Milagros del Señor: Las bodas de Caná


El capítulo segundo del Evangelio según san Juan presenta el evento prodigioso sucedido en Caná, un pueblo de Galilea, durante la fiesta de una boda en la que participaron María y Jesús, con sus primeros discípulos. La Madre dice al Hijo que falta vino y Jesús, después de responder que todavía no ha llegado su hora, sin embargo acoge su petición y da a los novios el mejor vino de toda la fiesta. El evangelista subraya que éste fue el primero de los signos que Jesús realizó; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Pero el milagro de Caná no tiene que ver solo con los esposos. Cada persona humana está llamada a encontrar al señor en su vida. La fe cristianan es un don que recibimos con el Bautismo y que nos permite encontrar a Dios. La fe atraviesa tiempos de alegría y de dolor, de luz y de oscuridad, como en toda auténtica experiencia de amor. El relato de Caná nos invita a redescubrir que Jesús no se presenta a nosotros como un juez preparado para condenar nuestras culpas, ni como un comandante que nos impone seguir ciegamente sus órdenes; se manifiesta como Salvador de la humanidad, como hermano, como nuestro hermano mayor, Hijo del Padre; se presenta como Aquél que responde a las esperanzas y a las promesas de alegría que habitan en el corazón de cada uno de nosotros. Entonces podemos preguntarnos: ¿Verdaderamente conozco de este modo al Señor? ¿Lo siento cercano a mí, a mi vida? Se trata de darse cuenta de que Jesús nos busca y nos invita a hacerle espacio en lo íntimo de nuestro corazón (Papa Francisco).

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