Anna-Gabrielle Caron


Una figura de santidad (Anne Gabrielle Caron)

Primeros años

El 12 de septiembre de 2020, festividad del Dulce Nombre de María, tuvo lugar la apertura oficial de la causa de beatificación de Anne Grabielle Caron en la iglesia de San Francisco de Paula de Toulon. Anne era una niña de ocho años que falleció en 2010 debido a un agresivo cáncer de huesos. Pese a su corta vida dio un impresionante testimonio de fe y las gracias llevan tiempo llegando a la familia y a la diócesis de Fréjus-Toulon. Esta niña una figura de santidad para los niños enfermos y sus familias

Si la santidad es posible hasta en los adolescentes y los jóvenes de hoy, entonces también es posible para los niños. Aquí hay un claro ejemplo de ello: el de Anna Gabrielle Caron. Nació el 29 de enero de 2002 en Toulon, Francia, en el seno de una familia católica practicante. Era la mayor de tres hermanos. Su padre era un oficial naval submarino, y su madre una profesora de letras clásicas.

En general fue una niña tierna y de carácter tranquilo. En 2004 le nació un hermanito, François-Xavier, y Anne Gabrielle experimentó una crisis de celos. Desde que aprendió a hablar y a tener uso de razón llamaba la atención por la sensibilidad que tenía por el sufrimiento de los demás. Con dos años y medio ya procuraba consolar als que tenían alguna pena, y en especial a Jesús crucificado. Frente el crucifijo de la iglesia que frecuentaba su familia, dijo: Jesús. Él está herido. Lo consolaré. Y agregó que quería ofrecer sacrificios para quitar espinas de la corona de Jesús.

En 2005 salvó a su hermanito François-Xavier de morir, al alertar al adulto presente, que no vio que el niño se estaba ahogando en silencio. En septiembre de 2007 ingresó a la escuela, donde hizo amigos. Siendo más mayor sorprendió a sus profesores por querer siempre ir al encuentro de los niños que estaban solos en el patio; si veía a un niño solo, no dudaba en intentar acercarlo al grupo o, en caso de fallar, se ponía a jugar con él.

Enfermedad

En el verano de 2008, cuando tan sólo tenía seis años, Anne-Gabrielle se quejó de un fuerte dolor en la pierna derecha; sus padres pensaron que se debía a un paseo por los Alpes, donde quizá se había lastimado. Pero el dolor fue aumentando, la niña cojeaba y llegó un momento en que el malestar la despertaba todas las noches. En la consulta médica de febrero de 2009 le diagnosticaron cáncer. Una biopsia ósea reveló que Anne Gabrielle tenía sarcoma de Ewing, que es un cáncer óseo muy agresivo. La enfermedad ya había producido numerosas metástasis.

Su forma de afrontar la enfermedad desde el amor a Jesús, su intención de parecerse a santa Teresa del Niño Jesús. La santa de Lisieux era su ejemplo, a la que quería imitar en su vida. Una santa que, por otro lado, también sufrió mucho durante su corta vida. Y  tenía tal confianza con Dios que ella alegremente, pese al sufrimiento, decía claramente: “seré santa”. Pero antes pasó por la “noche oscura”.

Su noche oscura

Anne tenía 7 años cuando comenzó a ser tratada en el hospital de Timone, en Marsella. En esta lucha no todo fue una aceptación total sino que el dolor provocado por este cáncer le hizo a la pequeña cuestionarse todo. El duro tratamiento que recibió al inicio de la enfermedad hizo que Anne empezara a tener dudas de fe. Llegó a afirmar: Necesito que alguien me diga que Dios es realmente bueno. Y en otra ocasión dijo: Cuando veo que tan pocas personas creen en Dios, me pregunto si realmente existe. Y, sobre su situación particular, Anne Gabrielle se preguntaba una y otra vez: ¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esto? Pero rápidamente volvía a abrazarse a su querido Jesús. Finalmente, el sacerdote que la acompañó en todo este proceso le hizo entender que no había respuesta para esta pregunta, pero que sí podía dar sentido a sus sufrimientos ofreciéndolos por distintas intenciones, y unirse a los sufrimientos de Cristo en su Pasión. Y ella aceptó. Esta respuesta marcó profundamente a la pequeña Anne que lo integró muy rápido en su día a día. Para este sacerdote, ella inició su propio camino de santidad.

