Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 19ª (La evangelización en Oceanía)


La evangelización en Oceanía

¿Cuándo llegó el Evangelio al archipiélago oceánico? A excepción de las islas Marianas y Carolinas, evangelizadas en los siglos XVII y XVIII por los jesuitas, todo el inmenso espacio restante, cuajado de puntitos de diminutas islas, recibió al principio del siglo XIX la primera semilla evangélica llevada por los misioneros de la congregación de los Padres de los Sagrados Corazones, también conocidos por los Padres de Picpus. Por tanto, las misiones católicas de Oceanía cuentan con poco más de dos siglos. Anteriormente, las exploraciones de Cook (1768-1779) atrajeron la atención del mundo civilizado sobre esas regiones que sólo imperfectamente se conocían desde el siglo XVI, por los viajes de Abreu, Serras y Magallanes. Éste último -portugués pero al servicio de la corona de España- fue el primer europeo que tocó las islas de Oceanía en 1529; y aunque hubo episodios aislados de una acción misionera en el siglo XVII, estos no tuvieron éxito. A finales del siglo XVIII fueron misioneros protestantes los primeros que llegaron para establecerse de forma definitiva, lo que dificultó al apostolado católico con las llamadas esferas de influencia impuestas por los protestantes.

Además de los Padres de Picpus, también llegaron los Padres de la Sociedad de María (Padres Maristas) y los Misioneros del Sagrado Corazón (Padres de Issoudun). A estos tres institutos misioneros se les confió la evangelización de Oceanía. Más tarde, en la segunda mitad del siglo XIX, llegaron misioneros de otras órdenes religiosas

¿Cómo comenzó el catolicismo en Australia? Al independizarse los Estados Unidos de Inglaterra, los presidiarios de Inglaterra fueron deportados a Australia. Con ellos, en el año 1798, llegaron los primeros católicos irlandeses, entre ellos tres sacerdotes: Harold, O’Neill y Dixon, a los cuales se les prohibió ejercer su ministerio. Por tanto, el catolicismo en Australia nació y creció en prisión. Se resume la situación de los primeros años en las circunstancias de la primera Misa de que queda constancia: fue celebrada en Sydney en mayo de 1803 para una concentración de prisioneros, bajo estrictas regulaciones gubernativas, con vigilancia de policía, por el sacerdote recluso irlandés, padre James Dixon, detenido por supuesta complicidad en la rebelión irlandesa de 1798.

Al poco tiempo los sacerdotes fueron repatriados. En el 1810 el último volvía a Irlanda,

dejando unos seis mil deportados católicos. Entonces la Santa Sede decidió enviar como prefecto apostólico al cisterciense irlandés Jeremías Flynn, pero la violencia del gobernador de Australia fue tal que tuvo que irse. Hasta 1820 la fe fue preservada por unos cuantos seglares católicos, rehusando el Gobierno permitir el ministerio sacerdotal. Tanto el Gobierno como la sociedad de la colonia eran hostiles al catolicismo, promocionando exclusivamente la religión anglicana, incluso por la fuerza, considerando al catolicismo una superstición ignorante, identificada con los intentos de rebelión irlandesa, y generalmente como una amenaza al buen orden social. En consecuencia, a los católicos se les negaba la libertad de culto si eran reclusos o se les concedía una tolerancia muy limitada si eran libres.

En 1820, el Gobierno británico nombró dos capellanes católicos, irlandeses, los Padres Therry y Connolly. El Padre Therry (1790-1864) era un sacerdote de una energía apostólica prodigiosa y valiente. Inmediatamente puso manos a la obra para acometer la ingente tarea de proporcionar auxilios espirituales a los 10.000 católicos aproximadamente que había en la población de la colonia (unos 30.000 en total). Inició la construcción de una iglesia y se vio envuelto en fuertes disputas con las autoridades civiles en su intento por asegurar la libertad de las prácticas religiosas para los católicos. Llegó a ser el héroe de la comunidad católica, tanto de los reclusos como de los libres, y una constante molestia para el Gobierno. La aprobación en 1829 de un Acta de Emancipación para los católicos, seguida del nombramiento de un gobernador más condescendiente, mejoró la situación de aquéllos en la colonia, buscando el Gobierno en 1833 la designación de una jerarquía eclesiástica con quien poder tratar, al establecer sus relaciones con la religión católica. En aquella fecha Australia era parte de una provincia eclesiástica que incluía África del Sur, isla Mauricio y Madagascar, gobernada por benedictinos ingleses. Por consiguiente, se hizo el nombramiento de un vicario general benedictino inglés, William Ullathorne (1806-89), aun cuando el laicado católico en Australia era casi exclusivamente irlandés. Ullathorne quedó aterrado del estado de vicio, e irreligiosidad de la población penal y de la terrible escasez de sacerdotes: sólo cinco para unos 16.000 católicos esparcidos. Pidió el nombramiento urgente de un obispo, siendo designado el benedictino inglés John Bede Polding (1794-1877) en 1835.

