Viernes Santo en Huelva


Viernes Santo en Huelva

Muy Antigua, Venerable y Real Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén, María Santísima de la Amargura, San Juan Evangelista y San Francisco de Paula

Silencio.

Madrugada del Viernes Santo.

Pasa el Nazareno

-Nuestro Padre Jesús-,

camino del Calvario,

lleva una cruz.

Calle de la Amargura…

milicia y pueblo…

sólo un cirineo.

¡Hijas de Jerusalén!,

no contengáis vuestro llanto.

Mirad, contemplad al reo divino

sin parecer ni hermosura.

Una, dos… tres son las caídas.

Cristo en tierra,

y sobre ella, la sangre de un Dios

limpia la iniquidad humana.

*****

Ilustre Hermandad de Penitencia y Cofradía de Apostolado del Santísimo Cristo de la Fe y María Santísima de la Caridad

En el Gólgota, tres cruces,

tres vidas apagándose:

la de Cristo y las de dos ladrones.

Los tres, en el mismo suplicio.

Uno da la salvación;

otro, la recibe; el tercero, la desprecia.

El Señor es inocente

-pasó por la vida haciendo el bien-;

los otros, culpables,

merecedores del castigo.

Suertes dispares en los malhechores;

misma oportunidad de salvarse.

Uno no la aprovechó;

se desespera y blasfema.

El otro, movido por la gracia,

se arrepiente; con fe

reconoce la realeza de Jesús,

el Reino de Dios.

La cruz… instrumento de castigo,

patíbulo, tormento para los esclavos.

Vista con fe… árbol de la vida,

estandarte de victoria,

emblema del Redentor.

Muerte victoriosa la de Jesús;

en el Calvario, Dios sin vida

para hacernos vivir,

porque Dios es Caridad.

*****

Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestra Señora del Calvario, San Juan Evangelista y María Santísima en la Resignación de sus Dolores

Monte Calvario, hora undécima

del primer Viernes Santo de la historia.

Después de la muerte de Jesús

la multitud ha abandonado el Gólgota;

sólo quedan Santa María con algunas mujeres

y el discípulo amado.

En un silencio roto por los sollozos

contemplan clavado en la Cruz

el Cuerpo sin vida del Redentor.

Dos discípulos ocultos del Señor

-uno varón bueno y justo;

el otro, judío influyente y maestro de Israel-,

desafiando riesgos,

desclavan con sumo cariño

el Cuerpo del Señor.

Piadosa acción el Sagrado Descendimiento.

En brazos de la Madre,

el Cuerpo de su Hijo.

Triste y con resignación

en la pena y en sus dolores,

Santa María ya está en la espera

de la mañana del primer día de la semana,

del Domingo de Resurrección.

*****

Antigua, Real e Ilustre Hermandad del Santo Entierro de Cristo, Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de María

Pocas personas en el entierro del Redentor:

su Madre, unas santas mujeres,

el apóstol adolescente y dos discípulos.

Muerto por los hombres

y enterrado piadosamente por manos amigas.

Aún quedan los ecos de la tarde cruenta,

y los momentos plenos de angustias

de su Santísima Madre.

Todavía se oye el grito desgarrador

del abandono divino y de los suyos.

Una sábana limpia es el sudario;

trasladado con exquisita veneración,

el Cuerpo sin vida, que no cadáver, del Señor

en un sepulcro nuevo excavado en la roca

es depositado con grande amor.

Sepultado en un huerto -el del sepulcro-

y antes apresado en un huerto -el de los Olivos-

el que redimió al género humano

del primer pecado cometido,

también en un huerto -el paraíso-.

Rodada la piedra de entrada del sepulcro,

viene la esperanza en la soledad de María.

A pesar de ver a todo un Dios morir,

cree y espera la resurrección de su divino Hijo.

*****

Real e Ilustre Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora en su Soledad

Cae la tarde del Viernes Santo,

ya ha anochecido en Jerusalén.

Con su Pasión y Muerte,

Jesús ha abierto el camino de la fe…

su Madre es la primera en recorrerlo.

Ha visto agonizar y morir a su Hijo

sobre una cruz como un criminal,

ha compartido con Él la humillación

y el sufrimiento redentor.

Con su corazón de Madre destruido,

supo callar. Silencio de María.

Ella sabe que el sacrificio de Cristo

es camino abierto por Dios

para poder salir de la esclavitud del mal

y del yugo de la muerte,

y entrar en la tierra de la vida y de la paz.

Ese Camino es Jesús,

Crucificado y Resucitado,

y sus llagas llenas de misericordia.

Nuestra Señora en su Soledad,

ayuda a vivir el Sábado Santo

-día de fe- en santa tensión

entre la realidad del sacrificio de la Cruz

y la esperanza de la Resurrección.

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