Aceptación del dolor

En marzo de 2009 Anne Gabrielle comenzó su primera quimioterapia, la cual tuvo que enfrentar sola porque su madre estaba dando a luz a su tercer hijo, una niña a la que llamaron Alix. Los tratamientos, el avance y el retroceso de la enfermedad fueron marcando sus días en el que Jesús era el centro. Su fe y discernimiento no parecían propios de su edad. Ante los efectos adversos de la quimioterapia -úlceras bucales, náuseas, vómitos, pérdida del cabello, etc.-, Anne-Gabrielle recurrió a Cristo y a la Virgen María. Este sufrimiento sería más tarde el que marcaría el resto de su vida.

¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esta prueba?, se preguntaba la pequeña cuando el dolor arreciaba. Pero rápidamente ella decía: Estoy dispuesta a aceptarlo. Su sensibilidad por el sufrimiento de los demás hizo que ofreciera todo aquel sufrimiento de la quimioterapia que la consumía por el resto de niños del hospital y por los médico.

El 30 de abril de 2009 la resonancia magnética reveló una remisión, y la niña creía estar definitivamente curada; pero los médicos ya habían advertido a sus padres que el alivio sería sólo temporal.

Su amor por la Eucaristía

Anne Gabrielle recibió el sacramento de la Confirmación en mayo de 2009. Pero si algo marcó la parte final de la vida de Anne Gabrielle Caron fue su enorme deseo por la Eucaristía, marcado además por su Primera Comunión, un auténtico acontecimiento dadas las circunstancias. El anhelo por recibir a Jesús Sacramentado irradió luz a todo su entorno y mucho más allá.

Durante meses, ya enferma, la pequeña se preparó para recibir a Jesús. En marzo de 2009 le decía a su madre: Me gustaría hacer mi primera comunión para poder hacer aún más sacrificios. Unas semanas después ya sólo hablaba de su comunión, y no por la fiesta o los regalos. En mayo decía a su madre: Quiero recibir a Jesús. Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón, no puedo esperar. Su madre luego le preguntó si estaba así por llevar un vestido blanco y una bonita corona de flores. Pero Anne Gabrielle respondió: Oh mamá, por supuesto que me hará feliz. Pero lo que realmente me gusta es que voy a recibir a Jesús. Sin embargo, también aquí vivió una dura prueba.

La prueba de su Primera Comunión

Su Primera Comunión estaba prevista para el día 7 de junio de 2009, pero tres días antes su estado de salud empeoró por la enfermedad. Tuvo que ser hospitalizada de urgencia por un problema cardíaco. Ella no entendía los planes de Dios. Sabía que no saldría de allí para poder hacer su Primera Comunión. ¿Por qué, por qué el buen Señor permite esto? Le había pedido a la Virgen que no volviera al hospital. ¿Por qué? ¡Tenía tantas ganas de hacer mi primera comunión!”, decía entre lágrimas. Una cosa pidió a su madre, que rezara a la Virgen para que le diera a tiempo a salir del hospital para hacer su comunión. Ella estaba hospitalizada en Marsella. Con todo el que se cruzaba le pedían que rezara por esta intención.

Finalmente, como si fuera un milagro todas las pruebas médicas se fueron realizando rápidamente y su propio estado de salud fue mejorando. El domingo por la mañana le dieron el alta, pero era casi imposible llegar a la iglesia de Toulon. Cuando llegaron a la autopista eran las 11 de la mañana y la misa ya había comenzado. Su padre condujo lo más rápido que pudo y juntos rezaron a la Santísima Virgen para que los ayudase a llegar a tiempo. A medida que avanzaban, también recitaron las oraciones para prepararse para la comunión. Creían que llegarían, esperando contra toda esperanza.

Pero al llegar a Toulon quedaron atrapados en un atasco. Su padre empezó a mentalizar a Anne de que no podría hacer la primera comunión. Pero aún así lo intentó dirigiéndose a toda prisa con su familia al templo de Toulon y 20 minutos más tarde llegaron a la iglesia. La misa acababa de terminar y los niños ya habían comulgado y estaban preparados para hacer la procesión de salida. Anne Gabrielle entró llorando a la iglesia con su vestido blanco. De pronto, el coro dejó de cantar y al verla llorando y con su vestido blanco, el sacerdote, que conocía la situación de Anne Gabrielle, decidió que era el día de que recibiera por primera vez a Jesús-Eucaristía. Cuando recibió la Hostia Santa se hizo un gran silencio en toda la iglesia parroquial. Así que ella comulgó una vez acabada la misa y oró con tal intensidad que todos los presentes quedaron fascinados por la meditación de esta pequeña niña y conmovidos por este encuentro entre Dios y esta alma que tanto le amaba.

