Santa Micaela del Santísimo Sacramento, la enamorada de las mujeres descarriadas


La Fundadora de las Adoratrices (Santa Micaela del Santísimo Sacramento)

Santa Micaela del Santísimo Sacramento nació en Madrid el día 1 de enero de 1809. Era hija de una familia aristocrática, y ya desde niña tuvo preocupación por los pobres y necesitados.

Santa Micaela era una mujer llena de bondad y ternura con todos, de rostro de gran belleza y adornada por una deliciosa sonrisa. Manifiesta la santa que tenía un genio muy vivo, y hasta colérico. A veces le costaba dominar su temperamento impetuoso cuando trataba con alguien impertinente. Tenía que hacer muchos actos de mansedumbre, pero siempre en ella brilló la amabilidad y la sensatez en el trato con las personas. A santa Micaela le daba mucha pena el extravío de tantas jóvenes que, viniendo de los pueblos míseros a las capitales en busca de trabajo, caían en las garras de los prostíbulos.

Santa Micaela hizo amistad con una señora muy caritativa, doña Ignacia Rico, la cual visitaba el hospital de San Juan de Dios en Madrid. Santa Micaela acompañó a doña Ignacia a dicho hospital, y visitaron la sección de mujeres afectadas de enfermedades venéreas. Vio santa Micaela a una joven muy bella postrada en la cama, y en el rostro tenía el estigma de una vida crapulosa. Santa Micaela se acercó a ella y comenzó a conversar. La joven le contó que ella había sido engañada por un joven que se hacía pasar por marqués. Se celebró la boda en Madrid, y a los pocos días el falso marqués desapareció, dejándola abandonada. Ella, no atreviéndose a regresar a su pueblo ante la burla que podía sufrir de amigas y familiares, en Madrid se entregó a la prostitución, y en un lupanar contrajo una enfermedad venérea no acababa de curarse. Santa Micaela no podía dormir, pensando en aquella joven. Al día siguiente se llevó a la joven a una casa de confianza, hasta que recobrara la salud. Habló con los padres y les contó la vida desgraciada de su hija. Los padres, conmovidos, recibieron a su hija con todo amor.

Santa Micaela con aquella joven engañada despertó a la misión para la que Dios la llamaba: salvar del vicio a la juventud femenina, y arrancarla de los prostíbulos. Santa Micaela observó que todas las chicas que salían del hospital no tenían dónde ir, y menos dónde trabajar, y entonces volvían a caer en manos de las alcahuetas y proxenetas. Santa Micaela tenía una casa que convirtió en colegio, para recoger a todas las chicas que estaban expuestas a caer en manos de la prostitución. En este colegio aprendían cultura, religión y labores, y se les buscaba ona colocación con un trabajo honrado. Para esta labor santa Micaela tuvo la colaboración de seis señoras de la aristocracia. Éste fue el primer paso que santa Micaela dio, salvando a miles de adolescentes y jóvenes de caer en las garras de los burdeles, procurando que llevaran una vida de trabajo y honradez.

Santa Micaela visitaba también a los pobres en sus destartaladas casas, llenas de miseria y fétido olor, que a ella le daba tal repugnancia que tenía que hacer grandes esfuerzos para vencerse y permanecer en aquellas casas con las pobres y desventuradas familias, llevándoles el socorro para sus necesidades.

Santa Micaela tuvo varios pretendientes para casarse, pero ella ya tenía resuelto cómo iba a ser su vida: Estar al servicio de las pobres descarriadas, y el amor a jesús sacramentado. Un día se encontró santa Micaela que no tenía dinero para el sustento del colegio, y con harto dolor subastó su caballo, al que tanto quería. Al verlo salir de la cuadra se echó a llorar. Santa Micaela era buena amazona. Un marqués compró el caballo. Enterado el marqués de la gran pena que tenía santa Micaela por haber subastado el caballo, se lo devolvió. Cuando le entregaron el caballo, volvió a llorar al recuperarlo; pero santa Micaela comprendió que no debía tener tanto apego a un animal y lo vendió en el mercado de ganado por siete mil reales.

Santa Micaela había estado una temporada en París visitando a sus hermanos, que eran embajadores. Cuando regresó a Madrid, lo primero que hizo fue visitar su querido colegio. En él reinaba la más absoluta rebeldía. Las señoras que regían el colegio en ausencia de santa Micaela le dijeron: este colegio hay que cerrarlo. Estas chicas son incorregibles. Santa Micaela se propuso seguir en el colegio. Aquellas jóvenes y adolescentes la necesitaban; de lo contrario, caerían en la prostitución. La marquesa de Malpica le prometió ayudarla, y otras señoras también. Santa Micaela incluso iba por las casas más pobres y míseras, buscando adolescentes y jóvenes para llevarlas al colegio, porque además de sufrir hambre y miseria estaban expuestas a caer en manos de los explotadores, los proxenetas y las amas de los prostíbulos. Ellas dócilmente se dejaban llevar al colegio, debido a la dulce persuasión de la santa.

