Las novias de los diez años


Al terminar 6º de Primaria, Patricio, con once años, era un niño rubio, de ojos profundos y azules, de carácter dulce, aniñado e inocente, y de aspecto tímido. Las amigas de Fátima, lo piropeaban. –¡Qué guapo eres!; Cuando seas mayor, todas las niñas te rifarán, solían decirle cuando lo veían, a la vez que lo besaban. Su hermana, complacida, las regañaban diciéndoles: -No se lo digáis, que se lo va a creer, y además se va poner rojo como un tomate. Y efectivamente, las pálidas mejillas del chiquillo se llenaban de rubor. Pero a pesar de este sonrojo, con mucho desparpajo y muy ufano, les preguntaba quien de ellas quería ser su novia, y añadía: -Si sois varias, me rifáis. Al oír esto, Fátima le decía: -No seas desvergonzado, si ya tienes novia… Lo dijo en broma, pero cierta razón tenía.

En su niñez no faltaron los juegos, ni siquiera su primer amorcito. En esto no era una excepción. Siempre se ha hablado de las novias de los diez años que algunos chiquillos han tenido a esa temprana edad. Hacía ya un año que Patricio había conocido a Fabiola en una fiesta. ¿Cómo la conoció? De vez en cuando, Patricio salía con su primo Marcelo -éste era un año mayor que él-, con el que se llevaba de maravilla. Aunque Patricio no tenía hermanos de su edad, sin embargo varios primos suyos tenían más o menos sus mismos años, unos un poco mayores, y otros, más pequeños. De todos, su preferido era Marcelo. En las vacaciones, siempre estaban juntos. Un día Marcelo fue invitado por un compañero de su clase a su cumpleaños. Marcelo puso como excusa para no ir que ese día ya había quedado con Patricio para ir al cine, lo cual no era verdad. Ante la insistencia del amigo, Marcelo condicionó su asistencia si también podía ir su primo. -Encantado que venga Patricio, le dijo su amigo. Por lo que el día de la fiesta los dos primos se presentaron en el chalet de Emiliano, el cumpleañero. Éste era el único chico en su casa, con tres hermanas mayores que él; y una más pequeña, Fabiola, a la que le llevaba sólo un año. Pero los cinco sin grandes diferencias de edad; vinieron al mundo muy seguidos. Sofía, que era la mayor, sólo tenía seis años más que Fabiola.

La fiesta estuvo muy concurrida, en total dieciséis, ochos niñas y otros tantos niños. En el jardín merendaron, y después de la merienda empezaron los juegos. El primero, el de las prendas. Para este juego todos se colocaron en corro, sentados en el césped, con la particularidad de que cada uno de los participantes tenía tanto a su izquierda como a su derecha otro del sexo opuesto. Patricio quedó entre las dos hermanas mayores de Emiliano, y directamente enfrente a Fabiola. Antes de comenzar a jugar, Sofía explicó de lo que se trataba.

-Seguro que casi todos sabéis de qué va este juego, pero por los que no lo sepan, lo voy a explicar brevemente -comenzó a decir-. Cada uno tenéis que elegir un oficio, por ejemplo: segador, costurera, barbero, planchadora, bombero, enfermera, camillero, escritora, etc. En un momento determinado, cuando yo lo diga, todos comenzaremos a cantar: “Antón, Antón, Antón pirulero; cada cual, cada cual, atienda a su juego”. Todos corearemos la canción acompañándola con palmas. Y cuando se llegue al “atienda su juego” cada uno debe reproducir mediante mímica el oficio que ha elegido. El que no lo haga a su debido tiempo, como castigo deberá pagar una prenda, y todos los demás continuaremos cantando la canción como sigue: “y el que no lo atienda, pagará una prenda”.

-¿Qué tipo de prenda?, preguntó Emiliano.

-Pues ya puede ser parte de la ropa que llevamos puesta, o bien algún objeto personal, como puede ser el reloj, un anillo, el móvil, la cadena con la medalla, zarcillos, el monedero, un bolso… o incluso un piercing y un largo etcétera. Como estamos en verano, nada de pagar con una prenda de vestir. Si fuera invierno, la cosa cambia. ¿entendido?, especificó Sofía.

-¿Y cómo se puede recuperar lo que se entrega?, volvió a preguntar el cumpleañero.