Anne Gabrielle escribió el día de su comunión sobre ese gran acontecimiento: Estoy feliz porque puedo decir: estoy cerca de Ti, mi Dios. Se había cumplido el gran deseo de su vida. Y el presbítero diría después: Nunca he visto a nadie como ella. Para mi corazón sacerdotal, éste sigue iendo un momento muy conmovedor.

Al encuentro con Cristo

En enero de 2010 la enfermedad regresó, y hubo que ir de nuevo al hospital de Timone, donde Anne Gabrielle permaneció internada. Le reveló a su madre que tenía miedo de morir. Hacia finales de febrero el dolor ya le dificultaba levantarse de la cama. En la noche del 7 al 8 de julio de 2010, Anne Gabrielle se despertó con un tremendo dolor de cabeza. Sufría espasmos y a veces gritaba. La tuvieron que tratar con morfina. Sus padres la sacaron del hospital para que pudiera morir en casa. Ella a veces hablaba en voz alta con el Señor y le decía: Jesús, Jesús, me duele en todas partes. En las últimas semanas vivió su propia Pasión. Una vez que su salud empeoró y la muerte se aproximaba hasta el propio obispo de la diócesis acudió a su casa a dar la comunión a la pequeña.

Anne Gabrielle entró en agonía el 23 de julio; se asfixiaba. Pero, contra todo pronóstico, tuvo una leve mejoría que le permitió recibir el Viático. Después de treinta horas de agonía, entregó santamente su alma a Dios, la noche del viernes 23 de julio de 2010. Ella tenía 8 años.

Fama de santidad

Ver a Anne Gabrielle fue ver a Dios, diría durante el funeral el sacerdote. Desde entonces son numerosas las gracias en todo el mundo las que ha recibido la familia y los sacerdotes que llevan la causa. Su testimonio ha recorrido el mundo y su ejemplo ha ayudado a numerosas familias a las que ha golpeado la enfermedad, tanto a los propios niños como a sus padres.

Años después de su muerte su madre lo ve claro: Todo es gracia. Ella enseñó a su familia y a su entorno a vivir el presente, “el día de Dios” y a ser feliz aun con las cosas más sencillas.

El testimonio de su madre

Mi hija me mostró el camino al cielo, afirmó Marie-Dauphine Caron, explicando que la pérdida de un hijo es terrible, ver el sufrimiento de un niño es también terrible porque te sientes impotente. Pero a pesar de ello, tenía claro que su sufrimiento se ha convertido en una obra de amor en medio de un mundo hedonista.

Marie-Dauphine ha relatado numerosos momentos durante la enfermedad de su hija que atisbaban esta fama de santidad que se ha extendido una vez fallecida. Aunque no me gusta estar enferma tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle a la gente de nuevo a Él. Quiero ayudar a los que sufren, decía Anne. De hecho, cinco meses antes morir confesó una cosa a su madre que la dejó completamente estupefacta. Un domingo me dijo:“Le he pedido a Dios que me dé todos los sufrimientos de los niños del hospital”. Y Dios se los dio porque en ocasiones decía: Y estoy sufriendo tanto…, le dijo su hija.

Otra confesión que hizo Anne emocionó profundamente a su madre: Sabes mamá, creo de vez en cuando que cuando esté muerta no va a ser difícil para mí portarme bien. No será difícil ser agradable con la gente, pensar en los demás, obedecer y pintar con los hermanos.

Palabras de Anne Gabrielle Caron

.- No es difícil ser amable, pensar en los demás, obedecer y no molestar a tus hermanos y hermanas.

.- Quiero recibir a Jesús. ¿Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón? ¡No puedo esperar!

.- Aunque no me gusta estar enferma, tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle la gente de nuevo hacia Él. Quiero ayudar a los que sufren.

.- ¿Sabes, mamá?, le dije a la Santísima Virgen que si no quería sanarme, no importa.

.- Mi más gran sueño sería que sane. Adiós jeringas y medicinas, adiós piquetes y quimios. Si eso fuera a suceder, realmente seré muy feliz. Pero, después todo, estoy muy feliz así.

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