De momento santa Micaela vivía en su palacio con sus criados. Ella sintió la voz de Dios en su interior: A ti te quiero yo en mi obra. Pero el renunciar a las comodidades en que la santa santa Micaela vivía le era muy duro. Pero Dios insistía: A ti te quiero yo en mi obra. Dios le exigía que tenía que vivir con las colegialas y renunciar al lujo de su vida.

Poco a poco la envidia empezó a cebarse en santa Micaela. Algunos despectivamente decían: Pobre Micaela, tan guapa, elegante y de tanto sentido común que parecía tener, y meterse en esos problemas. Muchos pensaron que estaba loca por pensar en desgracias ajenas.

Un día la llamó el arzobispo de Toledo para reprenderla por aquellas imposibles reformas que la santa pensaba llevar a cabo en la juventud. El arzobispo, después de indagaren la vida que llevaba santa Micaela, le dijo: Señora, cásese usted de una vez, y déjese de reformar a muchachas que no tiene compostura. Pero santa Micaela se consagró más firmemente a la educación de tantas adolescentes y jóvenes que venían al colegio pidiendo ayuda y protección. Entonces santa Micaela tomó la resolución de cerrar su palacio, y se vino a vivir con las colegialas para siempre. Se despojó de sus vestidos elegantes, y se vistió un hábito religioso negro y sencillo.

El arzobispo le retiró la licencia de tener la Eucaristía en la capilla del colegio. Vino el emisario, y santa Micaela lo convenció para que dejara a Jesús sacramentado. Los dos fueron a la capilla y estuvieron orando. A la salida le dijo el sacerdote: Usted tiene preso a Jesús sacramentado con cadenas de amor. Siga su obra, que Dios es quien la guía. Santa Micaela volvió a la capilla y, postrada ante el sagrario, exclamó: Señor, triunfamos. Guárdame, Señor, a mí y yo te guardaré a ti.

Estando su hermano mayor de embajador en París, santa Micaela fue a visitarlo y pasó unos días en su compañía. Un mediodía comieron ella, su hermano y su cuñada con los reyes de Francia. El rey dijo a santa Micaela: Ya me he enterado de que usted visita a un soldado inválido, le da usted de comer, le barre la habitación y la muda la cama; ¿por qué lo hace? Ella sonriendo le dijo: es que ese pobre soldado sufría mucho del estómago, como yo también sufro. Mientras duró su visita a sus hermanos en París, estuvo presente santa Micaela en los barrios más pobres y en los tugurios llenos de miseria. Hablaba con las gentes, les llevaba un socorro, los sonrería con dulzura y dejaba en el ánimo de los pobres paz y consuelo.

Se presentó en el colegio una joven pidiendo protección. La había despachado del hospital por blasfema y escandalosa. Estaba enferma con pústulas en la cara y sarna en el cuerpo. Temía santa Micaela un contagio en las alumnas, y fue al sagrario a consultar con el Señor. Y el Señor le inspiró: La enferma no contagiará a la enfermera que la cuide, y se curará de alma y cuerpo. Con el tiempo se curó. Trajo la joven al colegio a sus dos hermanas, de muy mala conducta en la vida, y las tres hermanas llevaron en el colegio una conducta intachable.

Santa Micaela una mañana tomó un coche para trasladarse al colegio. Eran coches sucios y destartalados, y algunos cocheros bastante groseros. Al subier ella en el coche, se fijó en el cochero, Juan, estaba borracho, y juzgó santa Micaela más prudente bajarse y tomar otro coche. El cochero llenó de insultos a santa Micaela. Ésta no le contestó. Pocos días después, al tomar santa Micaela otro coche, le dijo el cochero: Señorita, el cochero Juan, que la insultó, está muy grave. Y santa Micaela se fue a casa del cochero. Éste estaba postrado en un camastro. Santa Micaela trajo a su médico y lo sirvió en todo; y Juan, el cochero, se curó totalmente y se hizo amigo de la santa; de tal forma que un día se declaró un incendio en el colegio y Juan, con peligro de su vida, ayudó a sofocarlo.

Había en el hospital de san Juan de Dios una mujer leprosa. Estaba casi abandonada, pues nadie quería acercarse a ella y ayudarla. Santa Micaela, que estaba visitando a varios enfermos, se acercó a ella; y lo primero que hizo fue abrazarla y conversó con ella. El mal olor era insoportable. Santa Micaela mudó sus ropas, le cambió las sábanas y le dio de comer. Con estas maniobras santa Micaela se hizo un rasguño, y quedó contagiada de la lepra; y así se lo confirmó el médico que la vio. Santa Mocaela fue a la capilla y, postrada ante el sagrario, dijo: Señor, por caridad he contraído la lepra. Mira lo que haces conmigo. Y al instante le desapareció la lepra.

