Preguntas y respuestas sobre Jesucristo (2)


En mi instituto, un profesor dijo que hay que distinguir entre el “Jesús histórico” y el “Cristo de la fe”. Según aquel profesor, existió un hombre llamado Jesús, muy bueno y que dio un ejemplo maravilloso, pero solamente era hombre, y que después de su muerte, sus discípulos mitificaron su figura diciendo que era Dios encarnado. Este Jesús mitificado -dijo- es el “Cristo de la fe”, el que predica la Iglesia, distinto a Jesús de Nazaret de la historia.

Lo que dijo aquel profesor es falso. El papa san Juan Pablo II salió al paso de esa herejía en varias ocasiones. En un documento que forma parte del Magisterio pontificio escribió: Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que estaba en el principio con Dios, es el mismo que se hizo carne (Jn 1, 2.14). Jesús es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jesús de Cristo, ni hablar de un Jesús de la historia, que sería distinto del Cristo de la fe. La Iglesia conoce y confiesa a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos.

Tengo algunos compañeros que dicen que Jesucristo no existió. ¿Se puede negar la existencia histórica de Jesús?

De Jesús tenemos más y mejor información que de la mayoría de los personajes de su época. Disponemos de todo lo que los testigos de su vida y de su muerte nos han transmitido: tradiciones orales y escritas sobre su persona, entre las que destacan los Santos Evangelios. En la actualidad, los análisis históricos más rigurosos coinciden en afirmar con toda certeza que Jesús de Nazaret existió, vivió en la primera mitad del siglo I, era judío, habitó la mayor parte de su vida en Galilea, formó un grupo de discípulos que lo siguieron, suscitó fuertes adhesiones y esperanzas por lo que decía y por los hechos admirables que realizaba, estuvo en Judea y Jerusalén al menos una vez , con motivo de la fiesta de la Pascua, fue visto con recelo por parte de algunos miembros del Sanedrín y con prevención por parte de la autoridad romana, por lo que al final fue condenado a muerte por el procurador romano de Judea, Poncio Pilato, y murió en una cruz. Una vez muerto, su cuerpo fue depositado en un sepulcro, pero al cabo de unos días el cuerpo sin vida de Jesús ya no estaba allí.

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