-Bueno, siempre existe la posibilidad de no pagar con una prenda, si el que la tiene que pagar hace lo que le digamos, aunque le dé vergüenza hacerlo. Por ejemplo, dar las buenas tardes a la vecina de la casa de enfrente, bailar o cantar, dar un beso a alguien del grupo, beberse una copa de un trago, pasear por la calle haciendo el tonto… En definitiva cualquier cosa que se nos pueda ocurrir que puede ser original o atrevida.

Mientras hablaba Sofía, los ojos de Patricio estaban fijos en Fabiola. Ésta era una preciosidad de criatura, de esas que guardan un encanto por su sencillez. Por un instante sus miradas se cruzaron, y ella, al darse cuenta, bajó la vista al suelo, pero no pudo resistirse de volver a mirar a Patricio, que continuaba mirándola. Esta vez la mantuvo al darse cuenta cómo el chico le sonreía, y le devolvió la sonrisa. Dándose cuenta de que no prestaba atención a las reglas del juego que explicaba Sofía, se dijo a sí misma: -Hay que estar atenta al juego, y puso atención a las últimas instrucciones que estaba dando su hermana.

-Hoy vamos a darle al “castigado”, en caso de que quiera rescatar su prenda, la posibilidad de hacer una de las dos cosas que le digamos. ¿Estáis de acuerdo?

La respuesta fue un “sí” unánime.

Comenzado el juego, fue Patricio el primero en tener que pagar una prenda. Él optó por hacer lo que le dijeran. Entonces le apartaron del grupo mientras que los demás deliberaban. Marcelo sugirió que su primo cantara una canción, pues sabía que Patricio era lo más negado para el canto. Quería ver si se atrevía a cantar, lo cual sería algo inédito. Al cabo de un rato, Sofía le llamó para decirle lo que habían decidido.

-Tienes que hacer una de estas dos cosas: cantar una canción, la que quieras; o darle un beso a la niña que quiera que sea tu novia.

Entre las cualidades que Dios le había dado, no estaba precisamente el tener buen oído. Era incapaz de dar dos notas seguidas. Y él lo sabía muy bien, por lo que nunca cantó él solo. Y en esta ocasión no estaba dispuesto a hacer el ridículo delante de los demás, y más estando presente Fabiola, por lo que se decantó por la otra posibilidad. Sin dudarlo, se acercó a Fabiola para darle dos besos, uno en cada mejilla, ante el asombro de la chiquilla, que se puso totalmente colorada, y en medio de las risas y aplausos de los demás.

El juego continuó. Y también Fabiola fue “castigada” a entregar una prenda. Ella, como estaba haciendo todos los que recibían este “castigo”, prefirió hacer lo que le dijeran. A diferencia de Patricio, ella cantaba como los ángeles y además bailaba el hola up maravillosamente. Apartada Fátima del grupo, Sofía propuso a los demás jugadores que su hermana, para rescatar la prenda, eligiera entre cantar una canción o bailar el hola up. Pero esta propuesta no prosperó. Las chicas del grupo y algunos de los chicos consiguieron que debía elegir entre las dos cosas que se le ofreció a Patricio. Sofía, consciente de lo que le gustaba cantar a su hermana, accedió. Estaba segura de que iba a elegir cantar. Y llamó a Fabiola.

Tienes que hacer una de estas dos cosas: cantar una canción, la que quieras; o darle un beso al niño que quiera que sea tu novio.

Al acabar de decir esto, Sofía le dijo a Emiliano que cogiera la guitarra para acompañar a Fabiola en el canto. Pero antes de que su hermano se levantara, ella con paso decidido fue a donde estaba Patricio, e hizo lo mismo el chico había hecho con ella: darle dos besos, uno en cada mejilla, mientras estallaba un gran aplauso. Así surgió el “noviazgo”, aunque ni Fabiola ni Patricio querían considerado como tal. Sin embargo, ninguno de los dos negaban el mutuo cariño que se tenían. Mas al llegar a la primera adolescencia, viendo ambos que su “noviazgo” era una chiquillada, optaron por ponerle fin, y continuar siendo amigos… dejando la puerta abierta por si lo que fue una chiquillada en los años de la niñez pudiera convertirse en el futuro en un noviazgo de verdad.

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