El próximo año


Cuenta Darus en su Historia de la República de Venecia esta finísima anécdota. En engrandecimiento de la Plaza de San Marcos exigía la demolición de una vieja iglesia, pero el Dogo no se atrevía a ordenarlo sin el consentimiento del Papa. El embajador de la República en Roma fue encargado de solicitar el permiso, y la Cámara Apostólica respondió así: La Santa Iglesia no permite jamás que se haga el mal, pero cuando el mal está hecho, lo perdona. Teniendo en cuenta esta decisión, el Dogo dio orden de derribar la vieja iglesia, y el Papa impuso a los venecianos una penitencia que era todos los años motivo de una ceremonia pública. El Dogo, acompañado de su consejo y de los embajadores extranjeros, se personaba en la Plaza de San Marcos. El cura de la parroquia, a la cabeza de los demás sacerdotes de su iglesia, se adelantaba hasta el extremo en que el viejo templo se levantó en otro tiempo. Una vez allí, dirigía al Dogo estas palabras: Pido a Vuestra Serenísima que, cuando tenga a bien, haga construir una iglesia sobre su primer emplazamiento. Y el Dogo respondía: El próximo año. Esta promesa, cuenta Darus, ha sido renovada durante seiscientos años.

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