¿Cuál fue el desarrollo posterior de la Iglesia en Australia? El arzobispo Polding era un sacerdote con una fogosidad y un amor sorprendentes, de grandes aptitudes misioneras. Sin embargo, no fue un buen administrador; deficiencia acentuada por sus frecuentes y prolongadas ausencias en viajes misionales a zonas remotas. Tuvo el deseo de establecer un monasterio benedictino como centro y forma básica de la vida católica en la Australia misional, pero no pudo llevar a cabo su proyecto. El episcopado de Polding levantó pronto serios problemas, si bien tal estado de cosas se redujo a la diócesis de Sydney. En 1840, se constituyó una jerarquía eclesiástica australiana para llevar el ritmo de la rápida expansión en la colonia; Sydney, Hobart y Adelaida en 1842, Australia Occidental en 1846 y Melbourne en 1847, con Polding de arzobispo. Todos los obispos entre los años de 1840 y 1860 tuvieron dificultades por parte de algunos grupos de sacerdotes y laicos. Los orígenes de estos problemas fueron tres principalmente: el radical movimiento igualitario que era general dentro de la población de la colonia en aquel tiempo, la reacción insubordinada de 50 años de catolicismo vivido sin la autoridad del clero y las corrientes de pensamiento asociadas con los movimientos católicos liberales de Europa e Inglaterra. La fermentación fue particularmente intensa en Sydney, donde a finales de la década de los años de 1850 un grupo de laicos descontentos protestó de la administración de Polding, protesta a la que contribuyó también la resistencia de aquéllos casi todos eran de origen irlandés a la administración llevada por obispo inglés. La principal conclusión fue la necesidad de más sacerdotes. La emigración libre a Australia se había incrementado rápidamente desde la década de 1840 y con el descubrimiento de las minas de oro alcanzó dimensiones de riada durante la fiebre del oro en la época victoriana de la década de 1850. Los nuevos colonos católicos eran casi todos irlandeses y éstos pedían clero irlandés, afirmando que los benedictinos por ser ingleses querían impedirlo. Finalmente, la política benedictina de Polding terminó por orden de Roma. Después de 1865, en unos pocos años, una serie de nuevos nombramientos de obispos realizada directamente desde Irlanda calmó la situación.

¿Qué problema surgió en la segunda mitad del siglo XIX? Entre los años 1860 y 1870 surge un nuevos problema: la amenaza externa planteada por un movimiento en toda Australia para reorganizar la educación pública. El problema de la educación se planteó en los siguientes términos: el Gobierno retiraría sus asignaciones para ayuda a la educación de carácter confesional que serían ahora dedicadas exclusivamente al sistema de educación pública, la cual sería libre, obligatoria y laica. Todos los obispos se opusieron a los proyectados cambios en fuertes disputas públicas en la década de 1870, en donde condenaron el principio de educación laicista, que quitaba a los padres la libertad para elegir escuelas para sus hijos. En su primera etapa, esta confrontación fue dirigida por el arzobispo Polding y el obispo Goold de Melbourne (1812-86), encontrando más tarde una jefatura decidida y elocuente en el arzobispo Vaughan (1838-83), que sucedió a Polding en 1877. El resultado fue una serie de Actas sobre educación laica entre 1872 y 1880 a las cuales los obispos respondieron con acuerdos de construir y financiar un sistema independiente de educación católica, con órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza. Esta situación continúa y el sistema educativo ha absorbido muchas de las energías del catolicismo australiano, siendo también una fuente de fricción entre la Iglesia y el Estado.

¿Quiénes evangelizaron Nueva Zelanda? La evangelización de este país fue confiada a los Padres Maristas en el año 1833. Cinco años después, los católicos apenas eran unos trescientos. A mitad del siglo XX ya eran unos doscientos mil.

¿Hubo persecución contra los católicos? El mayor obstáculo que encontraron los misioneros católicos fue el concepto que los indígenas se habían hecho del hombre blanco como un explotador y sin escrúpulos. Esto provocó en ciertos casos reacciones violentas, y algunos misioneros regaron con su sangre los cimientos de las comunidades que estaban fundando. Entre quienes iniciaron y continuaron la tarea misionera hubo santos y mártires que constituyen la mayor gloria del pasado de la Iglesia en Oceanía. Destacan entre esos testigos de la fe san Pedro Chanel, padre marista francés, martirizado en 1841 en la isla de Futuna; los beatos Diego Luis de San Vitores y Pedro Calungsod, asesinados juntos en 1672 en Guam; el beato Giovanni Mazzucconi, martirizado en 1851 en la isla de Woodlark, y el beato Pedro To Rot, asesinado en Nueva Bretaña en 1945 a finales de la segunda guerra mundial. Junto con muchos otros, estos héroes de la fe cristiana contribuyeron, cada uno a su manera, a implantar la Iglesia en las islas de Oceanía.

Nunca se valorá suficientemente el heroísmo de los misioneros que evangelizaron Oceanía, las múltiples islas del Pacífico, en condiciones muy difíciles, condenados a menudo a la soledad por falta de comunicaciones, y en el pasado, a rivalidades con los ingleses protestantes de varias denominaciones. Entre los misioneros que han vivido, trabajado y muerto anunciando la Buena Nueva en este continente se encuentra san Damián Veuster, de nacionalidad belga y misionero de la Congregación de los Sagrados Corazones, que trabajó en Molokai, una isla entre Honolulú y Hawai, donde vivían cientos de leprosos en la más absoluta miseria física y moral. El Padre Damián se hizo leproso con los leprosos, con el fin de ganarlos a todos para Jesucristo. En el año 1889 murió consumido por la lepra y por una vida de entrega total, cuando tan sólo tenía 48 años de edad.

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