modo admirable por los santos que el África moderna ha dado a la Iglesia. El beato Pablo VI manifestó con elocuencia esta realidad al canonizar a los mártires de Uganda en la Basílica de san Pedro: Estos mártires africanos vienen a añadir a ese catálogo de vencedores, que es el martirologio, una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África (…). El África, bañada por la sangre de estos mártires, primicias de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto- resurge libre y redimida.

La serie de santos que África da a la Iglesia, serie que es su mayor título de honor, continúa creciendo. Entre los más recientes están: la beata Clementina Anwarite, virgen y mártir del Congo; la beata Victoria Rasoamanarivo, de Madagascar, y santa Josefina Bakhita, de Sudán. También el beato Isidoro Bakanja, mártir del Congo.

¿Quiénes fueron los mártires de Uganda? En el año 1886 san Carlos Lwanga y doce compañeros, todos ellos de edades comprendidas entre los catorce y los treinta años, pertenecientes a la corte de jóvenes nobles o al cuerpo de guardia del rey Mwanga, que como neófitos o seguidores de la fe católica, por no ceder a los deseos impuros del monarca, murieron en la colina Namugongo, en Uganda, degollados o quemados vivos. De 1885 a 1889, en la persecución contra los cristianos decretada por el rey Mwanga fueron murieron mártires 22 católicos y 23 anglicanos.

El joven rey Mwanga, influenciado por algunas de sus amistades árabes, empezó a practicar la homosexualidad y decidió eliminar de su reino al cristianismo. Y comenzó con la ejecución de los primeros mártires jóvenes anglicanos, incluido el obispo anglicano James Hannington. Esto hizo que el seminarista católico José Mkasa, amigo personal del rey en su juventud, a hacer de profeta Natán ante el rey asesino. Pero a diferencia del rey David, que se arrepintió de sus culpas, Mwanga respondió asesinando a quien le reprochaba su comportamiento. José murió decapitado y quemado no sin antes haber perdonado de corazón al rey, por el cual oró para su conversión.

Carlos Lwanga, sustituyó al primer mártir católico en el liderazgo de la comunidad católica de la corte. Una de las preocupaciones del nuevo líder cristiano era la de proteger a los jóvenes cristianos de los deseos lujuriosos del monarca. Cuando uno de los pajes se opuso a mantener relaciones sexuales con el soberano, el mismo rey le preguntó cuál era su razón para rechazarle. El paje le dijo que estaba recibiendo el catecumenado cristiano de manos de Daniel Ssebuggwawo. El rey montó en ira y tras llamar a Daniel a su presencia le atravesó el cuello con una lanza. No contento con ello, convocó a toda la corte para el día siguiente. Carlos Lwanga, previendo lo que habría de ocurrir al día siguiente, bautizó a los cuatro catecúmenos que aún no habían recibido las aguas bautismales. Y en la mañana del 25 de mayo de 1886, el rey Mwanga separó del resto de su corte a todos los cristianos que había en la misma, incluidos quince varones menores de 25 años. Tras conminarles inútilmente a que abandonaran su fe, les condenó a muerte, sentencia que se ejecutó en parte ese mismo día y también en días posteriores. Uganda recuerda el 3 de junio como el de más martirios, tanto de anglicanos como de católicos.

De estos mártires dijo el papa Francisco durante su viaje apostólico a Uganda: Los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que, después de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que habían recibido. Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz (Papa Francisco, Homilía en el Santuario de los mártires de Uganda).

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