Cayó sobre las alumnas del colegio una fuerte gripe. Sólo permanecieron en pie santa Micaela y su inseparable Isabel, antigua criada de su palacio. Quince días permanecieron en pie sin apenas dormir, atendiendo a las enfermas. Ellas dos tuvieron que hacer de todo: limpiar, cocinar, lavar y dar la comida a las enfermas. Y cuando las alumnas se curaron, santa Micaela y su ayudante Isabel estaban totalmente agotadas. Su hermano, de elevada posición social, envió a un criado al colegio para saber si su hermana vivía. El criado le dijo a la santa: De parte de su hermano que, como esos trabajos que se toma los hace por capricho, no le tiene nada de lástima. Y tres años estuvo su hermano sin ver a su hermana Micaela. Por fin fue su hermano a verla; y la encontró postrada en cama, con u fuerte reuma y malestar, y con los pies hinchados. Su hermano, al verla, le impresionó tanto que sufrió un desmayo. Entonces su hermano se dio cuenta de lo injusto que había sido con su hermana, y reanudó de nuevo el cariño con Micaela.

María era una joven de gran belleza; estaba casada y tenía tres hijos. Como le había sido infiel a su marido, éste la abandonó, llevándose a sus tres hijos. Ella, no teniendo dinero, empezó a pasar hambre. Como era una mujer muy hermosa, santa Micaela temió que algún hombre rico se la echara por querida, y la recogió en el colegio. La joven María a veces se echaba a llorar, y daba unos gritos que las alumnas se sobrecogían de angustia y pena. Poco a poco se fue sosegando, y empezó a colaborar como maestra en el colegio. Era una mujer muy culta, y tocaba admirablemente el piano. Era elegante, y en su trato fina y educada. Por fin se fue sometiendo a los consejos de la santa. Con el tiempo fue una gran colaboradora.

Santa Micaela fundó la admirable Orden Religiosa de las Adoratrices, cutos fines principales eran: El amor a Jesús sacramentado, y el amor y la educación de la juventus femenina descarriada.

Una joven muy agraciada acababa de salir del hospital, y entró en el colegio para su convalecencia. Era una mujer amante de un hombre de posición muy elevada, que traía desunida a la familia. El marido pensaba abandonar a su esposa e irse con la joven a vivir a otra ciudad. Entró en el colegio con la condición de no ser castigada. La joven era de un carácter arisco, y pronto metió cizaña en el colegio Un día la maestra de esta joven impuso el castigo de besar el suelo. Ella le contestó: Yo no beso el suelo; la madre Micaela me prometió que no me castigarían. Vino santa Micaela y corroboró lo que decía la joven; y dijo la santa con dulzura: Yo he prometido a Dios que todos los castigos que se impongan a esta joven yo los asumo, así que yo besaré el suelo. Santa Micaela se postró en el suelo y lo besó. Todas las alumnas se arrodillaron y besaron también el suelo. La joven Paz, que así se llamaba, rompió a llorar y pidió a santa Micaela que en adelante se le impusieran castigos, que ella los cumpliría. Cuando llegó el tiempo de salir la joven Paz del colegio, determinó quedarse para siempre. Le resultaba imposible abandonar a santa Micaela, una mujer tan admirable, tan buena, y sobre todo cariñosa con ella y con todos.

Santa Micaela solía visitar en su casa a una joven de gran belleza, a la que había conocido en el hospital. En una visita santa Micaela la vio tan rara, que le dijo a la joven: Tú me ocultas algo. La joven se echó a llorar, y le dijo que se había concertado con un rico marqués para vivir con todo lujo en un piso elegante. La santa le dijo: Estos ricos se aprovechan de vosotras una temporada, hasta que encuentran otra más guapa que tú, y tú vas a la calle a pedir limosna o a un prostíbulo a vivir una vida de infiernos y luego de miseria. Elige. Mi colegio lo tienes abierto. La joven se marchó al colegio con santa Micaela. De estos casos tuvo, en los que salvó a adolescentes y jóvene de caer en las horribles garras de los hombres adinerados.

Santa Micaela sacaba tiempo para visitar a los necesitados en sus tugurios. El mal olor de las viviendas, a veces nauseabundo, se impregnaba en sus vestidos. Para evitar tal olor se daba colonia, pero ella creyó que era mortificarse poco usando colonia. Su confesor la reprendió, diciéndole: Bien puede usted usar el agua de colonia y perfumarse, pues a mí me gusta que venga usted a comulgar con un delicado perfume. Me es muy grato.

