La Virgen de Guadalupe


En la festividad de la Virgen de Guadalupe, cantamos con Ella su Magníficat y le confiamos la vida de nuestros pueblos y la misión continental de la Iglesia. Cuando se apareció a san Juan Diego en el Tepeyac, dio lugar a una nueva visitación. Tantos saltaron de gozo y esperanza ante su visita y ante el don de su Hijo, y la más perfecta discípula del Señor se convirtió en la “gran misionera que trajo el evangelio a nuestra América”. Por su intercesión, la fe cristiana fue convirtiéndose en el más rico tesoro del alma de los pueblos americanos, cuya perla preciosa es Jesucristo. Y si la pusilanimidad mundana nos amenaza, que nos haga sentir su voz de madre: ¿Por qué tienes miedo? ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? (Papa Franisco).

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