Alegría en la fe católica


El cristiano, que es testigo de Cristo y anunciador de la Buena Nueva, es por eso mismo hombre de alegría y hombre de esperanza, hombre de la fundamental afirmación del valor de la existencia, del valor de la Creación y del esperanza en la vida futura. Naturalmente, no se trata ni de una alegría ingenua ni de una esperanza vana. La alegría de la victoria sobre el mal no ofusca la conciencia realista de la existencia del mal en el mundo y en todo hombre. En Evangelio enseña a llamar por su nombre el bien y el mal, pero enseña también que “se puede y se debe vencer el mal con el bien”.

El bien no es fácil, sino que siempre es esa “senda estrecha” de la que Cristo habla en el Evangelio. Así pues, la alegría del bien y la esperanza de su triunfo en el hombre y en el mundo no excluyen el temor de perder este bien, de que esta esperanza se vacíe de contenido.

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