El gran amor que santa Micaela tenía a Jesús sacramentado trataba de infundirlo en todas las almas del colegio. Impuso como saludo: Alabado sea el Santísimo Sacramento.

Santa Micaela era muy aficionada a la música, y tocaba maravillosamente el arpa. Por la noche, ya muy cansada de los trabajos del colegio, le gustaba tocar el arpa, y con las melodías musicales descansaba. Pero una noche en que tenía la ventana abierta tocó el arpa tan magistralmente, que los transeúntes que la habían oído le tributaron grandes aplausos.

Le aconteció a veces a santa Micaela no tener dinero ni alimentos para sus colegialas. Eran las once de la mañana y no había ni pan. Santa Micaela se fue a la capilla y, postrándose ante el sagrario, le dio unos golpecitos y le dijo al Señor: Señor, dame pan para mis chicas, que no tienen qué comer. Y en ese instante entró en el colegio un religioso que acababa de llegar de Filipinas y quería ver el centro dechicas recogidas, pues había oído grandes ponderaciones de él. El religioso, visto el colegio, quedó admirado del orden, del silencio y de la piedad que reinaban en él. Al marcharse, el religioso dijo a la santa: Permítame que contribuya con un donativo a tan hermosa obra. Y le entregó doscientos cuarenta reales. Inmediatamente la santa compró arroz, huevos, pescado y pan; y tucieron las colegialas una comida exquisita y abundante. Santa Micaela estaba conmovida por el regalo que Dios le hizo.

Un día vino un comerciante al colegio a cobrar quinientos reales que la santa le debía, y lo hizo en medio de insultos a la santa. Ella no estaba, y el comerciante esperó. A continuación vino un señor deseando estar con santa Micaela, y también esperó. Cuando llegó santa Micaela, el caballero la saludó respetuosamente y le entregó un sobre que contenía quinientos reales. El comerciante reclamaba sus quinientos reales, y la santa se los entregó. Pidió el comerciante mil perdones y se marchó. Santa Micaela quedó admirada de la ayuda de la Providencia. De estos casos tuvo en su vida bastantes.

Santa Micaela impuso a las colegialas orden, disciplina y silencio en las clases. Confiesa santa Micaela que le costaba a ella guardar silencio, pues su temperamento era expansivo, franco y alegre. Ella manifiesta: Era yo muy parlera. Su gran amor fue Jesús en la Eucaristía.

En el colegio, en el que estaban acogidas cientos de chicas pobres, el trato que tenía santa Micaela con ellas era de lo más amable y respetuoso. Un día una joven le dio a santa Micaela una mala contestación, y la santa en un impulso colérico le dio a la joven una bofetada. Al pronto comprendió la santa que ése no era el camino de la educación que debía dar. Y santa Micaela se puso de rodillas, le pidió perdón a la joven y luego la besó. Formó el propósito de no pegar jamás a nadie.

Santa Micaela fundó colegios para acoger a chicas abandonadas en Madrid, San Sebastián, Cádiz, Sevilla, Zaragoza, Burgos, Bilbao, Barcelona, Ávila, Zamora, Votoria, etc. Todo el mundo pedía abrir nuevos colegios bajo la dirección de la santa. Numerosas jóvenes y señoras se ofrecieron para colaborar y trabajar en los colegios de santa Micaela. Y es entonces cuando la santa tiene que viajar continuamente en numerosas diligencias para realizar sus fundaciones y vigilar las ya fundadas.

Tuvo que regresar a Madrid, pues se había declarado la peste. Muchas de sus alumnas cayeron enfermas. Aconsejada por los médicos, fueron trasladadas al palacio de su hermano en Guadalajara. Instalaron con toda comodidad a las enfermas y fueron bien atendidas.

Santa Micaela recibió la noticia de la enfermedad de cólera en Valencia, y por tanto en su colegio había entrado dicha enfermedad. Cuando llegó a Valencia, se ofreció al arzobispo para asistir a los enfermos, que eran innumerables. Al día siguiente ya estaba san Micaela sirviendo y ayudando a los apestados. A los pocos días santa Micaela comenzó a sentirse enferma; eran los síntomas del cólera. Empezó a tener vómitos y calambres. Se puso gravísima. En medio de sus convulsiones tenía los ojos cerrados, y en sus labios una oración. Recibió con gran amor y alegría la Eucaristía. Antes de morir, dijo con gozo: Hijas mías, tanto os quiero, que ni al cielo quisiera subir sola y sin la compañía de alguna de vosotras. Con estas palabras dejó de existir. Y su deseo se cumplió, pues al poco rato de morir la santa, la hermana Ángeles, colaboradora de la santa, también moría en la paz del Señor. Ambos cadáveres recibieron sepultura en el cementerio de san Martín de Madrid. Era el año 1865. Más tarde santa Micaela del Santísimo Sacramento fue canonizada por la Iglesia Católica.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s